{"id":684,"date":"2021-03-22T23:27:25","date_gmt":"2021-03-22T23:27:25","guid":{"rendered":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/?p=684"},"modified":"2021-03-22T23:27:25","modified_gmt":"2021-03-22T23:27:25","slug":"asterix-vence-al-imperial-mirandes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/principesdeparis.es\/principes\/asterix-vence-al-imperial-mirandes\/","title":{"rendered":"Ast\u00e9rix vence al imperial Mirand\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p>Tuvo el Real Zaragoza ocasiones para haber logrado una victoria m\u00e1s holgada, al margen del penalti fallado por Alegr\u00eda que le hubiera dado paz espiritual en un partido infame para el espectador, pero el encuentro iba por otro lado, el de las rarezas m\u00faltiples. <strong>Zapater, Eguaras, Chavarr\u00eda, Sanabria, Francho, Bermejo&#8230;<\/strong> De los delanteros ni hablar. Todos, menos sus punta de lanza, estuvieron cerca de marcar frente a un <strong>Lizoain<\/strong> que fue el h\u00e9roe menor de su equipo, de un Mirand\u00e9s abrumador en el gobierno, muy lindo por todo el estadio menos en el \u00e1rea de Cristian, donde apenas lleg\u00f3 para saludar al portero. Los burgaleses realizaron un ejercicio impresionante de posesi\u00f3n (70%) y de estilismo frente a un rival que perdi\u00f3 de vista el bal\u00f3n del primer al \u00faltimo minuto, que vivi\u00f3 y sobrevivi\u00f3 casi en exclusiva de sus centrales<strong>. Peybernes<\/strong> adelant\u00f3 al conjunto de <strong>Juan Ignacio Mart\u00ednez<\/strong> muy pronto, a bal\u00f3n parado, de c\u00f3rner de Bermejo, entrando muy decidido con el ombligo por delante, con la ilusi\u00f3n de debutante juvenil. Luego se uni\u00f3 a <strong>Jair, colosal destructor<\/strong> y l\u00edder omn\u00edmodo de una defensa que con sus angustias y problemas se rebel\u00f3 contra el invasor. Porque el Mirand\u00e9s fue eso, un ej\u00e9rcito de animosos tenientes reci\u00e9n licenciados con m\u00e1s calidad que experiencia que tom\u00f3 La Romareda sin apenas resistencia, pero que a la batalla definitiva acudi\u00f3 con una pistola de fogueo frente a un Zaragoza m\u00e1s curtido para lo que solicitaba la ocasi\u00f3n, que era ganar por lo civil o lo criminal. Vencer como sea no es un buen argumento, y en realidad esos tres puntos que permiten al equipo de JIM alejarse del muro del descenso los conquist\u00f3 el mejor, no el m\u00e1s elegante. El f\u00fatbol, de una forma u otra, premia a quien lo honra sea con hermosos tesoros o, como fue el caso, el sacrificio sobre un altar r\u00fastico pero muy efectivo. El triunfo lleva a la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para encontrar a un jugador destacado en el Real Zaragoza, casi ni con lupa. Jair sin duda y, muy cerca de su poblado inaccesible, Zapater. El capit\u00e1n, pese, a que record\u00f3 esta semana que le dicen que no se va sin aceite, interpreta como nadie a un<strong> Ast\u00e9rix oto\u00f1al<\/strong>, a un salvaje defensor de la patria zaragocista por encima de su salud. Su rostro al retirarse en la segunda parte era el del solitario ciclista que sella la escapada con la mirada ausente de gloria y culminada de agotamientos, pero con un \u00faltimo aliento para<strong> Francho<\/strong> cuando le tom\u00f3 el relevo. Zapater se present\u00f3 dos veces en el \u00e1rea del Mirand\u00e9s con intenciones amenazantes, pele\u00f3 entre el bosque de faunos que jugaban con burla a pasarse el bal\u00f3n y le dieron en el cuerpo tres pelotazos, en esa armadura que arrastra con dignidad<strong> pese a que el aceite hirviendo le queme los pulmones de aragon\u00e9s en las trincheras<\/strong> de una carrera agonizante y merecedora de alg\u00fan verso hom\u00e9rico. Sin embargo,<strong> de este partido nada pasar\u00e1 a la historia<\/strong>, si acaso <strong>el resultado<\/strong> por lo que pueda tener de trascendente para la <strong>salvaci\u00f3n que a\u00fan se persigue<\/strong>.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n principal era desafiar la lluvia de flechas del Mirand\u00e9s, respirar bajo las heridas e impedir que el enemigo tomara el marcador. <strong>Robar y correr en una guerra de guerrillas<\/strong> que el equipo de Jos\u00e9 Alberto no supo c\u00f3mo contrarrestar. Se present\u00f3 a las puertas de la victoria y llam\u00f3 con aldaba de pl\u00e1stico. Le sali\u00f3 a recibir Jair con espada de sangre, y a su lado un Real Zaragoza con piedras de s\u00edlex y alg\u00fan que otro utensilio punzante como los contragolpes. <strong>Peybernes de Toulouse, Jair de Lisboa<\/strong> y <strong>Zapater de Ejea de los Caballeros&#8230;<\/strong> El Imperial Mirand\u00e9s perdi\u00f3 el \u00e1guila frente a a la fuerza sobrehumana de Ast\u00e9rix, que en el caso del Real Zaragoza fue la convicci\u00f3n, una p\u00f3cima m\u00e1gica cuando juegas a diario con los peligros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tuvo el Real Zaragoza ocasiones para haber logrado una victoria m\u00e1s holgada, al margen del penalti fallado por Alegr\u00eda que le hubiera dado paz espiritual en un partido infame para el espectador, pero el encuentro iba por otro lado, el de las rarezas m\u00faltiples. 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