El Real Zaragoza inicia en Albacete un ‘liga’ corta y marcada por la necesidad de triunfos que completará ante Éibar, Cultural y Andorra para intentar que la distancia con la salvación no sea kilométrica
Lo primero es lo primero. Y Al Albacete aparece este domingo (16.15) a la cabeza de la lista de prioridades de un Real Zaragoza que además de competir, imprescindible en este negocio, debe reconciliarse desde este mismo sábado con la victoria, una sensación que sólo ha vivido en Santander en la últimas siete jornadas. Penúltimo después de desaprovechar dos oportunidades de ganar en casa contra Real Sociedad B y Castellón, en ambos casos rescatados de la derrota por la ternura ofensiva de los donostiarras y por un muro de contención, el calendario asimétrico y las circunstancias de la competición han diseñado una liga de cuatro partidos clave para el futuro del conjunto aragonés en el campeonato. De cómo resuelva esos encuentros, que implica sumar el mayor número de triunfos posibles, dependerá en un altísimo porcentaje su destino: seguir creyendo en la salvación o contemplarla en la vitrina de la utopía lo que resta de temporada. Después de visitar el Carlos Belmonte recibirá al Éibar y afrontará un doble desplazamiento a León y Andorra, rivales que están en su misma pelea y contra los que, de salida, no puede plantearse el empate como un resultado provechoso.
Si no es capaz de sacar un jugoso botín de esta tacada de compromisos más o menos a su altura, después se le echan encima una serie de equipos con aspiraciones de ascenso por vía directa o indirecta: Burgos, Cádiz, Almería, Deportivo y Racing… Para continuar con pulso cuando llegue este huracán, o se abriga ahora en lo cuantitativo y en lo emocional o acabará congelado a finales de marzo, en primavera. Rubén Sellés no quiere especular. Prefiere el técnico, sacudido por las lesiones y amonestaciones de sus jugadores y por un mercado que se anuncia ridículo para las necesidades de la plantilla que ha heredado, vivir el día al día en la búsqueda de soluciones antes que ponerse a calcular qué hay detrás de cada jornada. Para esta ocasión tendrá que inventarse un lateral izquierdo por la lesión de Pomares y la quinta amarilla de Tasende. Sebastián fue el elegido en la segunda parte frente al Castellón, aunque de carrilero en una formación con tres centrales. El canterano podría seguir en esa posición y se espera a Aguirregabiria en la derecha para escoltar a Insua y Saidu. De todo puede ocurrir en la alineación, que mantenga la línea de cinco defensas con Francho, Guti Y Beidi Bare por delante con dos puntas si hace debutar a Rober junto a Kodro o que opte por un 1-4-4-2 o un 1-4-3-2-1 donde el delantero bosnio tenga a Valery y Rober a sus costados implicados en las ayudas ofensivas y defensivas. La incógnita es monumental salvo para el entrenador, sin Cuenca por la roja que vio el atacante. O también para él, prestidigitador de estrategias. «Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros».
El once y el planteamiento son cuestiones importantes. Más aún la predisposición de los futbolistas elegidos, tan reñidores en el campo como expuestos a una grave anemia de talento individual. El Real Zaragoza de la permanencia, una vez que Txema Indias se ha plantado en refuerzos de rastrillo, sólo se entiende corriendo, yendo a los duelos con colmillo largo, presionando para incitar al error y acertando una de cien ocasiones de gol. Si consigue disparar a puerta o acierta con el balón parado, suerte que tampoco domina. Todos los caminos, sobre todo el de la esperanza, conducen a Sellés, que vino de aprendiz y en 13 partidos se ha doctorado en cómo mantener la calma y sujetar los mandos de un avión cayendo en picado. No le funcionan Soberón, Valery y Pomares; la fallan en pleno vuelo los motores de Keidi Bare y Guti; no cree en Sebas Moyano, Akoukou y Dani Gómez y duda de Tachi; en la enfermería, además de Soberón, están Radovanovic y Paulino, y se ha desecho de Bazdar, Pau Sans y Kosa. Espera que le traigan un central de verdad y tiene que conformarse con Rober González y Willy Agada, este con cuatro meses de inactividad, después de 32 días con la ventana invernal abierta. Otro entrenador habría ingresado en el psiquiátrico.
El Albacete, ocho puntos por encima aunque vulnerable en sus citas caseras (su portería del Belmonte en la más castigada junto a la del Mirandés y el Real Zaragoza), espera en Copa al Barcelona con el aura aún perceptible de la elimanación del Real Madrid pero sin distraerse un centímetro del campeonato doméstico. Lo atestiguan sus tres últimos partidos, con un empate a domicilio con el Sanse y dos victorias frente al Cádiz y en Pucela ante el Valladolid. Sin encajar una sola diana. La venta de Morcillo al Almería le ha hecho pupa, y han fichado a Obeng, Cedeño, lesionado el primer día de entrenamiento con el quirófano a la vista, y al exzaragocista Lluís López, en plena pretemporada tras su experiencia en China y varios meses sin competir. Alberto González sigue sin poder contar con Higinio y Jon García y pierde a Pepe Sánchez, pero por contra recupera a Riki y Jesús Vallejo para que acompañen a dos de sus grandes referencias, Puertas y Agus Medina y a otro excapitán zaragocista, Fran Gámez. El primero de estos cuatro partidos solo admite la victoria, como los otros tres. No se puede aspirar a menos para hacerse creíble.
Se estrena Agada con nueve de la cantera https://t.co/pi6hCaAu6N
— Alfonso Hernandez (@alfonherndez) January 30, 2026

