Un gol de Kodro, la buena administración de las fuerzas y de los momentos de David Navarro y la inmolación de un Cádiz depresivo propician el regreso a la victoria (0-1)
En estas situaciones, las emociones. Las hubo. Bastantes. Mucho más que con Rubén Sellés, quien se había perdido por los pasillos de una plantilla que a su falta de calidad había añadido la desmotivación del perdedor. Además, en el infierno, donde aún está el conjunto aragonés pese a dejar de ser colista y colgar un triunfo en ese árbol del ahorcado donde se balance sobre la silla del descenso, es bueno tener amigos, y el Cádiz fue un excelente anfitrión, un rival que se inmoló en la depresión que amenaza con incluirle en la misma caldera de las almas condenadas. En este derbi del despropósito, sólo podía haber un ganador, y desde el primer minuto al último lo fue el Real Zaragoza porque puso más interés, entusiasmo y cerebro. El fútbol no es su fuerte, así que lo resumió casi todo a ser pragmático, a jugar más con la zozobra del adversario que con la pelota. Controló mejor la ansiedad con una notable administración de las fuerzas de sus futbolistas y de los momentos por parte de David Navarro, que volvía a los banquillos y se merendó a un Gaizka Garitano posiblemente en su último día en el Nuevo Mirandilla. Los tres puntos saben a gloria, y eso es mucho con el paladar tan deteriorado por no saber ni poder ganar a nadie. Entre esas virtudes exhibió por fin capacidad para competir, y no goleó a los andaluces porque da para lo que da. Con un átomo más de puntería, con un poco más de físico, habría adornado el resultado con una goleada. Echó así un litro de gasolina en el depósito vacío. No es mucho, pero sirve para llegar hasta la siguiente estación de servicio, el Almería en el Ibercaja Estadio.
Navarro no inventó la luz pero encendió la linterna en el túnel. Manejó el impacto motivador de poner a Hugo Pinilla en el once en el debut del canterano con el primer equipo. Fue, sin duda, una pequeña pero efectiva jugada maestra para comprometer al resto ante un chico que acaba de perder a su madre, para despertar la empatía de los esfuerzos y del sacrifico, un trato innegociable que hizo efecto. El canterano, además, no desentonó mientras le dio su corazón azotado y ofreció una asistencia a Francho que el centrocampista envió a los pies de David Gil. El portero del Cádiz sufrió no por una agobiante exigencia, sino porque cada llegada aislada del Real Zaragoza provocaba un tsunami en su pasiva defensa. Ocurrió en el gol de Kodro en la primera parte, con dos disparos consecutivos del bosnio sin apenas oposición para abrir el marcador, en una internada de Rober en la que Iker Recio evitó el tanto del mediocampista con el guardameta superado y en la recta final, donde Cuenca cruzó fuera un lanzamiento cuando estaba cerca de una de las baldosas del área pequeña. Este relato, y la jerarquía de Andrada en cualquier previsible y plúmbeo intento local, resumen el porqué la victoria viajó a Zaragoza, el porqué el Real Zaragoza está donde está.
Pinilla no fue la única novedad de un equipo que volvió a los delanteros con la presencia de Kodro junto a Dani Gómez. En realidad unos metros por detrás para oxigenar a sus compañeros en la posesión. Insua, que se sirvió por sí solo para desmontar la ofensiva de los gaditanos en un partido soberbio del gallego, y Radovanovic, tan justo como siempre de velocidades, también aparecieron en la alineación por la baja de última hora de El Yamiq y por Gomes. Larios, muy despistado por los amagues de Suso hasta que Navarro le envío en su ayuda a Tasende, y Aguirregabiria, mejoró animado por el escaso trabajo que se le sometió antes y después de la aparición de Brian. El técnico aragonés, como antes había intentado Sellés con peor respuesta, salió al rescate de cada ahogado cuando el agua le llegaba al cuello. Tasende por Pinilla para doblar lateral, Gomes por Rado, que, cómo no, arrastraba una amarilla desde muy pronto, Cuenca por un Kodro a medio gas y Keidi Bare por Mensah… El Cádiz barajó el equipo, pero sin cambiar su ritmo de paquidermo horizontal, ciego y obsesionado con un Suso cuya zurda abusó de ornamentos sin brillo productivo. Después con Brian, que repitió por la izquierda el baile de obviedades de su compañero.
Esta vez no se intuía ni el peligro por un resultado corto. Mucho orden y un escalonamiento armónico en las coberturas fue suficiente, además de la labor de Rober, más por dentro, bajando casi hasta la base para darle el balón un poco de barniz. El Cádiz fue estrangulándose a sí mismo con las dos manos, con los pies entumecidos, con errores constantes y continuados en el pase sencillo y con un bombardeo del área de Andrada que el argentino resolvió como si montara un juguete de dos piezas. En ese labor de descarga de bombas sin espoleta, la cabeza de Insua fue otra valiosa arma antiaérea. La victoria, el reencuentro con esa sensación, lleva al Real Zaragoza a la siguiente pantalla de un juego para el que apenas le restan monedas. Infinitamente superior a un Cádiz destruido, ganó porque fue más eficaz, más inteligente. No hizo falta el corazón que reclamaba su entrenador aunque es cierto que creció su intensidad en una carretera secundaria allanada, sin apenas curvas. Las que viene ahora le van a pedir mucho más. El amigo en el infierno es una baza que ya ha consumido gracias al espíritu de Pinilla.
Cádiz 0: David Gil; Iza, Jorge More, Recio, Pereira; De la Rosa (Brian Ocampo, minuto 46), Alex Fernández (Kouamé, minuto 81), S. Ortuño (Diakité, minuto 46), Antoñito Cordero (García Pascual, minuto 55); Suso y Dawda (Roger Martí, minuto 71).
Real Zaragoza 1: Andrada; Aguirregabiria, Insua, Radovanovic (Ale Gomes, minuto 64), Larios; Rober, Francho, Mawuli (Keidi Bare, minuto 64), Hugo Pinilla (Tasende, minuto 53); Dani Gómez (Juan Sebastián, minuto 88)y Kodro (Cuenca, minuto 53).
Árbitro: Arcediano Monescillo, del colegio castellano-manchego. Mostró cartulina amarilla a Jorge More, Diakité y Roger Martí, por el Cádiz; y a Radovanovic y Cuenca, por el Real Zaragoza.
Gol: 1-0, minuto 18: Kenan Kodro.
Incidencias: partido correspondiente a la jornada 29, disputado en el JP Financial Estadio de Cádiz con la presencia de 10.022 espectadores, más de un centenar del Real Zaragoza.

