La hoja de ruta establecida por David Navarro implica que el canterano, por cuestiones deportivas y emocionales, debe continuar en la alineación por lo que resta de temporada
¿Hugo Pinilla y diez más? Por supuesto. David Navarro, con excelente criterio, hizo debutar en Liga al canterano en un encuentro de máximo riesgo para el que solicitó, sobre todas las cosas, corazón, y tomó el del joven futbolista como faro de una etapa que, según su criterio, ha de ser el camino que conduzca a la permanencia. La respuesta de Pinilla frente a la tragedia de perder a su madre conmovió al técnico y a la afición. Se evaluó su capacidad para ser tan productivo o más que compañeros como Cumic, Cuenca u otras alternativas y se tuvo en alta consideración que esas circunstancias tan especiales pudiesen contagiar de compromiso al resto de la plantilla, lo que funcionó en Cádiz con un equipo inseparable de sus múltiples limitaciones pero propulsado por el combustible del corporativismo y la empatía; también con algunas pinceladas estratégicas como regresar a los delanteros y aparcar los experimentos por el mensaje más natural posible. El chico respondió sin pavor alguno con el balón, un detalle nada baladí en una comunidad aterrorizada cuando hay que maniobrar con la pelota, y su concentración en el juego fue total. La lógica erosión de esos inclementes días para todo ser humano le pasaron factura física y fue relevado poco después de comenzar la segunda parte.
La duda ofende, y no debería plantearse bajo ningún concepto dejar a Pinilla fuera del encuentro de este sábado en el Ibercaja Estadio frente al Almería. En realidad, tendría que ser, salvo circunstancias muy concretas, titular por lo que resta de temporada, 13 jornadas durante las que el Real Zaragoza elevará un altar a dioses que no van a escuchar sus súplicas. Si quiere un milagro, tendrá que ganárselo con el sudor de su frente y la sangre que puedan derramar sus rivales más directos. Así, Navarro no tendrá excusa alguna para confirmar su máxima confianza en este futbolista de genética ofensiva, intrépido y con el arrojo y la alegría que caracteriza a los chicos que suben al primer equipo, un deportista aún en proyección pero con los registros suficientes como para ser útil desde el principio de los partidos. Lo contrario, devolverle al banquillo, supondría una contradicción con los valores que quieren implementar el entrenador y sus ayudantes, además de un gesto que haría florecer la doble moral en el aprovechamiento de una circunstancia tan delicada para un momento concreto. Habrá que estar a la expectativa, pero no hay ninguna razón objetiva para que Pinilla desaparezca de la alineación. De ocurrir, estaríamos ante una mala decisión técnica y, lo más grave, frente a una aberración que llevaría a pensar que su terrible vivencia resultó material táctico desechable.
El Real Zaragoza tiene en Hugo Pinilla un futbolista sin hacer pero despojado de complejos, lo que le otorga una madurez que no sobra en este equipo doliente y huraño. En otros tiempos muy distintos a los actuales –ni que decir tiene que en Primera–, su periodo en la escuela hubiese sido bastante prologando, e incluso, como ha ocurrido con otros canteranos, cabe la posibilidad de que tendría que haber emigrado en busca de fortuna. Sin embargo, en este contexto donde elegidos para su zona de acción en diferentes mercados como Valery, Paulino, Sebas Moyano, Cumic o Agada han resultado fiascos de órdago y el equipo necesita frescura y valentía para asomar la cabeza de la trinchera que comparte con los aspirantes a Primera RFEF, este zaragozano de 19 años y una técnica muy superior a la media es actor principal. La vida le ha asestado uno de los golpes más duros y lo ha gestionado con entereza, como otros muchos jóvenes de su edad que hallan en esa misma vida la motivación para superar obstáculos emocionales de este cruel tonelaje. Y lo ha hecho avalado por la buena lectura humana y profesional de David Navarro y su gente. Entonces, a muerte con él que es pura vitalidad.

