El asombroso físico de Saidu ha afiliado el olfato de los cazatalentos mientras el jugador aprende en el peor contexto posible cómo ser algo más que músculo
Insúa y Radovanovic eran los centrales de Gabi Fernández y de Rubén Sellés, pero las largas ausencias por lesión y recaídas del serbio, el experimento fallido de Pomares y la irregularidad de Tachi hicieron que los dos entrenadores giraran sus miradas hacia Yussif Saidu, un joven mediocentro captado del fútbol ghanés y con paso efímero por las categorías inferiores, para entregarle la responsabilidad en eje defensivo del primer equipo cuando su posición natural es la de centrocampista. Frente al Éibar, el técnico valenciano tenía una doble opción ante a la catarata de bajas que sufre el equipo: pasarle a la medular o dejarle junto a Insua. Su velocidad de reacción fue mejor valorada que la de Tachi, quien actuó de escoba en el mediocampo. El resultado fue desastroso en un encuentro en el que Saidu cometió toda una colección de errores inadmisibles para esa posición hasta que Sellés lo retiró del campo para que dejara de sufrir. Martón le ganó la espalda en la mejor y casi única ocasión de los armeros; falló pases sencillos en la salida; midió mal en una cobertura lateral y la pelota le superó para abrir un pasillo monumental que los visitantes no aprovecharon, y dio un pase a un rival sin levantar la cabeza para comprobar si en esa línea había algún compañero que puso a la grada de los nervios. Se marchó visiblemente afectado.
Este Real Zaragoza roto y desvalido le ha ofrecido una oportunidad fantástica, pero en el peor contexto posible para aprender. Porque Saidu está todavía en ese proceso juegue donde juegue, de central o de mediocentro, donde se le reclama ahora. Su asombroso poderío físico ha gustado a la afición y ha afilado el olfato de los cazatalentos, que también visualizan sus virtudes de animal feroz. La cuestión es que en su deslumbrante fortaleza habita todavía un cachorro al que en ocasiones le superan las exigencias y la naturaleza de los partidos y escenarios que no siempre descifra. No debería estar en el epicentro de una crisis histórica. Si acaso participando de una temporada más amable que le permitiera desarrollarse y mejorar. Pero esta guerra sin cuartel ha alistado, como ya ha ocurrido en anteriores campañas con canteranos reclutados para salvar la categoría y la economía, su frescura porque la plantilla pasa más tiempo en la enfermería que sobre la hierba. Es probable que en breve aparezca en el mediocampo. O no, porque en ese lugar que es más reconocible para sus recursos, le faltan cierto registros de contención y lectura.
Rápido, potente, ganador de duelos, recio en el juego aéreo, sobre todo el frontal, Saidu es un espectáculo al margen del resto. Como si en un valle sin un solo almendro en flor estallara un volcán. Así se ha convertido en el séptimo jugador con más minutos disputados repartidos en 18 partidos, 11 de ellos en el papel de titular. Aun en su distinción sobre los demás, no le sobra nada dentro de su mochila de alumno muy aventajado. Aun con todas sus virtudes y defectos, podría jugar en cualquier puesto propulsado por su atrevimiento, ambición e inocencia. Por su puesto, por un porte colosal que necesita una gestión por su parte y la de sus educadores para ser mucho más productivo. Va a tiempo y a destiempo. Golpea a puerta en la media distancia que corta la respiración… Verlo de interior o mediapunta no sería un sacrilegio en estas circunstancias de tanta precariedad. Es la historia de un chico superlativo e incompleto que, seguramente, saldrá de este infierno para hacerse mayor en otro club.

