El Real Zaragoza, que vuelve a ser colista de Segunda por la victoria del Mirandés en Huesca, juega en Andorra para seguir peleando por la salvación o firmar los primeros impresos de la condena del descenso
El momento gatillo de Rubén Sellés, la supuesta búsqueda de una reacción global centralizada en reactivar la actitud auxiliadora de la afición con el equipo, ha generado todo tipo de debates sobre la idoneidad del técnico con ese mensaje muy crítico por mucho que haya querido disfrazarlo de estrategia personal. El domingo se ratificó en su llamada a la unión y ayer, en un tono más altivo, dijo que le importa un comino quien no le haya entendido. Además admitió asuntos tabú para el valenciano como que existe nerviosismo en el club por la fuerte amenaza de descenso, que la victoria en Andorra tiene un punto de urgencia y que hay que ser más precisos en ataque. Sellés ha empezado a enviar señales de que la misión que le encomendaron le está consumiendo, impotente frente a la falta de calidades en la plantilla incluso después de la ventana invernal, la incomprensible plaga de lesiones que han condicionado su trabajo y por el sonido de sables –nada nuevo en esta tesitura– que se escucha en los despachos del club sobre su continuidad en este contexto de declive total sin triunfos.
Los desplazados a Andorra (16.15) serán así los cruzados del Real Zaragoza no porque el entrenador se lo ha exigido, sino porque son más conscientes que nadie de lo que hay en juego en esta cita. No necesitan motivación extra alguna y la realidad se explica perfectamente viendo la clasificación y lo que resta de campeonato. La victoria del Mirandés en Huesca (1-2), le devuelve a la última posición empatado a 24 puntos con los jabatos. Todo lo que no sea ganar en el Principado supondrá un gatillazo y la apertura de un abismo monumental con la conservación de la categoría. Sería firmar los primeros impresos de la condena del descenso a Primera RFEF a la espera de un una recta final que se transformaría en un paseo infernal hasta el ocaso de la temporada. Posiblemente también en la despedida de Sellés o en la antesala de la destitución si la directiva opta por mantenerlo hasta el encuentro en el Ibercaja Estadio con el Burgos.
Es tal la aglomeración que hay por abajo que de conseguir los tres puntos no le permitiría saltar más allá del penúltimo puesto pero sí quedarse, quién sabe, a dos de la línea que podría marcar la salvación si el Valladolid no se impone en El Molinón. Todo no está perdido, pero todo puede perderse en 90 minutos contra un Andorra que es cierto que ha perdido sus últimos tres encuentros pero que equilibra su ternura con un fútbol muy atrevido e incluso suicida, de largas posesiones, blandura en las áreas y jugadores de notable nivel como Minsu, Villahermosa, Domènech o Lautaro que para sí quisiera el Real Zaragoza. Pensar que es un equipo asequible sería una conclusión fatal, porque además el Real Zaragoza no está para menospreciar a nadie.
El conjunto aragonés, con una enfermería sin camas por la cantidad de lesionados, recupera para la ocasión a El Yamiq después de cumplir un partido de sanción por la roja que recibió en su debut contra el Éibar. La alineación que presentará Sellés casi se hace por sí sola con el marroquí y Soberón como principales y posiblemente únicas novedades. Andrada, Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios, Mawuli, Akouokou, Francho, Cumic, Rober y Soberón. El sistema variará si el técnico desplaza al capitán a la banda derecha y ofrece a Rober la mediapunta. Poco más. Gatillo o gatillazo.
— Real Zaragoza (@RealZaragoza) February 21, 2026

