La salvación no está en el mercado de invierno

Los fichajes en esta ventana apenas tuvieron peso en la permanencia en los 11 de los 48 equipos que lo lograron arrancando la segunda vuelta en descenso en los últimos 12 años

El mercado de invierno llena la boca en estas fechas, sobre todo la de los clubes y sus allegados que se encuentran en serios apuros de perder la categoría como es el caso del Real Zaragoza. A un partido de superar la primera vuelta con el agua al cuello si no por encima de la coronilla, es recurrente señalar esta ventana como clave para firmar una hazaña o milagro en las 22 jornadas restantes. Sin embargo, al menos en Segunda División, este axioma pertenece más a la leyenda que a la realidad que muestran los datos desde 2013. La calidad de esta categoría ha sufrido una merma considerable con la apertura de las fronteras y el éxodo de futbolistas hacia ligas de mayor pujanza económica, además de un control financiero que establece una pauta en los gastos para evitar el despilfarro. Desde la inquietud se piden centrales diferenciales, centrocampistas de clase y extremos con desborde. Por supuesto, delanteros con gol. El conjunto aragonés necesita de todo, pero acertar de lleno con un par de refuerzos de una bolsa donde por lo general priman cesiones de perfil experimental, jugadores de mil destinos si no en paro, operaciones que se estiran hasta el último minuto y no sobra un euro, se puede considerar un éxito. Rubén Sellés lo sabe y conoce que la hucha de Txema Indias no rebosa precisamente monedas y que la agenda del atribulado y limitado director deportivo contempla todas las fichas ocupadas por el momento. Por eso el entrenador insiste en rebajar las expectativas sobre lo que puede venir y deposita la confianza en una plantilla que tendrá que apechugar con una misión de rasgos homéricos. Mucho más si no suma el sábado en El Sardinero: en ese caso, con 17 puntos, afrontaría la mitad del camino con el taque de combustible más vacío de los 11 conjuntos que se salvaron en esta docena de años.

Lo que no admite discusión es la colosal dificultad que entraña remontar desde lo más profundo de la clasificación, escenario que el Real Zaragoza estrenará este año como penúltimo aun ganando en Santander. Sus mercados de enero del último lustro, etapa en la que más ha flirteado con el descenso con La Fundación 2032 y con la multipropiedad estimulada por Juan Forcén, escenifican la tendencia actual de un club plegado a la inconsciencia de los riegos que está asumiendo. En invierno llegaron Arriaga, posiblemente el mejor movimiento, Guti por Aguado, Dani Gómez, Badía, Guti, Zedadka, Guillem Naranjo, Alarcón, Bebé, Grau, Eugeni, Sabin Merino, Alegría, Sanabria y Peybernes… Nada se asemeja sin embargo al ecosistema actual, con el máximo peligro sentado a la mesa y sirviendo platos envenenados sobre la frágil vajilla de un vestuario sin más líder que su técnico. Cartagena en dos ocasiones (15 y 20 puntos), Alcorcón (19), Tenerife (19), Extremadura (21), Nástic (18), Almería (21 y 18), Mallorca (20), Llagostera (22) y Albacete (18), todos ellos en posiciones de descenso, se rehicieron en la segunda vuelta para continuar en Segunda. 37 de 48, el 77%, se fueron al pozo. El optimismo se sirve en recipiente frío. Indias, arquitecto de una obra sin vigas maestras, busca ahora material de bajo costo para frenar el derrumbamiento en un rastro de segunda mano. No, en el mercado de invierno no está la solución como bien explica la historia reciente.

Los banquillos son los primeros en sufrir las consecuencias de los seísmos, en algunos casos devastadores y con desenlaces insospechados. Gabi Fernández, Emilio Larraz y Rubén Sellés se han sentando en el del Ibercaja Estadio. El madrileño sin cuajo profesional y el valenciano ganándose prestigio sin resultados con el máximo aprovechamiento de pocas herramientas. Para huir del abismo es más sencillo reanimar a futbolistas con talento que incrustar un puñado de piezas de bisutería que raramente encajan. El Llagostera de Lluís Carrillo, relevo de Santiago Castillejo, se vino arriba en la temporada 14-15 para acabar noveno no por los fichajes del Córdoba de Samu de los Reyes y Arturo Rodríguez, sino porque tenía un plantel potente desde verano con René, Ríos Reina, Alcalá, Ruymán, Jordi López, Juanjo, Diego Rivas o Sergio León, quien un año después se proclamaría Pichichi con 22 goles en el Elche. Ese mismo curso, el Albacete, que incorporó en enero a un joven y sin equipo Jorge Pulido, y al exzaragocista Javier Paredes, también escapó del infierno con Luis César, el único que ha aguantado el desgaste de principio a fin en las doce campañas. En contraposición al Llagostera, el par de adquisiciones de enero de los manchegos tuvieron un protagonismo capital en un grupo más modesto.

Sergi Barjuán, Miguel Rivera, Carrillo, Gorosito y… Fernando Soriano, que colgó las botas para dirigir al Almería en las últimas cuatro jornadas de la temporada 15-16. Con dos victorias y dos empates le dio al zaragozano para driblar la catástrofe, apoyándose sobre todo en los que habían sido sus compañeros en el campo. Esteban Saveljich, ya con mucho kilómetros de central solvente, resultó el más destacado de la ventana invernal, a lo que se puede unir las tres dianas de Kalu Uche. Poco más de Ramírez, Azeez y Goñi. En los Juegos del Mediterráneo se volvió a pasar muy mal un ejercicio después. Fernando Soriano aguantó 27 encuentros y Fran Fernández, su sustituto, dos. Ramis asumió los 13 restantes. Yoda, Sereno y Javi Álamo resultaron testimoniales mientras que Motta, Borja Fernández y Joaquín Fernández aportaron bastante más por la claraboya de los refuerzos. Con Casto, Ximo Navarro, Trujillo, Pozo, los 15 tantos de Quique y los 16, 8 cada uno, de Fidel y Antonio Puertas, el Almería disponía de mucha sustancia de su primera estructura. El Nástic, dentro de sus limitaciones, sí se armó con todo lo que pudo para salir de la cola de la clasificación y quedarse en el fútbol profesional. Luismi Sánchez, Manu Barreiro y Bruno Perone aportaron en la segunda vuelta para que Nano, el tercer entrenador tras Vicente Moreno y Juan Merino, sellará la salvación en los tres partidos que le dieron, los últimos. Lo ganó todo, nueve puntos de oro para los catalanes, que se libraron con holgura cuando tres semanas antes la caída parecía segura.

El Extremadura salió a flote en la 18-19. Juan Sabas, Vílchez y Manuel Mosquera, que en 14 partidos se sacó de la chistera 8 triunfos y tres empates. El despliegue invernal fue considerable en el Francisco de la Hera, pero salvo Perea Bastos, y el trotamundos Ortuño, el resto resultaron de relleno con el malgrado José Antonio Reyes, Sachim, Álamo, Fran Cruz, Chirivella, Lolo González y Nando García. Enric Gallego se marchó precisamente por la misma puerta hacia Huesca con sus 15 dianas para un equipo donde estaba Carlos Pomares junto a gente curtida como el portero Álvaro Fernández, Zafino o Chuli. Las tres últimas hazañas las moldearon el Tenerife de Baraja (18-19), el Alcorcón de Anquela (20-21) y el Cartagena de Calero (23-24). A mitad de carrera estaban entre los desahuciados. En las islas, Bora Lasso, Racic e Isma López dispusieron de minutos importantes. No tanto Mauro dos Santos y Coniglio. La buena temperatura la mantuvieron tipos de más pedigrí como Dani Hernández, Luis Pérez, Alberto, Jorge Sáenz, Luis Milla, Suso Santana, Malbasic, Naranjo y Nano Mesa. Casi nada pese al susto. Cuando Anquela cogió el testigo de Mere, en la décima jornada, el Alcorcón estaba hecho un trapo con cinco puntos. En esta ocasión, el mercado de invierno si benefició a los alfareros con Dani Ojeda, Nwakali cedido del Huesca y Xisco Jiménez, y no tanto con el guineano Embaló. Es la excepción a la regla. El entrenador jienense lo tuvo muy claro: 14 portería a cero, el rigor defensivo, le dieron la permanencia.

El Cartagena tocaba fondo en estas fechas con 15 puntos y el farolillo rojo, a ocho de la salvación que marcaba el Andorra. El peor escenario descrito hasta ahora. Más aun que el del Real Zaragoza. Calero sustituyó a Víctor Sánchez del Amo a falta de 35 partidos. Dos victorias dieron un poco de aire al Efesé a las puertas del parón navideño. Insuficiente. Muy insuficiente. Enero trajo futbolistas pero no la solución. Darío Poveda marcó tres goles y Andy se hizo con la titularidad, pero Arnau Ortiz y Tomás Mejías dejaron poca huella. Hubo que recurrir a la guardia pretoriana. Marc Martínez, Iván Calero, Jairo, Alcalá, Fontán, Gonzalo Verdú, Musto, Alarcón y, cómo no, la decena de goles del inoxidable Ortuño. En estas once capítulos de superación hay un denominador común. Los problemas no se resuelven en ese mercado de laboratorio al que ahora llama con los nudillos tímidos el Real Zaragoza. La cuestión es descubrir si en el núcleo de la plantilla que se confeccionó en la pretemporada hay abrigo para que Sellés no se congelé en el duro invierno, donde, como se ve, las estrellas apenas emiten luz. Si es que existen.

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