Campaña publicitara para un zaragocismo de otra fe

Es interesante comprobar cómo la dirección del Real Zaragoza, no sé si también los propietarios, ha sabido reaccionar a la derrota del domingo en el modular cuando todo se había conjurado para un triunfo ante el colista que daría un golpe de timón a la permanencia. Las declaraciones de Rober lanzando una arenga sobre la convicción del vestuario de cara a no descender, la puesta a la venta de las entradas para el desplazamiento a Córdoba, el anuncio del horario del partido del Alcoraz frente a la SD Huesca, el post de Marcos Cuenca con la última formación titular del Real Zaragoza con el uniforme avispa y el texto «ocho finales, nadie baja los brazos», la felicitación al histórico Nino Arrúa por su cumpleaños», la serie de mini reportajes sobre la renovación de Lucas Terrer, el anuncio de la vuelta de Raúl Guti a los entrenamientos, la rueda de prensa del goleador del equipo Dani Gómez…

Una campaña publicitaria tan intensa como si se pusieran a la venta pisos de lujo, coches eléctricos o viajes a La Ribera Maya, evitando cualquier posicionamiento de urgencia para no hundirse. Se trata de una táctica de venta para mantener encendida a la afición y que su llama siga iluminando los ojos de los zaragocistas, los más jóvenes y los veteranos, en este último tramo de la Liga. Por eso me pregunto si se trata de algo que hayan concebido los nuevos responsables recién llegados tras el cese de Rubén Sellés y de Txema Indias, que tanto daño le han hecho al club, así como la renovación de Gabi antes de contratar al peor director deportivo del Real Zaragoza del siglo XXI.

El fútbol, en cualquier caso, es muy complicado y si estás desplomándote al abismo las últimas temporadas agarrándote a piedras, ramas y raíces, el aplauso de quienes están arriba y sus ánimos más fervorosos, a veces, no se escuchan por el estrépito de la caída. O como mucho, suponen un recuerdo maravilloso en los últimos minutos de tu vida antes de viajar a la oscuridad desconocida de nuestro vagar por el espacio compartido de la nada.

También están preparando como ya he comentado alguna vez estas últimas semanas, la transición positiva hacia un futuro adanista: olvidar el pasado y comenzar una nueva etapa sin la unión desesperada a los recuerdos más formidables de noventa años de existencia como club. Dejar de recurrir a los trofeos en las vitrinas, a las tardes extraordinarias en La Romareda y a futbolistas emblemáticos que ya no están con nosotros o han envejecido hasta convertirse en sombras difícilmente reconocibles. Es decir, organizar el club desde un núcleo aragonés que empiece de cero para crear una nueva historia con el estadio buscado como la gran catedral donde no se profese otra fe que el zaragocismo y ser internacional a través del Mundial de Marruecos.

Solamente quiero desearle suerte al Real Zaragoza y esperar que esta lucha a vida o muerte que significan los ocho próximos partidos finalice con la permanencia, aunque sea en el último segundo del tiempo extra del partido en el estadio modular ante el Málaga. Deseo haber cumplido mis cincuenta años de profesional de la comunicación, con todos mis objetivos cumplidos, y sin la tragedia de sufrir un descenso vergonzoso cuya culpabilidad es de los propietarios desde que la Fundación le compró la SAD a Agapito Iglesias.

Leave a comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *