{"id":21143,"date":"2025-12-10T12:54:17","date_gmt":"2025-12-10T12:54:17","guid":{"rendered":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/?p=21143"},"modified":"2025-12-10T12:54:17","modified_gmt":"2025-12-10T12:54:17","slug":"nosotros-somos-los-otros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/nosotros-somos-los-otros\/","title":{"rendered":"Nosotros somos los otros"},"content":{"rendered":"<p>Nos pasamos la vida forjando la personalidad, y terminamos sin encontrarnos nosotros mismos. La identidad no se tiene, se construye. Por eso no tiene sentido buscar el sentido de la vida, porque la vida es el sentido. Nos obligamos a seguir a otros, los idealizamos y se nos caen los mitos que nunca fueron. Adoramos artistas musicales, l\u00edderes sociales, y futbolistas m\u00e1gicos. Los convertimos en estrellas y nos estampamos con la cruda realidad. En todo, pero especialmente en el deporte, recomendamos tener referentes, pero nunca \u00eddolos. La idolatr\u00eda es ciega, porque no se cuestiona lo absoluto. En cambio, una persona que sea referente funciona como una br\u00fajula. Te indica hacia d\u00f3nde debemos ir. Pero el Norte nunca est\u00e1 en las saetas magnetizadas. Las frustraciones est\u00e1n repletas de ilusiones con las que hemos adornado lo que nos gusta. La confusi\u00f3n cobra toda su plenitud cuando no sabemos distinguir las guirnaldas que hemos puesto a una persona, una idea o una religi\u00f3n, del esqueleto raqu\u00edtico que siempre estuvo ah\u00ed.<\/p>\n<p>Los equipos de f\u00fatbol se debaten entre tener su identidad, la que imitan y la que los dem\u00e1s les adjudican. El exceso de pretensiones acaba por hacer mella en quienes las perciben, porque llegan a creerse que son aut\u00e9nticas. Pero la solidez de un grupo se basa en el equilibrio entre lo que suman, los objetivos que buscan y las herramientas con las que se desenvuelven. Si todo esto est\u00e1 ajustado, decimos que un equipo tiene identidad. No la del entrenador ni la de la afici\u00f3n. La suya. La habilidad de un m\u00edster consiste en lograr que un grupo construya su propia din\u00e1mica. Al final, se trata de trabajar con un colectivo como si fuera un \u00fanico individuo. Unos jugadores hacen de brazos, otros de piernas, otros de cabeza y otros de pulmones. Con un buen coraz\u00f3n y buenas ideas. Un equipo ser\u00e1 una buena persona colectiva, completa y complementaria en sus integrantes para lograr objetivos.<\/p>\n<p>El Real Zaragoza de hoy es el mismo del inicio de temporada. Pero sus componentes no son iguales. Suelo comentar en mis charlas con equipos de f\u00fatbol base que el objetivo del rendimiento competitivo se basa en tres \u201cco\u201d. Colaboraci\u00f3n, compromiso y concentraci\u00f3n. Comenzamos a ver en el conjunto del Le\u00f3n, aspectos de estos tres elementos centrales. En los primeros partidos reinaba el descontrol de la desconcentraci\u00f3n. La colaboraci\u00f3n era inexistente. Y el compromiso, en el mejor de los casos, era individual. La mezcla perfecta del fracaso deportivo (aunque ser\u00eda extensivo al \u00e1mbito laboral, social o familiar). Los cambios de personas o responsabilidades son complicados en el mundo del f\u00fatbol para encontrar nuevas soluciones. Los vestuarios son ollas de presi\u00f3n, en las que las miradas de los celos y el rencor salen al c\u00e9sped con af\u00e1n homicida. Un buen m\u00edster debe ser un alquimista de emociones y un artista de fogones futbol\u00edsticos. Si la experiencia no es mucha, las recetas pasan por reducir el trabajo enfoc\u00e1ndolo a un m\u00ednimo com\u00fan m\u00faltiplo que sume. Las urgencias reducen la botica del hechicero y la angustia obliga a exprimir las aspirinas como si fueran antibi\u00f3tico. El caso es que funcione.<\/p>\n<p>El partido frente al M\u00e1laga nos confirm\u00f3 que el Real Zaragoza somos los otros. Es decir, el equipo ha aprendido a responder de la misma forma que lo hac\u00edan sus rivales cuando lo derret\u00edan con la mirada. Los jugadores locales comenzaron con una buena actitud y terminaron encerrados en la segunda parte hasta que consiguieron recibir un gol. Ese pensamiento que expresaban en sus miradas de pavor los aficionados malacitanos, ya lo hemos vivido en nuestra casa, desde agosto. A\u00fan seguimos pagando las facturas de tanto p\u00e1nico atesorado. El resultado fue justo porque el f\u00fatbol no tiene por qu\u00e9 serlo. Pero a veces la excusa que justifica el respiro tiene algo de certeza, aunque sea a posteriori. El gol que debi\u00f3 haber metido Dani G\u00f3mez, si hubiera dado un paso m\u00e1s en su duelo con el meta local para quedarse a solas con la porter\u00eda, se equilibr\u00f3 con el penalti que debi\u00f3 haber fallado en un lanzamiento tan inseguro como eficaz. Los mismos dedos seguros de Herrero, de cerca, fueron blandos de lejos. Cosas del f\u00fatbol.<\/p>\n<p>Sell\u00e9s explic\u00f3 en rueda de prensa que las situaciones son eso, situaciones. Es decir, la disposici\u00f3n de una cosa respecto del lugar que ocupa. El lenguaje del f\u00fatbol es el \u00fanico idioma en el que sin decir nada se entiende todo. Los dem\u00e1s hablamos o escribimos de todo y no se nos entiende nada. Paradojas que s\u00f3lo comprendemos los muy futboleros. El m\u00edster zaragocista sigue hablando sin gesticular. Ya ni siquiera mueve los labios. No sabemos si Rub\u00e9n est\u00e1 en manos de un ventr\u00edlocuo que le domina tras los escenarios de las ruedas de prensa. Lo que est\u00e1 claro es que no hay int\u00e9rprete de gestos que sea capaz de leer los labios de su gesto. Respir\u00f3 con sus ojos al terminar el encuentro. Y solt\u00f3 un resoplido junto a Andrada que no se gan\u00f3 el Oscar por su interpretaci\u00f3n en tierras andaluzas. Bakis se solidariz\u00f3 con \u00e9l. El turco marc\u00f3 un gol sin querer, y le han expulsado sin jugar. Pasi\u00f3n de cama turca. Los dos quedaron para ver el pr\u00f3ximo encuentro frente al C\u00e1diz, en la noche del pr\u00f3ximo s\u00e1bado.<\/p>\n<p>El Real Zaragoza descubri\u00f3 en la segunda parte de su encuentro en M\u00e1laga que pod\u00eda ser el de antes, como si fuera el de siempre. El partido roto, de ida y vuelta, que vimos en los \u00faltimos 55 minutos, permiti\u00f3 a los nuestros que la velocidad les recordara que compet\u00edan y pod\u00edan embotellar al rival. La lentitud de todos los primeros partidos de liga era la pareja mortal del equipo. Una vez que el conjunto ma\u00f1o se ha divorciado del ralent\u00ed de su f\u00fatbol, las revoluciones impulsan las botas, y con ellas las ganas. No es una cuesti\u00f3n de fe, sino de convicci\u00f3n. Que no es lo mismo. La fe es inexplicable, porque es ininteligible. La convicci\u00f3n se deduce de la capacidad que convierte en razonable una respuesta propia, sea individual o colectiva.<\/p>\n<p>Estamos en fase de estabilizaci\u00f3n. En donde es m\u00e1s importante mantener el tono que ir compensando derrotas y victorias con normalidad. La revitalizaci\u00f3n del equipo es posible, porque as\u00ed lo perciben sus integrantes y los aficionados. Pero sobre todo, porque somos otros, los otros. Adem\u00e1s, si ganamos, prefiero que los m\u00edos sean otros. Y los otros jueguen como jug\u00e1bamos antes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nos pasamos la vida forjando la personalidad, y terminamos sin encontrarnos nosotros mismos. 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