El técnico se erige en estratega de un llamamiento a la afición pero no comparece para decir que Indias y la propiedad le han dejado una castaña de equipo
Rubén Sellés derrapó en sus declaraciones sobre lo que considero una actitud «tibia» de los aficionados que se desplazaron hasta León para estar con el equipo. Hoy ha convocado una rueda de prensa «exprés» para puntualizar que sus palabras formaban parte de una estrategia premeditada, «de un momento gatillo» para realimentar la energía del zaragocismo y la unión de todos los frentes del club contra las corrientes negativas que ningún favor hacen en este contexto del que en ningún caso es responsable la hinchada. En un pasaje de su aclaración que no rectificación, se le ha entendido perfectamente que no le gustó nada que los seguidores mostraran su malestar a los futbolistas al término del partido, pero ha incidido en su mensaje unificador con tintes mesiánicos por muy bienintencionadas que sean sus raíces.
Para robustecer su sermón ha acudido a la figura de Alberto Zapater y su «el Real Zaragoza será lo que su gente quiera», una opinión del excapitán que ha calado mucho más en lo emocional que en la realidad. Este club está siendo y será lo que dictan sus dueños desde que se activó el trasvase a las SAD, instante en el que se produjo el efecto contrario al que se buscaba, el control económico de los clubes, y elevó un muro para dejar al pequeño socio o abonado al margen de cualquier tipo de decisión. La afición se mantuvo en su sitio pese a todo, frente a una procesión de especuladores que han utilizado el Real Zaragoza para intentar ganar dinero, notoriedad o peso político. Los fanáticos, como los denomina Jorge Mas, son un corazón desterrado de esa cápsula de codicias que, sin embargo, late por orgullo, cariño, tradición y pertenencia.
No es necesario que nadie les recuerde nada ni que les invite a estar al lado de nadie porque su código es puro. Si tienen sus dudas, sus bajones, sus dudas o su derecho a queja es porque es el patrimonio que les queda ante la impotencia y el ninguneo al que se están viendo sometidos. ¿Sabe Sellés cuánto cuesta ir a León en una jornada de temporal y a qué hora de la mañana hay que ponerse en la carretera y a qué hora de la madrugada se regresa a casa para trabajar al día siguiente? ¿Sabe que estos viajeros incombustibles y quienes acuden al impresentable Ibercaja Estadio para calarse o retar a la neumonía ponen dinero de sus bolsillos y sufren una ignominiosa respuesta una temporada tras otra?.
Querido Rubén, con todo el cariño y respeto del mundo, hay que ser valiente, o llámalo conciliador, a tiempo completo, no sólo poniendo en el centro de la diana de relevancia anímica y apoyos sin cuartel a esa afición que otros entrenadores como tú, incluido el reverenciado Víctor Fernández, han solicitado por lo general como elemento clave sólo en tiempos de crisis. El entrenador ha reclamado a la prensa para pedir lo que ya se le está dando. No obstante, en ningún momento desde que cogió las riendas y menos después del cierre del mercado con el que Indias y la propiedad le han dejado una castaña de plantilla y de equipo se le ha escuchado solicitar en público los refuerzos necesarios. Muy al contrario, señaló que con lo que tenía y un par de de jugadores se daba por satisfecho. Se agradece tu buen talante y ese carácter de líder de la cohesión. Pero recuerda que a este punto se ha llegado también con tu consentimiento, algo que la afición nunca te va a reprochar.


Decepcionante Sellés…una decepción más en la lista interminable.