Rubén Sellés sigue buscando El Dorado en la alineación. Forzado por las ausencias pero también por la necesidad imperiosa de darle al equipo algo más que la competitividad como arma principal para evitar el descenso, el entrenador hace seis cambios con respecto al once que jugó contra el Castellón. Medio equipo nuevo con el mismo dibujo pero diferentes protagonistas para buscar un triunfo en Albacete que le devuelva a la senda de las victorias y le permita reiniciar el camino hacia la permanencia. Uno de los dos fichajes del mercado de invierno, Rober, debuta para darle algo más de colmillo al conjunto aragonés en ataque. Es la novedad más relevante pero no la única. El entrenador ha sentado a un Keidi Bare castigado por los esfuerzos desde que regresó de su lesión y pone en su lugar a Akoukou –la primera vez titular con Sellés– para compartir esa zona con Guti (Moya desparece de esa función intermedia y pastosa entre la medular y el ataque), mientras que los costados centrocampistas corresponderán a Sebas Moyano y Francho, quien se reencuentra con Aguirregabiria por detrás, en el lateral derecho que había sido propiedad de Gomes en los últimos encuentros. En defensa, Tachi entra por Saidu y Sebastián sigue en la otra orilla por un Tasende que cumple sanción por acumulación de tarjetas.
El partido, como todos los de la segunda vuelta, es de máxima urgencia para el Real Zaragoza. Penúltimo y sin posibilidades tampoco esta jornada de salir de ese infierno casi eterno donde es inquilino desde que arrancó la temporada, visita a un rival en racha y feliz por su trayectoria en la Copa después de haber eliminado al Real Madrid y a la espera del Barcelona en el Belmonte. Los tres últimos encuentros los ha resuelto con un empate y dos victorias y sin encajar un gol. El equipo de Alberto González vive tiempos de calma y euforia copera, todo lo contrario que un Real Zaragoza, penitente y afectado por sus limitaciones, carencias que Sellés intentará que no condicionen su rendimiento frente a una cita capital para su futuro. El calendario le ofrece otra oportunidad con Eibar, Cultural y Andorra como adversarios inmediatos y ganar se ha convertido en más que un verbo de uso deportivo. Es una religión.
Con el comportamiento lamentable del Ibercaja Estadio, jugar fuera es uno de los asideros psicológicos para el vestuario. De visitante ha ganado con Sellés en Eibar y Santander y ha empatado en Málaga y Burgos. Cuatro partidos consecutivos a domicilio puntuando. Es un dato que invita al optimismo y que demuestra que de invitado se desenvuelve mejor que de anfitrión. Seguramente porque llevar la iniciativa no sea lo suyo. En cualquier caso, punto a punto, como dijo su entrenador, no lleva a ninguna parte, y para hacerlo de tres suele ser conveniente asumir protagonismo. En ese mundo de contradicciones, media docena de novedades en la búsqueda de un nuevo continente mientras la nave flote aun perdida.
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La alineación del Albacete
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