El Real Zaragoza y sus miedos visitan a un Huesca más agobiado, pero con mayor tono físico, con la victoria no sólo como herramienta de caza sino escudo para una posible batalla más larga
El Cádiz parece dispuesto a despeñarse en cualquier momento por la ladera del descenso. El grupo que le persigue, liderado por un Real Zaragoza a tan sólo tres puntos de distancia con el Huesca y el Mirandés, que esta jornada se enfrenta a la Cultural, a rebufo, contemplan a los andaluces como la gran y única esperanza para su salvación. En el fondo de esa euforia provocada por la constante autodestrucción del ahora equipo de Imanol Idiakez subyacen otros comportamientos similares: los que están por debajo tampoco ganan. Esa atrofia clasificatoria se desvanecerá en cualquier momento, pero ¿y si lo hace el Cádiz por ejemplo imponiéndose al Las Palmas en el Carranza el próximo lunes? El conjunto de David Navarro visita este domingo El Alcoraz (18.30), y debería hacerlo no sólo motivado por la posibilidad de sumar tres puntos que en caso de derrota los gaditanos le sacarían de los puestos de máximo riesgo, sino como parte de un camino y no el final. Porque la batalla por la permanencia va a ser más larga de lo esperada. De partida es innegociable el triunfo en el duelo regional sin esperar a que el Cádiz sufra o no un nuevo accidente. La victoria es un herramienta de caza, pero sobre todo un escudo para el peor escenario posible.
Hay un problema. La SD Huesca quiere la misma joya del escaparate porque para los altoaragoneses están todavía más necesitados en la que, para ellos sí, sería la última estación en caso de descarrilamiento por tratarse además de un enfrentamiento directo. En este partido de tintes dramáticos existe un matiz que el Real Zaragoza ha de administrar: quien juega con la tragedia casi inmediata de la pérdida de categoría es su adversario. Por contra, los de Navarro, que en el peor de los supuestos todavía contarían una remota opción de seguir en la lucha, coquetean con una catástrofe histórica, una caída a Primera Federación para la institución deportiva más importante de esta Comunidad. La gestión de las emociones, más bien de los miedos, resultará fundamental porque a ambos les falta fútbol, gol y seguridad defensiva. Por eso el encuentro, pese a su altísima carga de responsabilidades, va a carecer de vértigo, de velocidad y cada pase necesitará la presencia de un notario de la seguridad. En ese equilibrio de fragilidades, quien marque primero tendrá una ventaja prácticamente decisoria. Frente a ese embotellamiento de ideas y habilidades, el balón parado (el imperio de Jorge Pulido), oficio que los locales manejan bastante mejor, amenaza al Real Zaragoza y a un Andrada que seguirá en la portería pese que en los últimos tiempos es un auténtico flan.
La estrategia es que no ocurra nada hasta que el adversario se equivoque. Si no es así, el empate sería una condena compartida, un resultado lógico por el rendimiento global de los dos equipos pero improbable porque en algún momento, más tarde que temprano, se buscará el triunfo a la desesperada. La SD Huesca no vence con José Luis Oltra en el banquillo. El Real Zaragoza no lo ha hecho en las cuatro últimas jornadas coincidiendo con la versión más vulnerable en la era Navarro. Pese a ese emparejamiento de marcadores infelices, los oscenses han subido su tono competitivo frente a un contrincante con mucho gatillo y nula puntería. La igualdad que refleja la tabla es justo reflejo de una situación límite, labrada durante una temporada de temblor en los banquillos (siete entrenadores) y pésimas direcciones deportivas (dos despidos). En ese caos llega este espectáculo de dos vecinos a guantazos por un trozo de escalera. Ni un gramo de épica, ni un átomo de rivalidad por mucho que quiera vestirse la cita con el tradicional traje de las viejas rencillas que no de los derbis. El partido, lejos de una exhibición de esgrima, será una batalla con palos y piedras.
Lo de Fernando López y Mariano Aguilar en el palco de El Alcoraz en representación del club me parece de alta traición hacia el aficionado del Real Zaragoza salvo que lo hagan en nombre del Atlético. Lo grotesco no tiene límites.
— Alfonso Hernandez (@alfonherndez) April 25, 2026
El Real Zaragoza actúa de visitante y sin un aficionado en la grada. En el palco se sentarán Fernando López y Mariano Aguilar en representación del club y traición, una más, al zaragocismo. El Alcoraz ha vendido todo el papel a su gente y se lo ha negado al forastero en otra ignominia de este fútbol que cada día se esmera en aniquilar la influencia de las hinchadas en todos los frentes. Primero, los clubes: ahora, los estadios. La atmósfera, por lo tanto, será favorable al cien por cien a la SD Huesca, con zaragocistas viviendo el duelo fuera, exiliados del juego en directo, animando con la garganta rota desde el exterior. Los futbolistas de David Navarro escucharán ese sonido de los tambores que le han acompañado siempre y que se niegan a rendirse… Todo este domingo tiene algo de apocalíptico. Lo del director general y el consejero atléticos lo confirma, No hay favoritos entre perdedores, pero sí una cuestión que puede hacer desnivelarse la balanza si, como se prevé, el asunto va para largo: la SD Huesca tiene más físico que un Real Zaragoza lisiado que va parcheando Navarro con mejor o peores formas.
Recupera el técnico a un Guti sin ritmo pero pierde a Keid Bare. El centro del campo va a estar en manos de la robustez africana de Mawuli y Saidu y de un Francho en la lista del quirófano por su maltrecha rodilla. Insua va a medio gas en defensa y Kodro, que volvería para formar con Dani Gómez en el caso de que se recupere el doble punta, está tieso, no tanto como un Roberto diferencial cuya musculatura tampoco recomienda sobreesfuerzos. Pinilla está mas agotado mental que físicamente y de Soberón, mejor no fiarse. El Real Zaragoza se presenta en El Alcoraz dentro de una ambulancia sin margen para lamentarse de sus dolores. Con o sin aliento debe ganar y esperar a ver lo que sucede el lunes en el Carranza. ¿Porque el Cádiz va a perder siempre? Y si lo hace, el Mirandés parece muy dispuesto a dar guerra en este encarnizada cruzada del fin del mundo. Lo único seguro es que caer en Huesca está rotundamente prohibido.

