El beso de la peste

El Real Zaragoza culmina su descenso virtual ante un Sporting que se entretiene con un equipo esclavo de todas enfermedades administrativas y deportivas que amenazan con seguir instaladas en el club (1-3)

La crónica dramática carece de sentido. La tragedia, también. Se veía venir de lejos que este Real Zaragoza no tenía solución, que su destino era el descenso a Primera RFEF, algo que ha firmado de forma virtual en una noche para la leyenda negra. Se iba salvando a golpe de agonía y de favores hasta que esta temporada ha reunido todas las enfermedades administrativas y deportivas para despedirse del fútbol profesional sin dignidad alguna, sin ofrecer la mínima resistencia. Ha dejado que la peste que habita en sus entrañas desde hace dos décadas le bese, una infección que amenaza con seguir instalada en el club en ese futuro por una categoría que no pisaba desde 1949. Tenía que ganar al Sporting; después al Málaga y Las Palmas para conseguir una permanencia épica. Todavía puede lograrlo si vence esos dos partidos. Suena ridículo acudir a las matemáticas. Y lo es. El conjunto de Borja Jiménez, sin sus colosos ofensivos, Otero y Dubasin, se entretuvo en el recreo jugando a las cuatro esquinas con centrocampistas y mediapuntas contra un rival arruinado mental y físicamente, abandonado definitivamente por su afición, que pidió la dimisión de la directiva y lanzó billetes en lo que en estos tiempos son protestas simbólicas.

Cualquier parecido del Real Zaragoza con un equipo de fútbol es pura coincidencia. No ha llegado hasta aquí por casualidad. Último, huérfano de gol, atestada su plantilla de exfutbolistas y retales, de profesionales contratados con viejas lesiones o sin preparación para aguantar más de medio tiempo sobre el campo. Recurrente de niños como Gomes, Saidu, Pinilla o el debutante Tobajas en una trinchera abandonada por los cobardes, por decisiones técnicas insultantes. ¿Dónde estaban Akoukou, Cumic, Agada, Mawuli? Un Real Zaragoza recolector de entrenadores carentes de conocimientos y personalidad. Cojo se fue al descanso Radovanovic. Roto se marchó El Yamiq. Rober entró en la citación pero salió de ella antes del encuentro. Todo está contaminado, hasta los servicios médicos, por una propiedad canalla, cagona, con representantes de gomaespuma en el palco como Fernando López, director general por la gracia de las puertas giratorias del Atlético. Gritó la gente, algunos lloraron, otros simplemente se fueron resignados del Ibercaja Estadio, tumba metálica para soldados desconocidos, sin galones. Templo de todas las derrotas.

Saidu marcó primero de un latigazo. En la celebración ya se palpaba una alegría contenida, como si todos se sintieran bendecidos por lo inesperado. Asustados por la ventaja. Nada se jugaba el Sporting. O todo porque aun azotado por ausencias ilustres mostró en todo momento una superioridad aplastante con el balón, ese objeto que el Real Zaragoza lleva como penitencia cada vez que lo tiene en su poder. Gelabert, Corredera, Justin o Gaspar parecían proceder de otra galaxia. No tardaron en empatar los asturianos en un córner, la hemorragia de siempre, mal defendido. Pierre anotó de cabeza a centímetros de Adrián, quien cometió penalti en otro cataclismo defensivo colectivo. Por una grieta colosal se coló Álex Corredera, derribado por el portero, héroe maldito con intervenciones que evitaron una humillación mayor. El propio centrocampista lanzó la pena máxima y el guardameta la detuvo, pero con los pies fuera del tiesto. En la repetición hizo el 1-2 el Sporting. Llegó el descanso y por megafonía sonó Viva la vida de Coldplay con todo el zaragocismo de luto. El colmo musical de los despropósitos.

Sin sangre, sin alma, sin un gramo de fútbol la segunda parte transcurrió sin noticias de un posible empate. Sólo llegaba el eco de la fatalidad con el Real Zaragoza descarriado por el césped a la espera de la puntilla, que se encargó de darla Amadou Coundoul a portería vacía. En Canarias, la próxima semana, se oficializará el adiós a Segunda de su inquilino más viejo, más achacoso, en manos de unos dueños sin escrúpulos ni cultura futbolística que se mantendrán al frente en Primera RFEF. Con una estructura que se está construyendo sin ánimo de un regreso inmediato. Un proyecto que apesta a conformismo, rancios asesores de otras épocas igual de oscuras y un fuerte tufillo amateur. No hay motivos para derramar una lágrima, para escandalizarse, para alzarse contra el poder que ha fusilado la esperanza de la hinchada. El Real Zaragoza ha sido enterrado en una fosa común, bajo la nueva Romareda sobre la que bailarán sus magnicidas locales y extranjeros con Viva la vida de fondo, la suya.

Real Zaragoza 1 : Adrián Rodríguez; Juan Sebastián (Ale Gomes), El Yamiq, Radovanovic (Kodro), Tasende (Larios); Saidu; Cuenca (Sebas Moyano), Toni Moya, Keidi Bare, Hugo Pinilla (Tobajas); Dani Gómez.

Sporting de Gijón 3 : Rubén Yáñez; Rosas (Kevin) , Pablo Vázquez, Perrin, Andrés Cuenca, Pablo García (Diego). Manu Rodríguez, Alexandre, Justin Smith (Amadou Matar); Gaspar y Gelabert (Bernal).

Goles: 1-0 Saidu, minuto 23. 1-1 Perrin, minuto 29. 1-2 Alexandre, minuto 41. 1-3 Amadou Matar, minuto 94.

Árbitro: González  (País Vasco) amonestó a Pablo García, Yáñez, Bernal por parte del Sporting y a Adrián. por parte del Real Zaragoza.

Incidencias: Partido correspondiente a la 40ª jornada en la liga Hypermotion disputado en el Ibercaja Estadio con la presencia de 12.316 aficionados que comenzó con un minuto de silencio por el fallecimiento de Miguel Pérez Alloza, padre del segundo entrenador del Real Zaragoza Néstor Pérez.

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