Un triple sin red

El Real Zaragoza persigue la tercera victoria consecutiva en La Coruña para reducir la todavía extrema complejidad de una salvación que no admite tregua alguna

Dos victorias consecutivas en cualquier categoría ya es un logro considerable. Tres, lo que perseguirá este sábado el Real Zaragoza en Riazor (21.00), la conquista de América. Y aun así, con nueve puntos de nueve frente a Cádiz y dos superpotencias como Almería y Deportivo, la amenaza del descenso seguiría llamando a la puerta con insistencia. El diccionario del conjunto aragonés se ha reducido a un solo verbo, ganar, y para conjugarlo David Navarro, su entrenador, continúa predicando desde el corazón, el órgano principal de un equipo achacoso de fútbol que se aferra a la medicina de las emociones para jugar, competir y luchar, para reducir la extrema complejidad de una salvación que no admite tregua alguna. Otro rival en ascenso directo en el camino de la épica menor o colosal, según contemple cada uno la permanencia en Segunda de un club de Primera, otra vez la necesidad de vencer porque un resultado distinto reabriría las fauces de las dudas, sobre todo si Leganés, Valladolid, y Granada salen exitosos de su compromisos. Ahora hay cuatro puntos de distancia con los pepineros, que si pierden en su partido con el Ceuta podría ser uno… Mejor no hacer cábalas con los demás y encestar un triple en esta recta final sin red.

Diga lo que diga David Navarro, un paso atrás será como cien. El entrenador ha condicionado el milagro a unos números de su cosecha particular, unos guarismos psicológicos para hacer crecer la moral de una tropa muy animada después de dos encuentros siendo superior en el manejo de los partidos y dejando su portería a cero. Brillo ha habido poco porque el Real Zaragoza carece de la luz individual y de las genialidades colectivas. Es un bloque militarizado para resistir y aprovechar un descuido del enemigo. El Deportivo está siendo un equipo bastante discreto en su campo y si está en las alturas es por su soberbia respuesta como visitante, la mejor con diferencia del torneo. El equipo aragonés no es un lince en sus desplazamientos, pero ha dado más talla que en el Ibercaja Estadio. Se enfrentan la noche y el día en un momento de la competición donde el pulso se acelera y no siempre es lo que parece. Antonio Hidalgo podrá contar, aunque es improbable que de principio, con su superstar Yeremay, diez tantos, siete asistencias y un valor de mercado de 25 millones de euros, después de tres jornadas de ausencia del canario por lesión. No así con su otra joya, Mella, fuera de concurso para el resto de la campaña tras sufrir una rotura del ligamento lateral externo de su rodilla izquierda contra el Granada. El Almería también tenía a Arribas, 17 dianas y siete pases de gol, y no rascó bola en Zaragoza.

El vestuario está crecido. Se habla de salvación segura y, de nuevo, de que esta plantilla tiene muchos más argumentos de lo que dice la clasificación. La clasificación no es precisamente famosa por mentir, si bien es cierto que ha subido la dosis de fe en un Real Zaragoza que pierde para esta ocasión a los lesionados Keidi Bare y Larios, por lo que Navarro tendrá que elegir entre Tasende, lo más factible, y quizás por Mawuli, el centrocampista que más cerca está de las prestaciones que ofrece el albanés. No hará más cambios el técnico, quien ha metido en la convocatoria a Bakis y Akouokou y no a Agada, fuera de circulación y sin previsión de que se le matricule en el resto del curso. Tampoco se prevé alteración estratégica para seguir con un 1-4-4-2 que ha dado copiosos beneficios. Andrada, Aguirregabiria, Insua, Radovanovic, Tasende, Mawuli, Francho, Rober, Pinilla, Kodro y Dani Gómez puede ser el once en esta nueva finalísima contra un Dépor que pierde a Loureiro por lesión y a Barcia por sanción, lo que le fuerza a realizar variantes en el cuarto sistema defensivo más fiable de la categoría. El Real Zaragoza va a lanzar otro triple que ni siquiera puede rozar el aro. Sobre la bocina de una temporada villana que le ha arrastrado ser héroe a la fuerza. La emoción está servida en bandeja de angustia.

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