Estado de descomposición

El Valladolid explota los errores de un Real Zaragoza sin latido competitivo ni ofensivo, rendido al espantoso destino que viene labrando desde la primera jornada (2-0)

Aunque el Cádiz esté empeñado en bajar con el Huesca y el Mirandés al acecho, el Real Zaragoza descarta cualquier tipo de favor. En Pucela se le presentaba la oportunidad, por enésima ocasión, de ponerse a rebufo de los andaluces, pero es un equipo sin latido competitivo ni ofensivo que sumó en su tozuda resta la tercera derrota consecutiva sin ver portería. El reloj del descenso lleva tiempo marcándole la hora de despedirse del fútbol profesional y en Pucela se detuvo definitivamente. Para salvarse necesita ganar los tres partidos que quedan, Sporting, Las Palmas y Málaga, pero carece de todo tipo de argumentos para soñar siquiera con esa hazaña. El Valladolid, con la continuidad en la categoría en juego, no tuvo que hacer grandes malabares para rubricar la permanencia, tan sólo explotar los errores de un rival espantoso en todas las facetas, descreído de sí mismo y de su entrenador, foco de todas las enfermedades endémicas en su génesis y las que ha ido recogiendo por el camino hasta entrar en un estado de absoluta descomposición. Un día antes del 31º aniversario de la conquista de la Recopa de Paris, se despide virtualmente de lo que fue para ingresar en un submundo del que se desconoce cuándo regresará. La propiedad actual, germen de esta ignominia, está poniendo las primeras piedras para ilusionar a la afición con un viaje de placer por las cloacas. Todo está corrompido.

Habrá que gestionar tres jornadas malignas sin un ‘Sí se puede’, sin un ‘Zaragoza nunca se rinde’, sin discursos motivadores para maquillar lo ha sido imposible desde el amanecer de la competición. Dos de ellas en el Ibercaja Estadio, el campo construido como enlace de la gloria de la Nueva Romareda, un avispero metálico que la próxima temporada acogerá encuentros de baja cuna. ¿Se sentarán en el palco los representantes del fondo de inversión y sus abyectos políticos? ¿Cómo responderá la hinchada después de recibir como herencia la mayor humillación de la historia? Si hay algo parecido al infierno, es lo que está por venir, un pasillo con llamas en la grada y hielo en el césped. La mortificación se ramifica por los meandros de una de las instituciones más nobles y valerosas de esta tierra, reducida a cenizas por todo tipo de pirómanos en las últimas dos décadas. Dejarse llevar, gritar al vacío, llorar… Todo será inútil porque el Real Zaragoza ya no pertenece a su gente, sino a una cuenta de resultados, a tipos sin escrúpulos que se golpean el pecho con sus acciones y piden el amor incondicional cuando sus títulos bajan en bolsa. Nayim haciendo llover del cielo de su magia un balón por encima de la cabeza de Seaman; Aguado elevando su brazo de hierro en La Cartuja para dirigir a los suyos hacia la victoria; Galletti dibujando una parábola galáctica en Montjuïc; Javi Moreno exprimiendo la sangre de su cabeza rota en la Supercopa. Todo estos momentos se deslizaran, como lágrimas arrastradas por la lluvia, por el recuerdo de generaciones que ni imaginan lo que fue este club.

Valladolid era la última estación y desde hace días se intuía que el tren de David Navarro iba a descarrilar. La locomotora del Real Zaragoza no lleva maquinista ni en el campo ni en el banquillo, y los futbolistas van por los raíles con la estimulación fracturada. A los tres minutos, uno de los conjuntos que mejor interpretan el balón parado botó un córner y estableció un par de pantallas para que Latasa marcara de un frentazo. El Yamiq e Insua, quien había concedido el saque de esquina con un despeje demencial, ni se personaron para acabar en la enfermería, con Gomes y Pomares desguarnecidos en sus puestos. Bare y Moya habían sido los elegidos para pilotar la medular, con Francho a la derecha para estirar alguna salida, con Rober como única futbolista capaz para inventar donde ni el físico ni la calidad técnica habitan. El conjunto de Fran Escribá se conformó y el Real Zaragoza se fue a la aventura. Dani Gómez tuvo una ocasión, Kodro disparó al poste y Moya lo intentó desde lejos. Pero Gomes, relevo de El Yamiq, pecó de inocencia en la recta final y quiso domesticar una pelota con el pecho con Carvajal en su nunca. El joven y debutante delantero se anticipó, burló a Adrián y estableció el 2-0. Con diez jugaba el Real Zaragoza porque Soberón, cuatro minutos después de entrar por un Insua lesionado, hizo una entrada incomprensible. O sí, porque la acción del delantero se enmarca dentro de la descomposición de este equipo exterminado.

Real Valladolid 2: Aceves; Alejo, Tomeo, David Torres, Clerc; Ponceau (Marcos André, m.70), Juric, Lachuer (Maroto, m.62); Peter (Sanseviero, m.62), Latasa (Amath, m.84), Biuk (Carvajal, m.84).

Real Zaragoza 0: Adrián Rodríguez; Juan Sebastián, Insua (Mario Soberón, m.77), El Jamiq (Alejandro Gomes, m.46), Larios; Keidi Bare, Toni Moya; Francho (Kodro, m.64), Rober, Cuenca (Hugo Pinilla, m.56); Dani Gómez (Pomares, m.77).

Goles: 1-0, M.3: Latasa. 2-0, M.86: Carvajal

Árbitro: Andrés Fuentes Molina (Comité valenciano). Amonestó a los locales Biuk (m.23), David Torres (m.41), Ponceau (m.57), Lachuer (m.58), Mario Maroto (m.66), y a los visitantes Insua (m.15), El Yamiq (m.45), Pomares (m.79), Larios (m.90). Además, mostró roja directa a Soberón (m.81).

Incidencias: Partido correspondiente a la trigesimonovena jornada de LaLiga Hypermotion, disputado en el estadio José Zorrilla ante 17.969 espectadores. Con motivo del 200 aniversario de su fundación, representantes de la Policía Local de Valladolid realizaron el saque de honor

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