El aragonés ha realizado una importante cirugía emocional en un equipo en el que han irrumpido Pinilla, Dani Gómez y dos victorias, pero en las líneas maestras coincide con su antecesor, reo de las bajas y de la pobreza de recursos que aún persiste
De los once jugadores que Rubén Sellés eligió frente al Huesca, en su primera victoria después de tres derrotas consecutivas desde que debutara en Gijón y afinara en el conocimiento del vestuario que había cogido, siete estuvieron en el triunfo sobre el Almería del pasado fin de semana: Andrada, Aguirregabiria, a quien hizo debutar en el once en ese encuentro contra los oscenses, Insua, Radovanovic, Francho, Keidi Bare y Kodro. También jugaron Pomares, Guti, ahora lesionado, Valery y Soberón. El técnico valenciano, tras el mercado de invierno, dio carta de principales a El Yamiq (en la enfermería), Larios y Rober, estos dos últimos intocables para David Navarro. Un buceo por los futbolistas utilizados por ambos entrenadores desvela que el aragonés han mantenido la columna vertebral establecida por su antecesor, quien también fue proclive a formar con dos delanteros, siempre Kodro y Soberón porque con Dani Gómez sólo lo hizo cuando los anteriores estuvieron ausentes por problemas físicos. Uno y otro, menos el actual porque va recuperando jugadores, han pagado el mismo peaje, las considerable cantidad de bajas y molestias que se han sucedido a lo largo del curso.
Con el fútbol no han podido negociar ninguno de los dos porque apenas existe en la plantilla. Navarro ha conseguido dos triunfos consecutivos apelando a factores colaterales como el emocional, donde ha realizado una importante y por el momento exitosa cirugía, y en la introducción de Pinilla como estandarte de compromiso y calidad y de Dani Gómez, que sin excelencias ha superado en cualquier preferencia a un Soberón muy desafortunado por diferentes circunstancias, físicas y mentales. El resto de los movimientos sobre el tablero cuando han podido disponer de la mayoría de las piezas, si no idénticos sí han sido similares al margen de la fracasada apuesta de Sellés por Valery. Andrada en la portería y los cuatro defensas con la veteranía por bandera… Y una cuestión nada baladí: Rober, cuya zurda aporta el mayor rasgo diferencial del grupo, ha cogido una velocidad más alta que aumenta su participación y su influencia. En las pinceladas tácticas en igualdad de condiciones no son detecta un cambio tan brusco de metodología como pueden hacer entender los triunfos sobre Cádiz y Almería tras el relevo en el banquillo.
Rubén Sellés fue muy elogiado desde todos los frentes cuando sumó diez de doce puntos con cierre de la estupenda racha en Málaga y entronizado como estratega por el bombazo de Santander, donde volvió al único punta con Kodro para que hiciera tres dianas, colocó a Gomes de lateral y a Saidu de tercer central y recuperó de las tinieblas a Moya para formar una medular clásica y competente con Guti, Francho y Bare. Y con 0-3, se sacó la de la chistera a Soberón para que acompañara al delantero bosnio y para intimidar aún más al Racing. La gran crisis posterior no estuvo relacionada por malas decisiones del valenciano, más bien como con la plaga de ausencias que rompieron la continuidad de su plan y con la baja forma de Soberón y Valery, dos de su confianza. Por ese sumidero a corto o largo plazo se fueron Kodro, Soberón, Guti, Bare, Moya, Aguirregabiria, Radovanovic, Insua, Saidu, Pomares… El equipo perdió por completo la memoria ganadora con el entrenador, ahora sí, forzado a variaciones de imposible digestión como recurrir a Sebas Moyano o Akouokou, pedir socorro a Dani Gómez y levantar la muralla de la segunda parte contra el Castellón para evitar un cataclismo pero no el sonrojo de la afición pese al empate. De la media docena que le trajo Txema Indias en invierno, sólo Larios y Mawuli estaban para correr. Sellés ha recibido críticas muy duras, pero estuvo muy por encima de las expectativas de un Real Zaragoza enfermo con el que hizo de sanador hasta que señaló a la afición fruto ya de una situación insostenible en su cabeza, en el vestuario, en el campo y en la clasificación.
Descartada la opción de JIM, Lalo Arantegui entregó los últimos cartuchos de la salvación a David Navarro. Sus arengas catequistas han seducido a parte de la hinchada y a la prensa, que ha elevado al técnico al olimpo de los oradores. Pero donde mejor se ha expresado es en el césped. Antes y durante los encuentros, intentando y logrando que sea la fibra sentimental, y no el fútbol limitado que aún perdura, la que reactive el orgullo de sus jugadores y la ilusión de la grada. No ha inventado la pólvora, pero ha sabido colocar la dinamita en el corazón de lugares claves: un 1-4-4-2 de toda la vida con una apuesta personal por Pinilla y la recuperación para la causa de Dani Gómez, que suma cinco goles de los cuales sólo uno aparece como parte de una victoria, el segundo frente al Almería. El resto, el grueso del equipo, es el mismo con el que Sellés exprimió lo mejor de un conjunto con mínimos recursos. En esta nueva etapa se ganó en Cádiz y por fin en el Ibercaja Estadio. Seis puntos y dos poterías a cero… Queda por saber cómo influirá sobre Navarro la primera derrota para conocer la auténtica amplitud de su gestión en una empresa de máxima dificultad que no admite derrotas, para descubrir hasta dónde llega el tratamiento psicológico, por lo general un arma corta si el talento no fluye. Si firma la salvación, seguirá en el cargo según ha declarado Arantegui. En la cima de su todavía modesta colina, se burló del Almería para después pedir perdón virtual en redes sociales. Las bravuconadas mejor reservarlas para la gesta que se le ha encomendado.

