El conjunto aragonés activa en un final delirante su espíritu empecinado e iguala con goles de Jardí y Diego González el 0-2 de un Villarreal B de elegante finalización (2-2)
El Real Zaragoza volvió a encontrar en su corazón al jugador número 12. Otra vez, como en Alcalá de Henares contra el Atlético Madrileño, igualó dos goles de desventaja en los últimos minutos, a la brava, con Ibai Gómez quemando todas las naves ofensivas con su pasión de entrenador intrépido, de mecánico que repara sus errores o lucha contra los elementos. De nuevo, como hace una semana, con la cabeza de Diego González elevándose sobre lo imposible, en aquella ocasión para ganar, en esta para evitar la derrota frente al monstruo que vino a visitarle, un Villarreal B líder en todos los sentidos que dominaba por 0-2 en el marcador en el minuto 86. Al conjunto aragonés se le habían agotado las fuerzas y con los cambios su estructura agónica se sostenía sobre la cantera con Pau Sans, Saidu, Vadillo y Tobajas como último recurso, el de los chicos capaces de jugar dentro de la casa así esté en llamas y los bomberos renuncien a entrar. El ghanés provocó un penalti y Sans posó el balón en el área pequeña para que Diego se anticipara al estupendo Kinareykin en su segunda salida. El partido, vibrante y de fases alternas de dominio y ocasiones, dejó en claro que el Ibercaja Estadio vio a los dos mejores equipos de la categoría. El Real Zaragoza comprobó que el Submarino de David Albelda es su gran rival para el ascenso directo. Sólo han transcurrido diez jornadas, pero sería una sorpresa que uno de los dos no se coronara campeón. Con argumentos distintos, tiene cada uno su ángel.
El Villarreal B está hecho con mucho más que producto autóctono. Dispone de futbolistas de rango superior en lo físico y lo técnico, captados de aquí y de allí, joyas buscando comprador en el escaparate de Primera RFEF. En todo momento dio al encuentro su personal aire de supremacía, pero sufrió frente a un Real Zaragoza más conservador que nunca que en cuanto se desprendió de sus complejos iniciales disparó las alarmas de los castellonenses. Sin Terrer, lesionado, Ibai junto por primera vez este curso a Ander Herrera y Rubén Díez y recuperó a Ademo. Cuando el nigeriano se puso en marcha, Ureña empezó a agitar sus aspas, Jamelli encendió la iluminación y el cuadro groguet sintió el aliento de la amenaza. A balón parado encontraron los locales el camino más corto con un remate suave de Diego González a las manos del portero y otro de Iranzo al larguero. Jardí, que se unió a la causa, hizo que se luciera Kinareykin con un derechazo malintencionado. El fútbol era de color amarillo pero las oportunidades tenían acento aragonés. El encuentro entró en los márgenes del equilibrio de fuerzas con Gaitán y Albert García envenenando cada transición, poniendo a Rubo Iranzo contra las cuerdas mientras Sangalli le hacia las coberturas a punto de la extremaunción o Westerveld ejercía de líbero fuera de sus dominios para salvaguardar las espaldas de su retaguardia. El partido había entrado en erupción y el sismógrafo avisaba de la proximidad del terremoto.
A la hora del encuentro, Ibai Gómez retiró a Herrera, Espiau y Ureña y entregó los trastos a Pau Sans, Vadillo y Tobajas en un triple movimiento entre el arrojo y el suicidio que el Villarreal B contestó con dos acciones de lujo, un pase con el exterior de Gaitán para Albert García para que ocupe lugar preferencial en el museo de las asistencias. El delantero se plantó solo ante Westerveld y lo fusiló como colofón a una jugada perfecta. Seis minutos después, un centro de Eneko Ortiz desde su lateral lo incrustó en la portería Álvaro García, burlando toda marca en su asalto al segundo palo. Se acabó. La afición, sin embargo, se negaba a abandonar sus localidades, como si supiera que la obra aún le reservaba emociones. Tenía motivos la hinchada para confiar en un final distinto, se los había dado el equipo en anteriores jornadas, y no rebajó lo más mínimo sus cánticos, su apoyo. Kinareykin detuvo el penalti a Jardí pero el extremo recogió el rechace y acortó distancias. El reloj del Ibercaja Estadio comenzó a echar fuego y el Villarreal a oler a quemado. Entonces saltó Diego González en posición de ariete por encima del guardameta visitante y del minuto 93. Había hecho un partido soberbio en su lugar natural. Con el campo rociado por el aroma de la Ciudad Deportiva, el central acudió puntual a rescatar a este Real Zaragoza de corazón salvaje.
Real Zaragoza 2: Westerveld, Sangalli, Rubo Iranzo, Diego González, Escudero (Joaquín Delgado, minuto 72); Peter Ademo, Ander Herrera (Tobajas, minuto 58); Ureña (Vadillo, minuto 58), Rubén Díez, Jaume Jardí y Edu Espiau (Pau Sans, minuto 58).
Villarreal B 2: Kinakerikin; Arnau, Álvaro García, Chukwuama, Eneko; Viveros (Bonafé, minuto 78), Pascual (Ayman, minuto 87), Cheikh, Joselillo Gaitán; Baratucci (Fofaná, minuto 78) y Albert (Alcaide, minuto 87).
Goles: 0-1, Albert García, minuto 64. 0-2 Álvaro, minuto 70. 1-2, Jardi, minuto 85. 2-2, Diego González, minuto 92.
Árbitro: Palomares Gutiérrez (Andalucía), amonestó con cartulina amarilla a Rubo y a Rubén Díez por parte del Real Zaragoza y a Chukwuama por el Villarreal y expulsó por doble cartulina amarilla a Tobajas.
Incidencias: partido correspondiente a la décima jornada de liga en el Grupo II de Primera RFEF disputado en el Ibercaja Estadio con la presencia de 15.778 aficionados

