El equipo aragonés supera al Racing en todas las facetas con un gol de Gómez y otro de Sangalli en propia meta (2-0) a las puertas de la cita vital del jueves en Butarque
En ocasiones no hace falta ser líder para jugar como tal. Basta con creérselo y luego, claro está, aplicarse en explotar todas las virtudes al cien por cien sin que por la puerta asome un solo error. Aquel Real Zaragoza sin norte que cogió David Navarro, un cadáver camino de la autopsia, ha sufrido una brutal mutación con el nuevo técnico al frente y ahora respira a pleno pulmón, aún con las cicatrices del pasado a cuestas pero corriendo en la dirección contraria al camposanto. Recibía al todopoderoso Racing con la obligación de ganar, que es su verbo de cabecera todavía, y lo hizo con estrategia, inteligencia emocional y el fútbol calibrado para cada momento y sus necesidades. En la caldera del Ibercaja Estadio, otro que iba vestido de luto y que ahora luce traje de carnaval, con el cierzo como hermano mayor y en las alas de dos jugadores que le dieron la distinción y la amenaza imprescindible para equilibrar la distancia de talentos globales entre ambos equipos. El grupo realizó un trabajo soberbio, enmascarado al principio tras la falsa modestia del bloque bajo y desplegando después su ambición en las descargas eléctricas de Rober y Pinilla, cuyas verticales aventuras en las transiciones descerrajaron la firmeza de los cántabros, afectados por sus múltiples bajas pero bastante más por un rival que no esperaban. El triunfo, el tercero de prestigio después de Cádiz y Almería y de una derrota sin amarguras en Riazor, le deja a tres puntos del Valladolid. El próximo jueves en Butarque se enfrentará al Leganés, otra de sus presas, y conocerá desde el martes el resultado del Valladolid-Cádiz, los otros dos a los que tiene al alcance. Pisa la orilla de la salvación con una convicción asombrosa y un calendario más amable en apariencia, trampa en la que no puede caer en la que será otra batalla muy distinta. Llegar a ella era el objetivo y lo ha conseguido. En la próxima trinchera le esperan veteranos soldados en apuros pero con experiencia en moverse en ese barro de balas perdidas y fuego amigo.
Los triunfos eran y son de obligado cumplimiento para acortar distancias. La forma, ante adversarios con plantillas muy superiores, ha trasladado lo que era un acto de fe a una realidad, la de que la permanencia se ha despojado de su condición de utopía. No ha sido un milagro. Al Almería se venció con todas las de la ley y al Racing, con la todos los mandamientos de este deporte en el mano y en el corazón. Navarro no cambió exactamente de dibujo pero sí de protagonistas para un encuentro donde había que dominar más cuando intervenir que salir en busca de la pelota, caramelo que el Racing administra como nadie. Con El Yamiq y Bare de vuelta, el entrenador elaboró una alineación que estimulara el cierre de los pasillos interiores y obstruyera la movilidad de Íñigo Vicente y Andrés Martín, los artistas de la santa capilla de José Alberto. Juntó el técnico al albanés con Saidu y desplazó a Francho en la derecha para que Rober se encargará de acaudillar las salidas tras recuperación sólo con Dani Gómez por delante. El zurdo condujo el balón a una velocidad endiablada, mientras que Pinilla se subió al mismo escenario con una madurez extraordinaria para superar líneas y clavar puñales a la espalda del Racing, frustrado por la doble capa de seguridad defensiva del Real Zaragoza y sus despegues al contragolpe también con la colaboración especial de Larios y Aguirregabiria. No había nada casual en el desarrollo del partido. La paciencia del conjunto aragonés puso de los nervios a los cántabros, que tuvieron a Ezkieta de salvador a la media hora en un disparo a bocajarro de Francho que el portero rascó sobre la línea. Dani Gómez dispuso de otra ocasión, y el propio capitán agarró un zurdazo que acabó en córner. No se distinguía quién era el primer clasificado y el antepenúltimo. El Ibercaja Estadio entró en escena más que nunca frente a ese panorama tan alentador y motivador.
Se intuía que el Racing guardaba algo bajo la chistera para la segunda parte, pero el Real Zaragoza no está para magias ni sorpresas. Andrada apenas estrenó los guantes y El Yamiq se encargó de apagar las tímidas luces ofensivas de un adversario ciego de llegada y creatividad. El encuentro podía cerrarse como había empezado o por una acción aislada que diera los tres puntos a cualquiera. Como el Real Zaragoza se ha propuesto ganar a cualquiera, se fue a por la victoria y le puso el sello en un lanzamiento de Pinilla que escupieron las manos de Ezkieta para que Francho recogiera el rechace y entregara con amabilidad el gol de Dani Gómez. Además de méritos y sensaciones, que no siempre dan la felicidad caso de La Coruña, se supo moldearlos con titulares y con los que participaron desde el banquillo. Uno de ellos, Tasende, forzó a que Sangalli marcara en propia meta la sentencia para los locales. Este Real Zaragoza deslenguado con humildad y una labor táctica de nivel universitario ya no es una convocatoria a la emoción o una llamada desesperada al abrigo de su gente, sino un bloque capaz incluso de dejar sin gol a un Racing que había dejado de anotar tan sólo en dos jornadas. Igual que antes había hecho con el Almería y el Cádiz. El jueves, sin Insua ni Aguirrebaria por acumulación de tarjetas y con algunos físicamente al límite, nada nuevo, le espera el Leganés como primer examen de otra liga en la que deberá mantener este impetuoso latido sin arrogancias para agarrarse a una salvación que podría tener más cerca que nunca. Ha llegado hasta aquí sin hacer ruido y, al mismo tiempo, rompiendo las vajillas de cristal de los que parecían favoritos para condenarle. Su camino se ha endulzado pero no hay un gramo de azúcar en lo que le espera. Hay que saber ser líder hasta el final sin reclamar corona alguna. Nadie la merece, si acaso la afición, que la compartiría con quienes luchan por evitar todavía una catástrofe.
2. – Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Insua, El Yamiq, Larios; Keidi Bare, Saidu (Mawuli, min. 82), Francho (Cuenca, min. 76), Rober, (Toni Moya, min. 87) Hugo Pinilla (Tasende, min. 76); Dani Gómez (Kodro, min. 86).
0. – Racing de Santander: Jokin Ezkieta; Mario García, Facu, Manu Hernando, Javi Castro (Sangalli, min. 82); Íñigo (Maguette, min. 46), Damián (Diego Fuentes, min. 75), Íñigo Vicente, Aldasoro (Sergio, min. 46), Andrés; Santi Franco (Villalibre, min. 64).
Árbitro: Jon Ander González (comité vasco). Mostró cartulina amarilla a Keidi Bare (m. 30), Insua (m. 84) y Aguirregabiria (m. 91) del Real Zaragoza y a Javi Castro (m. 21), Íñigo Vicente (m. 43) y Santi Franco (m. 45) del Racing de Santander.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la trigésimo segunda jornada de Segunda División, disputado en el Ibercaja Estadio de Zaragoza ante 16.105 espectadores.

