{"id":1425,"date":"2021-05-16T06:53:38","date_gmt":"2021-05-16T06:53:38","guid":{"rendered":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/?p=1425"},"modified":"2021-05-16T07:09:46","modified_gmt":"2021-05-16T07:09:46","slug":"loco-por-tu-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/loco-por-tu-amor\/","title":{"rendered":"Loco por tu amor"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><strong>Zapater, entrando al campo para festejar el gol de Sanabria cuando hab\u00eda sido sustituido por el uruguayo, protagoniza otra de sus celebraciones henchidas de zaragocismo sin edad ni condici\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En un mundo que gira a la velocidad de lo virtual, de lo desechable, de universos pixelados por las urgencias, ver a un futbolista celebrar los goles o las victorias de su equipo como lo hace Alberto Zapater desemboca en el coraz\u00f3n de las emociones para toda la vida, de las que nacen en el manantial del m\u00e1s sincero de los sentimientos. Hab\u00eda sido sustituido por Sanabria en el minuto 80, y el uruguayo, en su primer acci\u00f3n, marcaba el 0-2 con un espl\u00e9ndido remate en plancha. Las c\u00e1maras enfocaban al chico fuera de s\u00ed y de repente, por el fondo aparece un tipo chiflado que entra al campo para fundirse con \u00e9l, con todos los que acud\u00edan a felicitarle. El capit\u00e1n hab\u00eda salido por el otro costado para no perder tiempo y se dirig\u00eda al banquillo muy pendiente del juego. El tanto de su compa\u00f1ero le encendi\u00f3 e incendi\u00f3 el motor de la locura, de la felicidad, del zaragocismo que enarbola sin edad ni condici\u00f3n.<\/p>\n<p>Hasta que fue detectado por los radares, ese sat\u00e9lite de rojo tomate que entraba en la \u00f3rbita del gol de Sanabria, en el encuadre del regocijo y el \u00e9xtasis por su significado salvador, podr\u00eda haber sido un recogepelotas o un aficionado local salt\u00e1ndose todos los sistemas de seguridad. Pero el encuentro se disputaba en Las Palmas, a miles de kil\u00f3metros de La Romareda, luego no pod\u00eda ser otro que Zapater, el ni\u00f1o, el hombre, el recogepelotas, el aficionado, ese jugador henchido de zaragocismo cierto hasta la m\u00e9dula, de la cabeza a los pies sin peaje. Sin edad ni condici\u00f3n. Llevaba la bandera, el escudo, el himno de todas las generaciones, consciente en su maravillosa demencia expresiva de lo trascendental de ese triunfo, de la importancia de su aportaci\u00f3n en el momento m\u00e1s delicado del curso.<\/p>\n<p>Con ese nuevo gesto que ya ha repetido en otras ocasiones colg\u00e1ndose de Cristian padre o arrodill\u00e1ndose devoto de la catarsis tras dar una asistencia a Narv\u00e1ez, Alberto Zapater es el mejor representante de los valores de este club, del f\u00fatbol en general como elemento de pertenencia incondicional. Ahora que el amor por los colores, v\u00edctima del daltonismo de los egos y el nomadismo, apenas se expresa con intensidad, su rugido en el jubileo despierta la pasi\u00f3n por el Real Zaragoza mucho m\u00e1s all\u00e1 de las tinieblas, en ese lugar donde uno es de un equipo sin saberlo explicar. Sin que tenga m\u00e1s explicaci\u00f3n. Si la fe de JIM mueve monta\u00f1as, la de Zapater transporta cordilleras de continentes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Zapater, entrando al campo para festejar el gol de Sanabria cuando hab\u00eda sido sustituido por el uruguayo, protagoniza otra de sus celebraciones henchidas de zaragocismo sin edad ni condici\u00f3n En un mundo que gira a la velocidad de lo virtual, de lo desechable, de universos pixelados por las urgencias, ver <a class=\"read-more\" href=\"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/loco-por-tu-amor\/\">Sigue leyendo<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":1426,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1425"}],"collection":[{"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1425"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1425\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1429,"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1425\/revisions\/1429"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1426"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1425"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1425"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1425"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}