La prensa y la afición hunden al Real Zaragoza

El Real Prensa de Zaragoza se ha situado solo cuatro puntos por encima del descenso. La Real Afición del Zaragoza ve como su distancia con el Eldense, que marca la zona del desastre, se ha visto reducida muy peligrosamente. Son oraciones con ironía o retranca, está claro, pero un porcentaje de lo que expresan parece que está en la mente de Miguel Ángel Ramírez, técnico del equipo aragonés, cuando empieza a divagar sobre las responsabilidades del tremendo desgarro que sufre el conjunto blanquillo.

Este desangramiento a chorros, cuya última manifestación la vimos en 45 minutos vergonzantes de la segunda parte en Granada, no anuncia nada bueno. Ya son dos meses de dirección técnica desde la llegada del míster canario, tiempo suficiente al menos para apreciar un plan. Y no digo que no exista, solo que no se aprecia.

Si acaso, el Real Zaragoza ha mejorado en cierto orden defensivo como bloque, pero es obvio que no es suficiente. Aunque Arriaga dé las patadas que le pidieron que diera quienes lo ficharon, como él mismo confesaba a unos amigos a través de una red social. Con eso no basta para tapar el talento o la conjunción de otros equipos, que en un momento dado siempre encuentran cómo dibujarse en movimiento para hallar la portería contraria con facilidad.

Debajo del arco, Femenías no pasa de ofrecer una imagen ramplona. Existe la creencia popular de que todo lo que llega entre los tres palos entra. Porque no está bien colocado o porque se estira en repliegue o porque no saca la mano buena… todas las parábolas le pillan en mal ángulo, si no es que está tapado por tres o cuatro defensores con más querencia a quedarse en tablas que Fernando Hierro en su última etapa de jugador.

Que del centro del campo apenas pueda rescatarse el fulgor de Francho (porque las patadas de Arriaga ahora son en la zona de atrás) es muy revelador. Como suele decirse, unos no se nota que están y a otros ni se les espera. Ruego al genio de la lámpara que nos conceda un Guti a pleno rendimiento diez o doce partidos.

En la delantera, Azón medio tocado daba más mal que todos los demás juntos. Bazdar llora en secreto la marcha del punta aragonés a Italia. El coronel bosnio no tiene quien le escriba. Y de Soberón, por respeto y por desinformación, no me atrevo ni a abrir la boca.

Víctor Muñoz, leyenda zaragocista como jugador y entrenador, me contestó así a una pregunta de periodista aún inmaduro recién llegado al Zaragoza: “Si se pierde contra el Deportivo, ¿eso podría afectar mucho al equipo?”, le inquirí. El tipo, con esa personalidad un poquito soberbia que tenía, me respondió, después de sonreír unos instantes: “No llamemos al mal tiempo, que al final viene”. Y aunque debo admitir que tenía mucha razón, ahora le diría que a veces el mal tiempo viene solo, que no hace falta que le llame la prensa o la afición. Viene solo. ¿Por qué? Si lo supiera ya se lo habría dicho a los rectores del club.

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