Recuerdo el recorrido de Johan Cruyff después de jugar en el Ajax de Ámsterdam y en el FC Barcelona, cuando tiempo después regresó a los terrenos de juego y disputó los últimos tres meses de la temporada 1980/81 antes de dar otro giro de tuerca y volver al fútbol activo como si echase de menos pisar los terrenos de juego.
Yo tuve la gran fortuna de verle debutar en España en el Trofeo Teresa Herrera de La Coruña y grabar con un tomavistas súper 8 su primera expulsión. Aún no había empezado a colaborar en Radio Zaragoza; durante su permanencia en el FC Barcelona le entrevisté en un par de ocasiones en La Romareda, bueno, con otros diez o doce compañeros de casa y de fuera. Entonces no había sala de prensa y se recogían las declaraciones de los entrenadores y jugadores en los pasillos que conducían a los vestuarios.
Recuperando el adiós del fútbol español como futbolista, he tenido siempre en mi memoria el reportaje en un periódico nacional que ofrecía unas imágenes con la estrella holandesa (no sé los motivos por los que desde hace un tiempo se denominan Países Bajos) recogiendo su ropa y las botas de fútbol. En esa Segunda División los jugadores se llevaban la camiseta, el pantalón y las medias a casa para lavarlas y los borceguíes para limpiarlos.
Es lo que me parece estar haciendo ahora cerrando la cartera de cuero que me regaló mi amigo Alejandro Alcolea mucho antes de dejarnos para siempre. He doblado el atril de madera donde leo con más comodidad los guiones frente a la cámara, he guardado la pluma estilográfica con la que escribía frases de última hora en los folios y el peine con el que me arreglaba frente al espejo el poco pelo que me queda y la barba, que otra vez voy a tener que recortarme.
La génesis del nuevo Zaragoza apenas me interesa en lo deportivo aunque voy a prestar una atención muy especial a lo que proponga la renovada propiedad, ampliando el poder de Juan Forcén a niveles ya de omnímodo. El grupo familiar de algunos de los que crearon la Fundación Real Zaragoza 2032, apoyan desde la ampliación de capital con la búsqueda de empresas aragonesas o la protección con el control de los medios de comunicación locales como hasta ahora. Porque, como imagino supondrán, mi relación con el club es inexistente.
Será otro tipo de periodismo analizando detalles diferentes y conociendo, a través de mis contactos del interior de las oficinas del club, la tienda y la Ciudad Deportiva, lo que se comenta por allí. Espero que con el temido ERE no vayan a tener que dejar su trabajo quienes en los últimos años me han trasladado algunos aspectos fundamentales para saber por qué actuaban de una manera tan confusa y los motivos de las decisiones del director general.
Fernando López, como anteriormente Jorge Sanllehí, se limitaron a cumplir las órdenes que desde el consejo le dictaban. También se despidió con el trabajo hecho al asumir en el palco los abucheos, pitos e insultos sin que se le moviese ningún músculo de la cara. Y con un comunicado oficial en el que, por lo menos, reconoce que ha fallado.
Dijo Albert Einstein que «No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos». Creo sinceramente que la propiedad actual, con una mayor inversión de Juan Forcén hasta conseguir la mayoría de las acciones, no puede resolver la incertidumbre, las dudas y el rechazo de la mayoría del zaragocismo. Ha quedado bien claro desde que se han ido conociendo los motivos de un descenso por el que no trabajaron lo suficiente para impedirlo. ¿Empezar de cero desde la Tercera División? Vuelvo a mirar las imágenes de Johan Cruyff recogiendo en su bolsa de deporte la equipación del Levante cuando creyó que su fase como futbolista había terminado aunque después regresara de otra manera a la profesión que más le fascinaba.
Agradezco a Alfonso Hernández que me propusiera colaborar en «Príncipes de París» y escribir de una manera muy especial la crónica de la actualidad zaragocista estos meses. Feliz verano y hasta la próxima temporada.

