Javier Garcés, soñar despierto

El nuevo director de la cantera expone un proyecto cimentado en un universo realista pero muy ambicioso que deberá desarrollar en un presente hostil para la formación de futbolistas

Resulta refrescante escuchar a un hombre de fútbol hablar de fútbol con sensatez, conocimiento y fortificada ilusión en paralelo a la etapa más oscura de la historia del club. Javier Garcés expuso su ambicioso y realista proyecto de cantera con sólo un par de años de contrato en el bolsillo, una apuesta tacaña con sus 28 años de dedicación a la entidad y con su innegable experiencia en este campo tan duro como gratificante con cuentagotas en un equipo que, por lo general y también por idiosincrasia, recluta a sus retoños para la élite en épocas de hambruna. 24 meses de confianza son insuficientes para semejante macroempresa, la de dar continuidad a un universo creado por sus antecesores y al que el nuevo director de la cantera quiere aplicar su sello personal. Garcés lo va a intentar con un pequeño reloj de arena en sus manos en busca de la evolución y no de la revolución. Con un buen puñado de ideas clasicas aunque actualizadas que para desarrollarlas exigen un mayor grado de fé contractual y unos medios humanos y de infraestructuras de mucha más envergadura.

Garcés tiene los pies en el suelo porque sabe dónde pisa. Un par de temporadas no le dan ni para sembrar semillas, pero es su sueño y lo quiere cumplir despierto para demostrar que su elección es la adecuada. No lo tiene sencillo en un presente hostil para la formación de futbolistas de futuro porque ese futuro nunca ha sido más incierto y descuidado. Con un presente de intromisiones que dinamitaron la paciencia de Ramón Lozano. Los esfuerzos económicos y generales se van a centrar en sacar al Real Zaragoza de Primera RFEF. Lo demás tendrá que seguir esperando con una Ciudad Deportiva antediluviana en sus infraestructuras. Los pupitres de la escuela están enmohecidos de tanta gotera, y así resulta muy incómodo y complicado impartir clases de pertenencia. Aunque lo importante es la calidad de los profesores, que el techo de las aulas no se venga encima ayuda al interés del alumnado.

El director de la cantera se ha marcado una ruta recta, con el mejor número de curvas posibles, incluida la intransigencia con un deporte que ha profesionalizado a niños falseando la complejidad que supone alcanzar la cima, además de desterrarlos del entorno que por edad y cualidades aún les corresponden. No se va a fomentar la frustración ni la mentira. Sí al aspirante a futbolista próximo a su ecosistema, a su familia con Zaragoza como epicentro de la búsqueda. A partir de cadetes, el trabajo será otro. Entonces se les empezará a preparar en algunos de los secretos del profesionalismo…

Personalidad, independencia, rasmia o compromiso son valores principales para este grupo de trabajo. Paciencia con el reloj biológico porque no siempre el físico sirve para graduar la proyección. Garcés desprende inteligencia, conocimiento de la materia y de una geografía futbolística de la que ha recorrido y habitando cada rincón, incluido el paladar exquisito de una afición adicta al juego en su vertiente más espectacular. Acentúa la necesidad de una simbiosis obligada con los clubes vinculados. Fuera por primera vez de los banquillos, será cirujano del corazón pedagógico del zaragocismo. Sólo falta que le dejen operar sin urgencias y, sobre todo, que el Real Zaragoza entienda y apoye el lenguaje de un excelente gestor que sueña ajeno a las pesadillas del equipo insignia. La aventura de Garcés es de lo poco, si no lo único, que anuncia un propósito de cambio. Intención hay. ¿Herramientas?

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