El consejero, responsable del descenso a Primera RFEF como valedor político ante su amigo Jorge Azcón de Jorge Mas y la propiedad, apunta a un cuarto ejercicio de supervivencia dentro del club para pilotar el Real Zaragoza hacia abismos mayores
Las miradas del descenso todavía virtual se han dirigido a todas partes, y Juan Forcén tampoco ha podido evitar estar en el centro de la diana crítica. Durante 13 años entre presidentes, directores generales, directores deportivos, entrenadores y jugadores pasados la mayoría a cuchillo, el empresario aragonés ha conseguido sobrevivir en un ejercicio de malabarismo sin parangón en este club, siendo protagonista adjunto y finalmente principal de la decadencia progresiva del Real Zaragoza. Con los comisionistas de Agapito Iglesias, la Fundación y la multipropiedad que se encargó expresamente de aproximar a César Alierta como la opción más atractiva para ejecutar el cambio accionarial, ha ido escalando posiciones y ganado jerarquía silenciosa pero efectiva sin poseer cultura futbolística alguna. Sostenido por su íntima amistad con Jorge Azcón hasta convertirse, fruto de la anarquía gobernante en la institución, en portavoz del grupo que representa Jorge Mas, Forcén se ha ido rodeando de asesores deportivos de medio pelo o pasado agapitista, bien acompañado de la oligarquía a la que pertenece desde su ático. El resultado es el Real Zaragoza de la vergüenza. Lo más alarmante es que todo apunta a que dilatará su virreinato por cuarta vez, en esta ocasión fuera del fútbol profesional, a la cabeza de la entidad y dentro de la sociedad mixta Nueva Romareda.
Mefisto se ha hecho eterno a la derecha del padre político y financiero para transformar el Real Zaragoza en instrumento de una ambiciosa operación inmobiliaria. Este curso Gabi, Txema Indias, Rubén Sellés, David Navarro y la plantilla al completo han hecho fila hacia la guillotina, con Fernando López y Mariano Aguilar en el palco hasta que el segundo ha decidido ausentarse del Ibercaja Estadio a medida que la afición entraba en combustión. Forcén tampoco estuvo ayer en su butaca. Los satélites de Atlético de Madrid tienen ya poca vida útil en esta plaza y en breve serán enviados a otras misiones rojiblancas. No así el doble embajador, con un paquete de acciones inflado para edulcorar su imagen y empeñado por recomendación de su pequeña y rancia legión de orientadores en convertir en aragonés todo lo que toque sin atender al valor profesional del producto. El Real Zaragoza ha sido desterrado de la élite, de Segunda y en Primera RFEF puede convertirse en una agencia de representación. Mientras Forcén ponga ladrillo sobre ladrillo para edificar su continuidad y alicatar sus intereses y los de quienes sujetan su correa, el club seguirá cayendo hacia un abismo aún más profundo.
Foto Hoy Aragón


La operación inmobiliaria y de propaganda política y mediática de la extrema derecha que se esta llevando a cabo en Zaragoza alrededor, no solo del club de fútbol más conocido de la ciudad, tiene tal calado que algunas operaciones mafiosas parecerían nimias comparadas con todo esto. Los paganos son los habitantes de Zaragoza capital (que parecen encantados con PP/VOX y las políticas oficiales) y unos 25.000 incautos aficionados que sólo importan para que paguen sus impuestos. Zaragoza se equipara desde ya como ciudad futbolera de regional y quizás para siempre con Murcia, Lugo, Salamanca, Teruel, Logroño, Móstoles, Ourense, Lleida, Llagostera, Sabadell, Antequera, etc. Todo huele a grima y ruina inducida a propósito, y como dicen ustedes esto del fútbol (o el baloncesto) no lo van a levantar los prebostes zaragozanos porque ni quieren ni pueden y casi siempre han jugado sin proyectos deportivos serios y sin perspectivas de futuro.