La otra ‘Recopa’ de Nayim

El ceutí logró con el Logroñés la reacción más espectacular en la historia de Segunda para conservar la categoría. «El único argumento para salir de una situación tan delicada se halla en la unión del vestuario. En la vergüenza y el orgullo», dice el exjugador

El Logroñés tenía 17 puntos en la jornada 26 de la temporada 1997-1998, siete menos que el Real Zaragoza en la actualidad. Nadie con igual o mismo guarismo se ha encontrado en una situación tan delicada en la historia de Segunda. Sólo había ganado dos encuentros, a Leganés (2-0) y Villarreal (2-1). Se sentaba en el banquillo de Las Gaunas Marco Antonio Boronat después de que hubiese sido despedido Víctor Muñoz e Ignacio Martín cogiera el equipo de forma interina. Córdoba y Extremadura son los otros clubs, aunque con más puntos a estas alturas de la competición, 19 y 23, que se salvaron con peores cifras que el conjunto aragonés. «Lo del Logroñés fue cosa del vestuario, estaba muy unido», explica Mohamed Ali Amar Nayim, que jugaba la primera de sus dos campañas en la escuadra riojana. «Yo era uno de los que se encargaba de que fuera así. Primero porque personalmente nos iba mucho. No quería acabar mi carrera con ese tipo de descenso. La Segunda B de entonces era un pozo, no como ahora la Primera RFEF».

Ocho victorias, cinco empates y tres derrotas para sumar 46 puntos y firmar la permanencia. Espectacular. «Había llegado de la mano de Víctor Muñoz bajo la promesa de que iban hacer una plantilla para subir a Primera, pero no cumplieron su palabra. Los problemas económicos se sucedieron y tuvimos que transformarlo todo a un plano positivo». De ganar la Recopa tres años antes con un gol suyo del que se ha dicho todo sin conseguir plasmar al cien por cien su belleza, a liderar a un Logroñés casi desahuciado. Nayim hace un puntualización en el relato de las hazañas en forma de remontada: «Hace tres temporadas, el Ceuta, que militaba en Primera RFEF, tenía 8 puntos en diciembre. Y se salvó en la última jornada empatando en casa con la Balompédica». Hoy, los caballa están en mitad de tabla de Segunda con 35 puntos, por, entre otras cosas, tumbar al Real Zaragoza en la ida (1-0). El exfutbolista ya percibió algo extraño en ese encuentro. «Cuando vinieron aquí, lo vi muy crudo. Dije, lo vamos a pasar canalla. Al ganar los tres partidos consecutivos pensé que habíamos cogido la buena racha aunque seguro de que el sufrimiento iba a seguir. Lo que no esperaba es este bajón. Le veo muy complicado. Las sensaciones no acompañan».

El mercado de invierno está por testear, pero salvo por El Yamiq, no parece que vaya aportar grandes cosas. «Pues es fundamental que los seis nuevos den un paso adelante. Cuando fui segundo de Gay vinieron siete en esa ventana. Claro, hay que ponerlo en contexto, no es lo mismo. Sin embargo, sabiendo que este tipo de operaciones son a la desesperada, se trata de futbolistas que, además de adaptarse lo antes posible, deben ser clave para salir de abajo». Vengan en la época que vengan y la estación clasificatoria, algo sucede que la mayoría no da lo mínimo exigible. «No sé lo que ocurre –se pregunta el ceutí– Los que llegan al Real Zaragoza no rinden como tan bien como lo habían hecho en sus anteriores equipos. Yo lo acacho a la dimensión del club. Les viene grande jugar en La Romareda o en el Ibercaja Estadio, y eso que ahora la afición es mucho menos exigente que en otras épocas. Cuando se ponen el escudo les puede la presión. Aun así, por plantilla no debería descender».

No debería, pero ha puesto la directa. Nayim intenta ser optimista y bucea en las soluciones. Le cuesta y se remite a aquel Logroñés de los noventa. «El único argumento para salir de una situación tan delicada se halla en la unión del vestuario. En la vergüenza, la profesionalidad y el orgullo. Ni siquiera el entrenador es tan importante. Independientemente de si no tienes talento ni gol, se ha de visualizar un grupo que esté a muerte, que el aficionado reconozca un equipo que se parta el alma. No hay futbolistas que mimar. Da igual quien juegue, el tema es ser sólidos, rocosos y si es necesario antiestéticos. Portería a cero siempre y esperar que, por ejemplo Kodro, alguien enchufe una ocasión. Por supuesto los que no han estado a la altura, que suban ese escalón». E insiste: «Que el rival se sienta incómodo, muy incómodo todo el partido». Nayim se transporta por un momento a sus mejores recuerdos en el Real Zaragoza en la búsqueda de fórmulas. «Un compañero me dijo una vez que el equipo de la Recopa jugaba de cine, pero destacaba que rascábamos, metíamos la pierna, competíamos al cien por cien. El vestuario, lo importante es la complicidad vestuario. Y luego, es lógico, enganchar un par de victorias».

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