El rey del vertedero

El Real Zaragoza contiene una alta concentración de lo más mezquino del fútbol profesional, donde todo tipo de depredadores siguen buscando su enriquecimiento político o financiero entre la basura deportiva

No será este espacio una extensión del vertedero en que se ha transformado el Real Zaragoza. El descenso a Primera RFEF ha supuesto una catástrofe deportiva y social que se intenta maquillar o manipular aún con el cadáver aún presente y la afición de luto. Tiene este proceso un pestilente perfume evangélico que persigue convencer a las víctimas emocionales que la salida del fútbol profesional es un paso imprescindible para la resurrección, para una purga que ponga fin a la plaga de cucarachas que se han aprovechado del club pero con un insecticida que en lugar de aniquilarlas les permite seguir alimentándose y reproduciéndose. El aparato de comunicación de la institución, torpe pero hábil de mezquindades, se ha puesto a regar el camposanto de informaciones que amenicen lo que es un entierro en mayúsculas para la hinchada y otra forma de gestionar el negocio para los propietarios. Posible cambio accionarial, estreno de presidente, entrenador, fichajes cada cuarto de hora… Enamoramiento del director deportivo y de un aragonesismo orgánico de marca blanca, sin mácula en muchos casos de profesionalismo. Esta estrategia carece de innovación porque se corresponde a los acostumbrados movimientos de la tiranía cuando se siente amenazada, pero la maquinaria de distracción echa fuego hasta que, con el tiempo, se certifique que el nuevo proyecto del Real Zaragoza tendrá el viejo corazón de siempre con un marcapasos de tercera mano.

El comunicado emitido tras el descenso, una escandalosa, falsa y vergonzante manifestación de dolor, está redactado con sibilinos pero directos mensajes que confirman que la vida va a seguir igual por lo que se refiere al espíritu de la operación acordada en 2022. Con una hipocresía amistosa se invita a que empresarios locales a que colaboren para mejorar la salud del fiambre, sin, por supuesto, asegurar que con su aportación vayan a formar integrarse en la dirección del lujoso hospital que se está construyendo con el capital histórico de la entidad y el dinero de los aragoneses sean zaragocistas o no. Los contactos con los posibles interesados, lógicamente, no han fructificado. La propiedad mantiene inalterable su hoja de ruta con un mayúsculo descenso de ingresos que compensará, no sin serios problemas, con los favores de integrarse en una categoría donde se rebajan el control económico y los gastos. Su supervivencia en Primera RFEF está asegurada aunque necesitará una vez más que su alianza con el Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento le permita ausentarse de los plazos de pago por la construcción de la nueva Romareda con la confección de otro calendario a la carta o la insistencia en los incumplimientos constantes con el Ibercaja Estadio. Azcón y Chueca también han descendido, y lo saben, con un Real Zaragoza cuya corona han hecho rodar por el estercolero con los depredadores de siempre buscando su lucro político y financiero. El fondo de inversión lo contempla todo como Dios padre, y en esta tierra desolada el libre albedrío continuará ejecutándose a su voluntad con la prensa como fiel heraldo de las excelentes noticias que ocasionan a diario ser un equipo de Tercera.

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