Contemplar como algo natural las imágenes de televisión de la transmisión del partido frente al Juventud de Torremolinos, el escenario del campo de Pozuelo, la alegría de Ibai Gómez por un triunfo que al final fue casi dramático y la presencia de casi un centenar de aficionados a casi novecientos kilómetros de Zaragoza, resulta tan extraño como difícil de asimilar.
Es la realidad más cruel con la que el zaragocismo se ha encontrado nunca, porque en 1948 la ciudad tenía 250.000 habitantes y el campo de Torrero una capacidad para 15.000 espectadores. Para una afición acostumbrada a la élite en los años de los Alifantes, el descenso significó un drama cuando las ilusiones estaban puestas en volver a Primera División. Como ha estado ocurriendo en estas últimas temporadas, los seguidores zaragocistas de entonces continuaron junto al club y presionando cada quince días a la directiva, que finalmente tuvo que renovarse para fijar sus objetivos y ascender. Algo que en estos momentos es una duda más que razonable con la nueva propiedad, del mismo modo que la dimisión, porque ser una SAD impide un movimiento de tales características.
Vivimos una extraña realidad donde parece que el ensoñamiento colectivo se ha apoderado de la sociedad. Sumidos en un fracaso político en los países democráticos desde hace años, los conflictos bélicos provocados por las potencias mundiales hacen que Europa pueda tener un final muy parecido al del Imperio Romano; la inflación, los altos impuestos y la corrupción debilitaron las finanzas del Estado, las continuas incursiones y migraciones de pueblos como los visigodos y los vándalos, desestabilizaron las fronteras provocando la división del Imperio, además de la separación definitiva entre Occidente y Oriente en el año 395 d.C, que restó capacidad de resistencia a la mitad occidental del Imperio.
Todo es cíclico, las diferentes civilizaciones han durado siglos pero todas terminan de una manera similar pese a la tecnología desarrollada por las diferentes sociedades que, al final, fueron su tumba. Y aunque me estimularía escribir sobre la ocupación islámica en el mundo civilizado en connivencia con la extrema izquierda y sus ideales totalmente contrarios a los descendientes de Mahoma hacia el año 610 d.C, no voy a castigarles con una interpretación personal de nuestro destino.
Lo que deben asumir la plantilla y el cuerpo técnico es que no tienen los mejores jugadores de Primera Federación, que les falta un esquema práctico y fácilmente modificable durante el partido, además de tres jugadores clave: Wanderveld parece que ha entrado en una crisis interna, con solo Rubén Iranzo y Diego González no se puede asumir la seguridad defensiva y Joaquín Delgado aún no se ha estrenado como goleador.
Por eso el trabajo de Lalo Arantegui se centra en el mercado de invierno para intentar dar el salto de calidad que permita llegar en primera posición al tramo final de la Liga pero sin olvidar que, con lo que hay, no se puede caer del grupo de cabeza. Y eso pasa por ganar todos los partidos en el Modular.

