Colisión entre luna llena y luna creciente

El Real Zaragoza batallador de Ibai y Ander insistirá en seguir en lo más alto ante la SD Huesca en pleamar con Rudé, un duelo de ‘invencibles’

Un nuevo episodio de lo que suele denominarse derbi por proximidad regional y no por coincidencia histórica tendrá lugar hoy en el Ibercaja Estadio (21.00). Aun así, es un cruce que en la ultima década de ambos clubes en Segunda ha incendiado la antipatía vecinal y deportiva con el guantazo de Andrada a Pulido como indecente remate a este tipo de citas calientes. Este vez se encuentran en sus horas más bajas, desterrados del profesionalismo, en la cara oculta del fútbol. Sin embargo, el partido tiene su atractivo y no pierde la tensión entre los sectores de las aficiones más ruidosas. El desarrollo de la competición ha propiciado que los dos equipos lleguen al modular en momentos dulces, mejor el Real Zaragoza como colíder de la clasificación pero con una SD Huesca que desde el relevo en el banquillo ha sufrido un enorme salto cualitativo. Tienen en común un detalle que no debe pasarse por alto: sólo han perdido en una ocasión incluso en los peores momentos, el conjunto de Ibai Gómez remontando o imponiéndose a golpe de corazón y el de Aldred Rudé con empates dolorosos y un estupendo triunfo que ratifica su línea ascendente. Las fuerzas parecen igualadas.

La colisión esta noche entre una luna llena de puntos y otra creciente de juego está servida. El Real Zaragoza necesita los tres puntos para mantener su pulso con el Villarreal B, ahora mismo y posiblemente a lo largo y ancho del campeonato su gran enemigo reconocible por el ascenso directo. Salvó uno frente al filial groguet con ese espíritu perseverante al que acude cuando el plan original se ha ido al garete, lo que le está sucediendo muy a menudo últimamente. La SD Huesca, lejos todavía pero cerca en el caso de que venza y a la espera de su primer triunfo a domicilio, ha renacido colectiva e individualmente. Su exhibición frente al Nástic no parece flor de un día después de que con Raúl Jardiel peregrinara como alma en pena sin identidad alguna. Y lo hizo sin Juárez, su gran referencia ofensiva que regresa esta jornada aunque no desde la alineación, Óscar Sielva, Guillem Molina y Tresaco, piezas muy importantes para la mecánica azulgrana. En la catarsis con el técnico catalán han asumido lo que se esperaba de ellos Douglas, Diego Gómez, Jimmy, Gorostidi, Víctor García y Kembo, un central de otra dimensión cedido por el Sporting. Ya está en el papel de favorito que se la había atragantado.

Ibai Gómez hará cambios en ataque, una parcela que no chuta y que se ampara en los resultados en el espectacular rendimiento de sus centrales, sobre todo de un Diego González cuyo liderazgo abruma por solidez y ambición. Quizás Vadillo vuelva a ser el ‘9’ si sienta a Espiau, porque Joaquín Delgado es una apuesta perdedora. En el núcleo del centro del campo, con Terrer de nuevo fuera y Tobajas sancionado, tendrá que formar una vez más con Herrera, Ademo y Rubén Díez, un trío mucho más dinámico con el canterano que con el veterano capitán, uña y carne del entrenador hasta extremos empalagosos. Ureña, si Vadillo no se apropia del puesto, y Jardí parecen fijos, igual que Sangalli atrás, pendiente como siempre de un lateral izquierdo que puede ser muy sensible a las incursiones por ese carril de Douglas, Víctor García y Diego Gómez a pierna cambiada. La movilidad y solidaridad de los oscenses son aspectos que el técnico bilbaíno tiene muy en cuenta. También marcar primero como paso de gigante, algo que los blanquillos sólo han logrado en una ocasión en las últimas cinco jornadas, frente al Europa en el minuto 80, y salir al campo con los cinco sentidos activados para que los cambios en la segunda parte pasen a ser un arma compensatoria y no un recurso para combatir la agonía.

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