Otro gran farol en el casino de Forcén

El consejero publicita una falsa revolución con las despedidas de Sellés e Indias y el regreso de Arantegui, quien pone de interino a Navarro a la espera de JIM bajo el paraguas de una propiedad inalterable

Con este Real Zaragoza, a día de hoy hay dos opciones: hacerse el tonto o hacerse el tonto, porque rebelarse frente al control de la propiedad resulta un ejercicio poco inteligente y de nula efectividad. Aquí manda el señorito, es decir la propiedad, y su servil capataz, Juan Forcén, quien junto a la asesoría de Luis Carlos Cuartero y la bendición de Jorge Mas ha publicitado una falsa revolución con las despedidas de Rubén Sellés y Txema Indias, algo que ha sucedido por su propio peso, y el regreso de Lalo Arantegui a la dirección deportiva por lo que resta de temporada y dos más con la opción de renovarlas por otro par. El mensaje de cambio estructural no recoge, por lo menos aún, la salida de Fernando López de la dirección general y de Mariano Aguilar de entre bastidores, pequeños detalles que chocan frontalmente contra esta limpieza superficial y que corrobora que los máximos accionistas mantendrá inalterable su política de contención deportiva. Sobre todo después de que se certifique el descenso a Primera RFEF, escenario que forzará a una relectura económica a la baja en todos los sentidos y áreas.

En estos días de agitación premeditada, seguramente se alzará alguna voz sobre que la rendición no se contempla, que las matemáticas aún cuentan que la salvación es posible y que se luchará por ella hasta el final. Será una reacción comprensible por parte de los recién llegados, pero verdad sólo hay una y ha habido 28 jornadas para certificar que este equipo está condenado. La maniobra de las dobles destituciones, ya ejecutada en su día con Cordero y Ramírez, y la apuesta por Arantegui al margen de su valía profesional y de las condiciones que haya negociado para moverse con libertad para formar su equipo y que prevalezcan sus opiniones no es más que otro gran farol en el casino de Juan Forcén. El problema para el empresario es que carece de cualquier credibilidad porque juega con las cartas siempre marcadas, desde Miami y desde Madrid, también desde la mesa de sus íntimas ambiciones y no precisamente por un equipo al que ha colaborado a destruir.

Arantegui ha aparcado su agencia de representación para volver a este campo de minas. Tendrá que trabajar con un proyecto ajeno al fútbol profesional, expuesto a una categoría durísima y con herramientas mucho más modestas que su anterior experiencia. Habrá que comprobar cómo se mueve en ese durísimo ecosistema al frente de un gigante sin brújula y con la cantera por rediseñar. En primer lugar ha decidido colocar a David Navarro como entrenador interino mientras se sigue negociando con JIM para el banquillo. El técnico pide un año y medio frente a los meses que le ofrecían hasta el final de este curso. Juan Ignacio Martínez, que debería haber aterrizado antes que Gabi y Sellés, es otra jugada gestada en la nostalgia de lo menos malo, un regreso al futuro algo forzado. En esta situación de abundante tráfico, hacerse el tonto tiene un límite. El cambio viene promovido por la marcha atrás.

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