Sin ventanas en el corredor de la muerte

La llamada atormentada de Francho no ha terminado de calar en un Real Zaragoza sin alma que juega este sábado contra el Burgos sin garantía alguna de sumar un triunfo en la utópica misión de la permanencia

A 15 jornadas de que el campeonato baje el telón de la temporada, el Real Zaragoza se aferra a las matemáticas y a su afición en una recta final que le conduce irremediablemente hacia el final de su experiencia en las competiciones profesionales tras 13 cursos consecutivos en Segunda como último e infausto capítulo de sus 93 años de vida. De fútbol ni hablar. Son tan escasos o nulos los argumentos deportivos que la hinchada frunce el ceño frente a cualquier señal de optimismo, incluido que resten 45 puntos todavía por disputarse y que con un poco más del 50% de esa cantidad la salvación sería posible. En Andorra, después de ser incapaz de extraer una sola victoria en la miniliga ante rivales directos que comenzó con la Real Sociedad B y cerró en el Principado, tiró la toalla y despreció todo signo de competitividad. La de Rubén Sellés también. Este sábado le visita el Burgos (16.15), que aspira al playoff con la autoridad que le concede ser el segundo equipo menos goleado de la categoría pese a que su artillería en ataque sea bastante más modesta, y lo recibe en el Ibercaja Estadio, donde el público ha visto ganar al Real Zaragoza en dos ocasiones…

La llamada atormentada y avergonzada de Francho solicitando unión no ha terminado de calar en un vestuario sin alma, sin garantía alguna de sumar un triunfo en la utópica misión de la permanencia. El zaragocismo asistió entre emocionado y descreído a las palabras de su capitán, que estuvo solo, síntoma inequívoco de que la mayor parte de la plantilla no está a su lado o al menos tan implicada en una guerra con perfume a perdición. Que el equipo vaya, de repente, a protagonizar un encuentro pleno de responsabilidad y entrega queda en cuarentena. Cunde el escepticismo entre una atmósfera que se espera cargada aunque no beligerante más allá de alguna protesta puntual hacia un palco sordomudo e indiferente a su catastrófica gestión en todos los movimientos que ha ejecutado desde los despachos. El Real Zaragoza va a paso firme por el corredor de la muerte sin que atisbe una sola ventana de luz en este recorrido, un halo de esperanza en otra final, posiblemente la última si no consigue los tres puntos. Lo más doloroso de este dilatado paseo por la milla verde es la cantidad de inocentes que van a ser ejecutados junto al club y enterrados en la cal viva de la Primera RFEF.

Rubén Sellés en su última oportunidad si no gana por mucho que dirigentes y consejeros le abracen como Caín a Abel, cambiará algo en la búsqueda de futbolistas que estén más próximos a la responsabilidad que los que actuaron en Andorra. Gomes entrará por el sancionado Insua, Akouokou dejará su puesto sin haber sudado una gota a Mensah y Cuenca sentará al lánguido Valery. Dani Gómez y Soberón no deberían haber entrado ni la citación, pero pueden que vuelvan a formar arriba de principio. Hay paradojas venenosas. Andrada, Aguirregabiria, El Yamiq, Larios, Francho, Rober… Ramis, que pierde a Grego Sierra, un cacique en el eje defensivo, y no podrá contar finalmente con Fer Niño, espera un adversario «enrabietado y muy intenso». Francho aseguró que así será. porque si no se irá «todo a la mierda», expresión que a Sellés le parece maleducada dentro de un mensaje de socorro que secunda. El jugador número 12, Zaragoza no se rinde. En fin, como si el Burgos no fuera a meter la pierna en un partido con el conjunto aragonés sentado en la silla eléctrica.

 

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