{"id":23757,"date":"2026-10-06T08:39:41","date_gmt":"2026-10-06T08:39:41","guid":{"rendered":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/?p=23757"},"modified":"2026-10-06T08:40:54","modified_gmt":"2026-10-06T08:40:54","slug":"septihambre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/septihambre\/","title":{"rendered":"&#8216;Septihambre&#8217;"},"content":{"rendered":"<p>Las plantillas se construyen y los equipos se ensamblan. Los individuos se agrupan y los colectivos se organizan. Los conjuntos se adaptan y los objetivos se adoptan. Son comportamientos que analizamos desde la psicolog\u00eda de las organizaciones y que aplicamos en la psicolog\u00eda deportiva en las disciplinas competitivas que unen a varios jugadores y suman a diferentes personas en torno a una meta.<\/p>\n<p>Comenzamos la temporada con un tropez\u00f3n de aperitivo, pero llegamos al oto\u00f1o como l\u00edderes de la categor\u00eda. El equipo ven\u00eda fam\u00e9lico de sus recuerdos, aunque ha recuperado el hambre para olvidar la hambruna del pasado. El hambre tiene mala prensa cuando hay nevera y magn\u00edfica reputaci\u00f3n cuando hay vestuario. Nadie quiere un delantero saciado, un centrocampista inapetente ni un defensa que haya decidido empezar la digesti\u00f3n antes del minuto noventa. En el f\u00fatbol, tener hambre no consiste en correr detr\u00e1s de un bocadillo, sino en sentir que todav\u00eda falta algo. La motivaci\u00f3n nace de esa distancia entre lo que tenemos y lo que deseamos. Cuando una necesidad adquiere suficiente importancia, nuestro cerebro afina la atenci\u00f3n, selecciona objetivos y moviliza recursos para alcanzarlos. De repente, un bal\u00f3n dividido deja de estar indeciso, una segunda jugada merece una tercera carrera y el minuto noventa deja de ser la hora de recoger para convertirse en una posibilidad. En psicolog\u00eda deportiva, cuando una necesidad se percibe como urgente, aumenta la activaci\u00f3n, focaliza la atenci\u00f3n y hace que determinados est\u00edmulos \u2014un bal\u00f3n dividido, una segunda jugada, un gol en contra\u2014 adquieran mucho m\u00e1s valor. El peligro llega cuando el hambre se convierte en saciedad: empezar a pensar que ganar es lo normal.<\/p>\n<p>El hambre surgi\u00f3 con paciencia en el encuentro frente al Antequera. Todav\u00eda era hambre de supervivencia. Aquello no era MasterChef, sino supervivientes. En Torremolinos descubrimos que el Zaragoza ten\u00eda hambre, pero tambi\u00e9n que todav\u00eda no sab\u00eda levantarse de la mesa. Con 1-4 pidi\u00f3 la cuenta y casi acaba fregando los platos. Vino el Cartagena y aprendimos que los goles, como el jam\u00f3n bueno, tampoco hace falta cortarlos demasiado gruesos. En Ibiza, Ure\u00f1a sali\u00f3 del banquillo con tanta hambre que en cuatro minutos se comi\u00f3 la isla sin necesidad de reservar mesa. Frente al Teruel comenzamos perdiendo. Pero Sergio Moreno despert\u00f3 el rugido de tripas caseras tras eructar, sin educaci\u00f3n, antes de levantarse de la mesa. Consigui\u00f3 que se les cortara la digesti\u00f3n a los turolenses.<\/p>\n<p>Durante demasiado tiempo el Zaragoza jug\u00f3 con miedo a perder. El temor y las ganas de comer se parecen porque ambos producen nervios, pero empujan en direcciones distintas. El miedo invita a proteger lo que tenemos; el hambre obliga a salir a buscar lo que falta. Uno mira hacia atr\u00e1s. El otro huele la porter\u00eda. Quiz\u00e1 ah\u00ed est\u00e9 uno de los cambios de este septiembre que dejamos atr\u00e1s. El equipo no parece esperar que ocurra algo malo para reaccionar, sino que empieza a comportarse para que suceda algo bueno. Y esa diferencia, que no aparece en las estad\u00edsticas, se nota en las disputas del medio campo. La intensidad se impone a la paciencia para ganar calidad y capacidad ofensiva. Algo que ha puesto de manifiesto la ausencia de Ander Herrera. Hoy por hoy, Ademo y Terrer son el est\u00f3mago del Real Zaragoza. El cerebro est\u00e1 m\u00e1s cerca de Jaume Jard\u00ed, aunque el pensamiento venga de la cabeza de Ibai. Los pulmones y el sentido de la oportunidad acompa\u00f1an a Ure\u00f1a, Pereira y Sangalli que se sostienen en la musculatura de Rubo y Diego en la defensa. Hace un mes el Zaragoza necesitaba ganar para empezar a creer; ahora empieza a creer antes de ganar.<\/p>\n<p>Las \u00faltimas cinco victorias tienen un efecto curioso: dan de comer y, durante un tiempo, abren todav\u00eda m\u00e1s el apetito. Lo m\u00e1s importante es que el Zaragoza no solo ha ganado cinco veces; ha aprendido cinco maneras distintas de ganar. Cada triunfo confirma que el esfuerzo merece la pena. Se corre, se gana; se gana, se cree; se cree y se vuelve a correr. Es el c\u00edrculo virtuoso de la confianza, justo el reverso de aquellas \u00e9pocas en las que se fallaba, se dudaba y se volv\u00eda a errar. El peligro podr\u00eda llegar si confundimos confianza con saciedad. Porque el futbolista hambriento quiere el siguiente bal\u00f3n; el satisfecho empieza a mirar el marcador. Y seguramente la diferencia entre competir por algo importante y volver a las viejas costumbres est\u00e9 precisamente ah\u00ed: en seguir teniendo apetito cuando ya se ha empezado a comer. La clasificaci\u00f3n es un restaurante peligroso porque si miramos demasiado el men\u00fa nos olvidamos de seguir cocinando.<\/p>\n<p>Nuestro cerebro no valora tanto d\u00f3nde estamos como la diferencia respecto a donde cre\u00edamos que \u00edbamos a estar. Es lo que llamamos en psicolog\u00eda \u201cpunto de referencia\u201d. Despu\u00e9s del descenso, el Zaragoza estaba psicol\u00f3gicamente en el s\u00f3tano; cinco victorias han cambiado el punto de referencia. La desgracia ya no ser\u00eda estar en Primera Federaci\u00f3n, sino dejar de ser l\u00edder. Quiz\u00e1 el mayor peligro de estas victorias consecutivas no sea que el Zaragoza se crea demasiado bueno. Es que nosotros volvamos a creernos demasiado pronto que ser felices es lo normal. El mejor s\u00edntoma del Zaragoza no es que haya aprendido a ganar. Es que el domingo empez\u00f3 perdiendo y pareci\u00f3 haber olvidado c\u00f3mo se perd\u00eda. Porque septiembre ha sido <em>septihambre<\/em>. Y ahora el Zaragoza tiene que demostrar que todav\u00eda no ha llegado el postre.<\/p>\n<p>Los pr\u00f3ximos encuentros describen la escena temporal de una evoluci\u00f3n. Si septiembre ha sido el mes del hambre de los ma\u00f1os, octubre puede ser la recuperaci\u00f3n de la confianza. En noviembre, ser\u00e1 la hora de comprobar si esa confianza es verdadera o euforia. Con eso, debemos llegar a diciembre para fortalecer la cohesi\u00f3n. Comenzar el nuevo a\u00f1o renovando metas y, a partir de febrero, ir aumentando progresivamente la presi\u00f3n psicol\u00f3gica conforme el ascenso deje de ser una esperanza y se convierta en obligaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora afrontamos tres salidas consecutivas. Nadalia Chueca nos expuls\u00f3 de nuestro campo porque daba prioridad a un misterioso espect\u00e1culo de drones en plenas fiestas del Pilar. Se pidi\u00f3 la alteraci\u00f3n del calendario a la Federaci\u00f3n que accedi\u00f3 al cambio. Posteriormente se cancel\u00f3 dicha actuaci\u00f3n y han utilizado de excusa una petici\u00f3n de cambio de c\u00e9sped. No cuela. Eso s\u00ed, el domingo las alcaldesas de Teruel y Zaragoza se dejaron ver (y entrevistar para su televisi\u00f3n) por el estadio modular. Parece que ahora los dirigentes del PP ya no tienen miedo a los silbidos de los que huy\u00f3 la temporada pasada cuando el equipo descendi\u00f3 de la mano de sus amigos, Forc\u00e9n y Azc\u00f3n, y nadie del gobierno quer\u00eda aparecer por all\u00ed. En fin, que nuestro Real Zaragoza se va ahora tres semanas de viaje porque Harry Potter iba a llenar de drones el estadio modular. Los drones desaparecieron por arte de magia, pero el calendario, que tiene menos poderes que Hogwarts, se qued\u00f3 como estaba. Si nos tomamos estos viajes como una experiencia gastron\u00f3mica, podremos disfrutar de un gran pa\u00eds para com\u00e9rselo y de unos estadios para golear y ganar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las plantillas se construyen y los equipos se ensamblan. Los individuos se agrupan y los colectivos se organizan. Los conjuntos se adaptan y los objetivos se adoptan. 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