La ola de entusiasmo generada por la posible llegada de Herrera, a punto de cumplir 37 años y saturado de lesiones, impacta con la opción de mucho mayor simbolismo zaragocista y mejor estado de forma del de Ejea pese a sus 41 años
Puestos a elegir, ¿por qué no recuperar antes a Alberto Zapater que a Ander Herrera si lo que se busca en el proyecto para Primera RFEF es un futbolista que aun lejos de sus días de gloria aporte sentimiento de pertenencia, simbolismo zaragocista y el estado físico suficiente para tener un rol significativo en la tercera división? El centrocampista de Ejea tiene 41 años y su cuerpo ha sufrido diferentes martirios, tanto es así que se planteó abandonar el fútbol en su traumática experiencia en el Lokomotiv Moscú. Aun así ofreció un segundo servicio al Real Zaragoza conviviendo con el dolor y su ilusión por ser útil a un ascenso a la élite que no consiguió, impulsado por su ingente fuerza de voluntad durante siete temporadas en Segunda. La nueva propiedad le buscó destino en una de sus franquicias, el Atlético Ottawa tras una despedida en La Romareda digna de un héroe, uno de los momentos más emotivos que se han vivido en el viejo estadio, una celebración nunca experimentada por jugador alguno en la historia del club.
El pasado 10 de noviembre, Zapater disputó su último partido como profesional levantando el título de Liga canadiense, su primera Liga, al vencer en la final al Cavalry. Colgó las botas después de dos campañas y media en Canadá, pero con Alberto de por medio este gesto es mejor ponerlo en cuarentena. No hay nada oficial –y es muy probable que nunca se plantee su vuelta deportiva por ninguna de las partes–, pero ahora que la ola de entusiasmo generada por la que parece inminente vuelta de Ander Herrera inunda la primera plana de las informaciones una vez que Ibai Gómez y Lalo Arantegui encendieron la mecha de lo magnífico que resultaría tenerle en el vestuario, ¿no debería originar el aragonés en el entrenador y el director deportivo como mínimo el mismo interés que el vasco? La Primera RFEF no es el ecosistema adecuado para ambos, una categoría muy física, bronca y que exige un alto nivel de salud prolongada. El talento y la experiencia siempre son bienvenidos, pero el contexto de este torneo pide perfiles frescos y valora la regularidad por encima de un goteo de calidades espaciadas en un tiempo carnívoro. Si acaso, la universalidad competitiva de Zapater encajaría mejor que la finura de Ander.
El glamur del bilbaíno se ha impuesto por goleada en la dirección técnica. Su pasado en el Athletic, el Manchester United y el PSG para acabar cumpliendo un sueño convertido en pesadilla en Boca, no cabe duda, le ha otorgado un merecido brillo. Se ha expuesto como argumento principal también su zaragocismo sentimental y lo que podría aportar como referencia para los chicos de la Ciudad Deportiva. Aquí chirría un dato: en su etapa en Zaragoza, donde se formó desde niño con el primer equipo, jugó 67 partidos, 19 de ellos en Segunda, para ser traspasado en 2011 al Athletic; Zapater disputó 422 antes de su marcha al Genoa y después de acudir al rescate superado el infierno moscovita, lo que convirtió en el tercer futbolista con más encuentros desde la fundación del club por detrás tan sólo de Xavi Aguado y José Luis Violeta. ¿Quién es más representativo de los dos en el escalafón de iconos de la entidad? Lo que marca aún más las distancias de una hipotética rentabilidad entre uno y otro es lo que se refleja en el campo presente: Ander, con siete lesiones a cuestas en el equipo xeneize, ha participado en 29 partidos repartidos en 1174 minutos, lo que ha conducido a una rescisión de los seis meses que le restaban de contrato, mientras que Zapater, con cuatro más de edad, deja una estela de 60 partidos y 3361 minutos en Ottawa. El Real Zaragoza está muy confundido. También para elegir con qué ex amor volver.

