Quizás Dios sea también aragonés

El Real Zaragoza, tapizado por la exaltación regional de un cambio interno con tintes artificiales, el ‘efecto Pinilla’ y la victoria en Cádiz recibe al Almería más creyente que nunca en el milagro

La misión del Real Zaragoza, la permanencia, no deja de ser una meta de colosal dificultad que, para comprender su verdadera magnitud, se denomina comúnmente milagro. David Navarro ha optado, al menos en su discurso, por humanizar el reto sin atender a su tamaño. Desde el corazón, las emociones, las parábolas de sus experiencias deportivas y personales en categorías locales y las arengas espartanas, el técnico quiere tocar la fibra de todos los implicados. Está haciendo su trabajo también en la búsqueda de un equipo más reconocible para sí mismo y para la gente en el que primen el mayor número de mejorías posibles. No se sabe hasta dónde alcanzarán sus buenas intenciones y la de su equipo de trabajo, pero desde que se hizo cargo del banquillo como interino, se ha producido una particular catarsis pese a que el descenso asoma como el destino más probable. En la parte sobresaliente del iceberg de súbito optimismo se reconocen la propia figura del entrenador como líder de una exaltación por lo aragonés en un cambio interno con tintes artificiales, sin duda el ‘efecto Pinilla’ y la victoria de Cádiz. En ese estado de excitación y fe sectario hasta donde la propiedad quiere y permite se aprecia el Real Zaragoza más creyente que nunca, un equipo que recibe mañana al Almería (18.30) dispuesto a hacer arder el Ibercaja Estadio, el campo donde descansan sus cenizas. Navarro, como antes otros, ha pedido que el camposanto se transforme en un hogar caluroso, invencible… Esta vez estamos ante un acto religioso con pastores de la misma iglesia. Sólo falta por saber si ese Dios al rezan será también aragonés y, de esta forma, recibir los favores que no le alcanzan a la plantilla, penúltima por obra y gracia de sus propietarios.

Uno de ellos, Juan Forcén, ha logrado que los accionistas mayoritarios le permitan situarse en primera plana para calmar las aguas, no, porque está incapacitado, para transformarlas en vino. El empresario, asistido por Luis Carlos Cuartero, ha emprendido a toda mecha una urgente y nada creíble transformación precisamente por la celeridad de alimentar esta mudanza con productos de la tierra que no de la casa. Es importante no confundir los términos. Lalo Arantegui, el recuperado director deportivo, sí tiene un pasado zaragocista. El resto, incluido Navarro, entrenador porque fracasaron las negociaciones con JIM, no han estado nunca en la estructura del club (con la salvedad del técnico en su etapa de segundo de Víctor Fernández) y tendrán que demostrar la repentina confianza que se ha puesto en ellos sin dudar por el momento de que puedan ser válidos en sus respectivas ocupaciones a este nivel de profesionalidad. La explosiva mutación mantiene sin embargo con vida a Fernando López, ya muy erosionado por su terrible gestión en la dirección general, y Mariano Aguilar, consejero de nefastas decisiones, ambos vinculados a la nave nodriza del negocio, el Atlético de Madrid. Es el mismo perro con distinto collar este Real Zaragoza que ahora, de la noche a la mañana y en pleno eclipse, se presenta con un proyecto camino de Primera RFEF. Quizás, en el fondo, todo esta sucesión tenga como finalidad ese escenario de, como dijo Natalia Chueca, la Tercera División que no ha descartado el propio Arantegui. ¿Para volver más fuertes y lo antes posible? Las milongas se venden baratas en estos tiempos, sobre todo a quien no contempla la reducción de recursos económicos para competir en un fútbol extraño y carnívoro del que salir es una odisea. Quizás la caída se venda mejor de cara al público con un organigrama humano aragonés, conocedor de esas grutas y los demonios que las habitan.

En esta amalgama de medias verdades por utilizar un eufemismo lo más cortés posible, sí ha habido algo auténtico en el mercado de la denominación de origen. Su nombre, Hugo Pinilla. David Navarro lo ha convertido en el chico del tambor de su desmantelado ejército en una decisión inteligente, también humana. A los horas de perder a su madre, decidió guardar luto vestido con el escudo y la camiseta del Real Zaragoza. Entrenó y el técnico le entregó su primera titularidad en Liga, un liderazgo moral que sentó muy bien al grupo, entregado a la causa como pocas veces y bien dirigido desde el banquillo frente a un Cádiz mortecino. Con el corazón turbado por emociones tan opuestas, la dirección deportiva decidió prolongar su contrato hasta el 2030. Su valor deportivo así lo pedía. El momento elegido, el ideal para redondear la identidad de pertenencia que supuestamente se persigue, la semilla de un porvenir en el que la cantera va a ser promocionada como nunca salvo, como es el caso, en épocas de plagas y duros diezmos. Un poco de oportunismo se detecta con facilidad en esta operación, pero se puede considerar un pecado venial siempre y cuando el Real Zaragoza sea hasta el final, con salvación o condena, Pinilla y diez más. Si desaparece de las alineaciones, alguna careta se caerá. Bakis, Soberón, Keidi Bare, Pomares, Moya y Saidu regresan por fin para ampliar el armamento o las balas de fogueo, pero Pinilla debería ser intocable en un once que seguirá con dos delanteros, Kodro y Dani Gómez, y que variará poco con respecto al que ganó en el Carranza. La única variante podría ser la entrada de Keidi Bare si el técnico, poco amigo de arriesgar, decide darle cuerda desde el principio.

El Ibercaja Estadio da el pistoletazo a tres jornadas que marcarán o remarcarán el rumbo del conjunto aragonés. Primero el Almería, luego el Deportivo y después el Racing. Tres de las grandes potencias de Segunda para retar a lo imposible. Navarro ha pedido que el estadio sea un volcán a favor de los suyos, que allá esas pajas de haber vencido en tan sólo dos ocasiones. La respuesta será la que corresponde a la afición, en su derecho de hacer lo que le venga en gana que será, con seguridad, incendiar la atmósfera a favor del Real Zaragoza. Aunque el entrenador resta trascendencia al resultado de esta final y otorgue importancia al cómo se comporte el equipo, ganar es el único verbo que se puede conjugar frente a un Almería construido y planeado por Rubi para atacar sin treguas y con los riesgos que sean necesarios. Su pegada es demoledora; su defensa, vulnerable como la de todo buen púgil aspirante al trono del ascenso. Además sus dioses son de carne, hueso y un buen puñado de goles y asistencias. Arribas, Baptistao, Melamed, Embarba, Lopy… Y entre ellos, Marcos Luna, un zaragozano obligado a emigrar posiblemente a Primera mientras la Academia de Jorge Mas se sigue vaciando. Quizás Dios sea también aragonés como Forcén y Cuartero. Este sábado, que se mezcle con la afición mejor como zaragocista. Si es que tiene tiempo y ganas de ponerse a resucitar a un club muy enfermo.

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