Competir, ganar, mentir

Entre los bastidores del Real Zaragoza están ocurriendo muchas cosas y no ocurre nada o muy poco y forzado. Son, con más acento en los últimos años, unos movimientos cíclicos invisibles o intangibles que coinciden con la pretemporada y las renovadas ilusiones y el mercado de invierno como bote salvavidas y constatación del enésimo fracaso de proyectos sin pies ni cabeza. Con el frío deportivo y el peligro de congelación letales se han pagado (entre comillas por el momento) los 10 millones a la sociedad Nueva Romareda bajo la presión de las instituciones, que han leído la cartilla a la SAD, y la promesa de un giro deslumbrante y radical en la Ciudad Deportiva –ahora mismo un volcán de incertidumbres– en cuanto a política y profesionales (las bochornosas instalaciones prehistóricas para otro día), También ha llegado por telegrama interno que, si hace falta, se pondrá dinero para fichajes, mientras Rubén Sellés ejerce de portavoz del club y su repentina holgura económica para acometer los fichajes necesarios para la salvación en la recta final de esta siniestra ventana.

Con todo ese volumen repentino de noticias subterráneas por confirmarse y que sean para bien (otro milagro más), el Real Zaragoza juega hoy en El Sardinero contra el líder. Último de nuevo tras el empate del Mirandés con el Almería (2-2), a seis puntos del puesto de permanencia y con una máquina goleadora enfrente en la noche cántabra, puede acabar la primera vuelta más hundido todavía. Sin embargo Sellés, que ha hecho un trabajo encomiable para sacar petróleo de una piedra pómez para un vehículo con mecánica de segunda mano, mantiene que la competitividad de sus jugadores, ciertamente elevada desde su llegada sin que se refleje en los marcadores, le permite estar a la altura de cualquiera. Lo hizo en la última jornada contra el Las Palmas después de entregar la cuchara en la primera parte y activarse en la segunda. Pudo ganar, pero perdió con un gol de uno de los refuerzos recién llegados de los insulares. Esté sábado le toca el Racing en este minicalendario terrible de paso del ecuador que quizás no le hubiese sido tanto de haber sacado puntos frente a Real Sociedad B, Andorra, Ceuta, Cultural, Sporting, Deportivo, Granada o Cádiz. Todos fueron mejores, incluidos los asturianos con uno menos y sin Otero ni Dubasin.

La era Gabi fue un desastre. En la de Sellés se han sumado 11 de 30 puntos posibles con esa mejoría cierta pero insuficiente para vencer. Y con algunos triunfos o empates más próximos a la épica que al fútbol en mayúsculas, el que concede poco en el área propia y se resuelve con eficacia en la contraria. La verdad, las verdades (el conjunto menos goleador y el segundo más goleado), deben estar por encima de las sensaciones para primero reconocer las limitaciones vigentes y segundo para subsanarlas en la medida de lo posible con la apuesta muy pocas veces fiable de reforzar la plantilla entre enero y febrero en el objetivo de seguir siendo equipo de Segunda. Ese «y si hace falta» emitido por el consejo es una auténtica demostración de que el Real Zaragoza es el máximo aspirante al descenso por el nivel de su indirecta directiva y de la nefasta elección en cargos capitales como en la dirección general y la deportiva. Se espera, o al menos ese se traduce, que el número y la calidad de los fichajes está directamente relacionado con lo que suceda hoy en El Sardinero y las próximos cuatro partidos antes del 2 de febrero, partidos ‘asequibles’ que pueden significar una despedida virtual a la categoría si no se sacan adelante. El tapón de las fichas, la tardanza para emprender operaciones y un optimismo amateur e irresponsable hacen presagiar lo peor.

En Santander se puede ganar porque esta liga está loca hasta cierto punto, no tanto como se comenta y ahí está la clasificación para ratificarlo. Pero lo más probable es que no suceda en una cita que, seguramente, no refleje en muchos momentos sobre el campo las tremendas diferencias entre ambos conjuntos. De hacerlo los locales, serían ya cinco partidos consecutivos sin triunfos. Por tres empates seguidos que acumule y muchas bajas que tenga arriba el Racing (Jeremy por venta al Stuttgart y Villalibre y Arana por lesión), Alberto López dispone de herramientas suficientes para remediar esos problemas. Ya tiene al georgiano Giorgi Guliashvili, un punta versátil, y continúa pujando fuere por Karrikaburu. Para hoy no llegan, pero sí las 11 asistencias de Ínigo Vicente y los 10 tantos de Andrés Martín, además de un plan ofensivo con automatismos colectivos para los que no son imprescindibles un 9 de referencia. Frágil en defensa por su descarada, valiente y tractiva propuesta, ofrece una puerta abierta al enemigo, al que por lo general termina triturando. Como si el Real Zaragoza luciera un búnker atrás…  Ezkieta vuelve a la portería cántabra y Suleiman apunta a ser la alternativa al ariete clásico.

El Real Zaragoza necesita los tres puntos. Todos los partidos sean o no finales, que ahora lo son, y con independencia del armamento del adversario y se dispute en casa o fuera. Luchará, peleará, se ordenará para competir hasta que caiga el telón, el verbo que conjuga y le cuesta traducir en éxitos. Rubén Sellés volverá a confiar en los suyos con dos bajas, la de Tachi por sanción, y la de Valery por enfermedad, una alineación a la que vuelve Insua y a la que habrá que añadir otro nombre. Cuenta con la opción de meter a Pomares por detrás de Tasende y construir un doble lateral o poner a Cuenca. No moverá una ficha más –a expensas de lo que ocurra con un Sebastián no está ofreciendo seguridad–. El técnico valenciano ha depositado su fe en un grupo que cumpla sus deseos donde no tienen cabida de principio Sebas Moyano, Toni Moya ni Dani Gómez, mucho menos Bazdar aunque haya vuelto a la convocatoria. Si se puede ganar a cualquiera, hay que empezar ya. Esa es la única verdad de la que debe beber el equipo de un club instalado en la mentira de sus propietarios y máximos accionistas. ¿Será suficiente e incluso beneficioso? El caos lo cubre todo.

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