Lalo Arantegui y su singular armada de colaboradores trabajan en la formación de un equipo competente para Primera RFEF, no tanto para subir directo con la delegación institucional ausentada permanentemente entre bastidores
Todo lo que no sea un ascenso directo a Segunda, puerta que sólo se abre de forma directa como campeón de grupo, será un nuevo fracaso que añadir al listado de una propiedad que a 15 días del inicio de la pretemporada está representada en exclusiva por su director deportivo y en menor medida todavía por Ibai Gómez. Lalo Arantegui, junto a su singular y en gran parte amateur armada de colaboradores y amigos, es la única referencia para la masa social. Sin director general, con la presidencia subastándose ante la más que segura deserción del siempre apóstata Jorge Mas y con la campaña de abonados en el limbo, el foco está centrado en el mercado de jugadores, en fichajes ‘anónimos’ para el gran público –siete por el momento y ninguno principal– cuyas rendimiento real para la categoría habrá que ir descubriendo con la competición en marcha. Jaume Jardí, Rubén Díez, Anartz Peña, Raúl Pereira, Peter Ademo, Jokin Gabilondo y Sergio Escudero. Todos tienen padrinos biográficos que trufan de elogios sus modestas carreras salvo la del lateral vallisoletano, un futbolista reconocido en la élite que a sus 37 años quema sus últimos días en el deporte. Faltan un buen puñado de contrataciones y entre ellas la de un Ander Herrera que viene físicamente consumido y al que se le quiere entregar un liderazgo universal y atemporal de un lirismo que ni encaja en la Primera RFEF ni el supuesto caudillaje que se le presupone fuera del campo. Para ir a este guerra del inframundo profesional hay que acertar al cien por cien con los soldados y no perder un gramo de energía en alistar generales en la reserva que no van a empuñar arma alguna. Tampoco la de la pertenencia si no viene avalada por una ínsula de por vida en el club.
Como es costumbre en esta entidad mancillada desde hace 14 campañas sin el menor escrúpulo por especuladores de todo pelaje, el verano se utiliza como campaña más o menos soslayada de un renacimiento con mugrientas pinceladas de ilusión. El descenso, con una desvergüenza monumental, se está exponiendo como una sanación cuando ha supuesto una grave mutilación futbolística, económica y de prestigio… Las comparativas con otros clubes que han purgado sus penas de una manera similar (Málaga, Deportivo o Racing) y han conseguido resplandecer son argumentos muy desafortunados y desinformados que no guardan paralelismo alguno con este Real Zaragoza, cuya delegación institucional insiste en su ausencia permanentemente entre bastidores. Sombras y máscaras tras un proyecto de nuevo ambiguo con la Nueva Romareda iluminando en exclusiva el interés inmobiliario de la oligarquía zaragozana en simbiosis con un fondo de inversión de afiladas garras. Se ha formado un engendro con la aragonesización total como burda y falsa herramienta de seducción. Y se ha elevado la cantera a elemento primordial de futuro. Nada nuevo en el horizonte de los trileros. Ni a Arantegui van a darle todo lo que solicite ni Javier Garcés verá florecer una Ciudad Deportiva deslumbrante. La realidad está sujeta a los parámetros establecidos por un gasto mezquino y por una incultura futbolística general que personalizan mejor que nadie Juan Forcén y Mariano Aguilar. Mientras ambos tomen las decisiones, aconsejados o no por terceros del mismo ADN, el viaje del Real Zaragoza será a ninguna parte buena.
En ese escenario de improvisación y vacíos de poder auténtico, el Real Zaragoza, pese a todo, ha de asumir desde el primer día y en pública comparecencia que subir es su obligación y su deber. Al menos ha de arrogarse esa responsabilidad de cara a su afición y a su pasado. Sin medias tintas aun con las múltiples limitaciones que arrastra en este negro presente. Desde ese punto de partida, el de la ambición que corresponde a un equipo de su estirpe, no logrará disponer de un vestuario diferencial, pero infundirá a los jugadores que han venido y a los que están por llegar la exigencia que han de afrontar. Sería mucho mejor y más efectivo contar con una plantilla rotunda, incontestable en calidad y con un carácter ganador inoxidable. Se alcanzará un nivel alto aunque insuficiente para distinguirse sobre gran parte de sus adversarios por el ascenso si no barniza su bayoneta con sangre, sudor y lágrimas. Para el Real Zaragoza no hay gloria en Primera RFEF, pero en la medida que pueda tiene que luchar por ella. Arantegui amasa en solitario y condicionado más allá de lo que preveía un grupo combatiente para que Ibai Gómez le dé un toque de distinción. Las primeras jornadas van a decir mucho si no todo de un Real Zaragoza abandonado a su suerte que tiene demasiados enemigos en casa.

