La sensación de la afición del Real Zaragoza con respecto a la situación del club en el mapa nacional del deporte profesional es como la de un coitus interruptus. Desde que Agapito configuró la plantilla más cara de todos los tiempos y el equipo descendió a Segunda División siempre nos movemos entre la excitación y el desencanto de la no conclusión del proyecto. En Las Palmas terminó la supuesta implicación de los miembros de la Fundación y compañía, cuando se estuvo a ocho minutos del ascenso y se pasó de la asimilación del fracaso a la búsqueda de nuevos accionistas, inversores que fueran capaces de tomar el toro por los cuernos y luego ya verían qué pasaba si las expectativas se cumplían. Ahora estamos en ese punto donde la inversión se ha dirigido a la deuda y no hay prisa por construir una plantilla de ascenso porque antes está la Romareda. En el momento en que termine el toma y daca de la campaña electoral, se firmen los pertinentes acuerdos y se empiece la construcción del estadio y el destino de los metros cuadrados dedicados al negocio paralelo, espero que se inicie la etapa del regreso a Primera División antes que otros peligros amenacen la continuidad de la SAD. Porque el dinero no lo es todo, saber gestionarlo es mucho más complicado.
El dinero no lo es todo
