El Huesca pierde con un fútbol de ganador

Algunas derrotas tienen su punto de belleza, y en esta frente al Real Madrid que aleja a la SD Huesca de la permanencia esa guapura no hay que buscarla, obviamente, en el marcador final sino el buen fútbol del conjunto oscense que, aun herido a última hora, se aproxima más a la fe que descorchó en su llegada Pacheta y que no deja de servir en copa bien llena a todo aquel que le escucha. La lucha entre el colista y el segundo clasificado la decidió Varane con un doblete. Tuvo que acudir el central, cuya relación con el gol no es habitual, para remontar para el equipo de Zidane, quien dominó, creo ocasiones y por momentos abrumó por velocidad a su rival. Sin embargo, dentro de ese encuentro que suele disputar el Madrid por su cuenta, hubo otro distinto, el que propuso el Huesca desde que su nuevo técnico se sienta en el banquillo. Partiendo de la defensa de cinco, los azulgrana van creciendo ofensivamente en sus laterales, con un soberbio Javi Galán, y en el despertar de Rafa Mir. Hay más asuntos importantes. Por ejemplo que futbolistas como Doumbia, Gastón Silva y sobre todo Seoane, que dormían el sueño de los justos con Míchel, parece que lleven toda la vida en una titularidad que ahora saborean con colmillo muy largo.

La victoria en Valladolid marcó el camino. La muralla levantada contra el Villarreal se flexibilizó y produjo una señora goleada en Pucela. El Madrid es mucho Madrid con o sin Sergio Ramos, con o sin Carvajal. Kros, Modric, Marco Asensio, Benzema, Vinicius se sirven solos o en sociedades para generar un tsuami… Pero el Huesca ha descubierto sus poderes, entre ellos partir de la prudencia para desplegarse con descaro. Así se puso por delante, con Okazaki amagando para el desmarque de Mir en una contra iniciada desde atrás por Mikel Rico, y cambiando toda la orientación para Galán, que atacó el espacio libre con un bazoka. Su zurdazo se introdujo por la escuadra de Courtois. Magníficas elaboración, transición, elección y finalización. Fútbol de salón justo después de que un toque sutil de Rico besara el larguero.

Nada más reanudarse la segunda parte, el Huesca arrancó desatado, estirándose por los costados con un Galán esplendoroso, secundado por un Seoane finísimo. Tras el tanto, desde la izquierda partieron dos centros tensos, perfectos para Rafa Mir, que halló el travesaño en el primero y una mano de hierro de Courtois en el segundo para despejar un frentazo brutal. El Madrid, que había empatado entretanto al aprovechar un rechace de la madera a tiro de Benzema al que los tres centrales acudieron perezosos, volvió a coger oxígeno y el mando. El acoso tuvo la respuesta de un omnipresente Álvaro Fernández para desesperación de Benzema, quien examinó al guardameta de todas las suertes posibles. Un balón colgado al área, un fantasma antiguo que se presentó en el peor momento, fue atacado por Casemiro y después por Varane para empujar la pelota dentro. Cayó el Huesca, pero no como era de esperar: lo hizo con ambición, personalidad y sin el más mínimo complejo ante un rival que da brillo a una derrota que pone las cosas mucho más difíciles, pero no imposibles si el equipo de Pacheta gana o puntúa contra el Sevilla en el Sánchez Pizjuán y vence al Granada de vuelta a casa. Los puntos establecen la todavía enorme distancia con ese milagro que se persigue ahora con la doble F: fútbol y fe.

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