‘RoberCop’

La ansiedad nos ciega. Literalmente. Hablamos de la ofuscación, en situaciones de estrés, como el enfado, en el que sólo vemos lo que nos obsesiona y no lo que tenemos delante de nuestros ojos. Esa angustia nos provoca un fenómeno, visual y psicológico, al que llamamos “visión en túnel”. Es decir, sólo percibimos con la mirada lo que tenemos en el foco de nuestra cabeza. Perdemos los estímulos laterales que intentan llamar nuestra atención y quedamos encerrados en el hueco oscuro que vemos. La relación entre el estrés y los ojos no se entiende completamente, pero esto es lo que se sabe: cuando nos sentimos estresados, nuestro cuerpo libera hormonas llamadas cortisol y adrenalina. Estas hormonas preparan nuestros cuerpos para responder a las amenazas percibidas. Puede reconocer esto como la reacción de «lucha o huida». Por ejemplo, la adrenalina, hace que nuestras pupilas se dilaten para que podamos ver más claramente las posibles amenazas. Pero este fenómeno, que nos ayuda a sobrevivir, nos dificulta el comportamiento adaptativo si se produce al margen de una situación de peligro.

La visión periférica, en cambio, es la que nos permite atender a objetos y personas que se mueven al margen del foco central de atención. Permite percibir la totalidad del entorno que nos rodea sin tener que dirigir la mirada a un punto determinado. Nos da información del contexto y nos ayuda a situarnos en el campo de acción con un margen de perspectiva que nos ayuda a mejorar nuestro rendimiento.

El principal cambio de nuestro Real Zaragoza tiene mucho que ver con el cambio de perspectiva en su visión futbolística. Ha pasado de mirar “en túnel” los partidos que disputa, a ver el terreno de juego con una percepción periférica. Algo tiene que ver la capacidad de aprovechar la ansiedad que le provocaba al equipo el estrés negativo, incapacitante, para convertirlo, como en el judo, en un “distrés” positivo y activante. El conjunto blanquiazul ha empezado a carburar pasando de jugar desde lo bidimensional a circular con y sin balón con actitud de tres dimensiones. Quizás sea la única fórmula cuántica de llegar a una salvación que es más propia de un universo en cuatro dimensiones, con la variable del espacio-tiempo como un componente al que hay que superar contra el agujero negro del reloj del que hay que escapar en estas últimas jornadas. Lo más difícil no está hecho, pero lo más cercano sí. Lo lejano se acerca y de lo próximo nos ahuyentamos. La salvación es posible y la condena es más casi que probable. Ahora que volvemos a orbitar la Luna de cerca, nosotros miramos el dedo de nuestro Real Zaragoza. Un pequeño paso para el fútbol, pero un gran paso para la afición zaragocista.

El partido del domingo tuvo cambio de hora, pero comenzamos a tiempo. Llegamos sin adelantarnos una hora al inicio previsto. Aunque el “speaker” iba con retraso. Cuando Carlota Gasión, la campeona de España de atletismo sub-16 y jugadora del juvenil femenino del Real Zaragoza, salía del césped tras hacer el saque de honor, nos llegaba el anuncio por megafonía de lo que iba a suceder tras haberlo visto. El regreso al futuro nos llevó a disfrutar del pasado. Cosas de la relatividad de este club.

En lo futbolístico, el partido tuvo un protagonista: Rober González. El jugador extremeño es un futbolista que sólo se puede disfrutar en el campo. No es posible seguirlo por televisión. Aunque puede que, a este ritmo, no nos quede más remedio que verlo de lejos si se sigue elevando su estela de futbolista total. Llevábamos toda la temporada con una “visión en túnel”, mirando hacia el campo con ojos de aburrimiento, para bostezar ante el cúmulo de pases laterales llenos de incapacidad. Y de pronto, hay un jugador que desarbola, busca grietas en las rocas de equipos curtidos y alcanza cumbres sin quedar enriscado. Es uno de los pocos jugadores que ataca hacia atrás, robando balones, y que muerde al rival al que hunde sin balón sin que sepa de dónde le ha venido el torpedo blanquiazul. Pero es que, además, sabe defender hacia adelante, desahogando a la defensa y a la medular. Enfila en diagonal y penetra recto. Salva obstáculos mientras siente las piernas de los adversarios cerca de sus tobillos, y sólo pueden atraparle cogiendo su camiseta. No sabemos si para hacer falta o para pedir que se la firmen

Esta mezcla de jugador y atleta, de comando y soldado regular, miliciano anárquico y leal combatiente, de revolucionario republicano del fútbol y monárquico seguidor del rey Navarro, es todo un espectáculo. Mereció la pena ver en directo en el modular la riqueza artística que sólo se pudo apreciar desde unos andamios que agradecieron el contraste. Para disfrutarlo, hasta el cierzo amainó con el valor del sol y el hervor de los goles. Sin duda, la rebelión contra la inteligencia artificial de esta propiedad está en jugadores como Rober. Sólo ahora, una vez que ha sido despejado algún obstáculo de la dirección, puede rebelarse y nuestro particular Robercop disfruta de toda su capacidad, como lo hacía el ‘RoboCop’ original (Paul Verhoeven, 1987). La crítica de esa mítica película contra la sociedad de los poderes corporativos de la época, que representó el presidente Reagan, encajaría con los entramados del negocio que mantiene secuestrado a nuestro club y a buena parte del fútbol profesional.

Nos queda una semana corta que, tras la victoria, se nos hace larga. El ritmo que apuntaba en mi artículo anterior nos permite un fallo en los dos próximos encuentros y mantener una tendencia que se ha demostrado estable a pesar de la derrota en A Coruña. Es el mejor síntoma de que las defensas se están reforzando en el anémico cuerpo que se ha encontrado el nuevo míster maño. Con actitudes comunes como las que vimos en la celebración de los tantos de nuestro equipo. La cesión del triunfo del gol de Dani a su pasador Francho, o la sinceridad de Tasende por no apropiarse del todo de un gol que había empujado sin tocar el balón, dicen mucho de un equipo y un banquillo de suplentes que insuflan más que suplen. Como en la mencionada película distópica, que se asoció al género cyberpunk, el Real Zaragoza estaba tan muerto como el agente Alex Murphy, tras ser asesinado por unos matones a los que no parecía interesarles el fútbol. Pero ahora David Navarro es nuestro señor Morton, que ha convertido un cadáver en un equipo RoboCop.

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