El director deportivo ha contactado con el que fuera su entrenador en la temporada 2017-2018 para que se haga cargo del equipo la próxima temporada en Primera RFEF
Ocho años después, todo apunta a que Lalo Arantegui y Natxo González volverán a reencontrarse en el Real Zaragoza. Si en la campaña 2017-2018, y tras haber destituido en la anterior a Raúl Agné y superar una situación agónica con César Láinez, fue con la sempiterna intención desde 2013 de devolver al equipo a la élite, en esta ocasión el objetivo será también de ascenso, pero para conseguir el regreso más inmediato posible a Segunda. El conjunto aragonés aún no ha oficializado la pérdida de categoría y el director deportivo y su equipo de trabajo, con David Navarro en el banquillo, apurarán hasta el final por exprimir matemáticamente esa remota y lejana posibilidad. El ejecutivo, sin embargo, trabaja en el escenario más posible, la caída a Primera RFEF y la forma para que esa dolorosa estancia fuera del fútbol profesional sea lo más breve posible. Las búsqueda de un entrenador es una de las prioridades y las primeras negociaciones se abrieron con Juan Ignacio Martínez, pero el alicantino rechazó la oferta de dirigir al conjunto aragonés sólo hasta final de curso en el papel de entrenador milagro y solicitó un año más de contrato, punto en el que la operación se paralizó. Arantegui se puso en contacto de inmediato con Natxo González, pero el entrenador desestimó salir ahora del Sant Andreu, con el que comparte liderato en el grupo 3 de Segunda Federación. El vasco, no obstante, está dispuesto a regresar cuando finalice su etapa el club catalán, con el que ya había vivido una época exitosa entre 2008 y 2011 con Joan Gaspart en la presidencia, en la que supondría su segunda aventura después de haber acariciado subir a Primera en su única y convulsa experiencia en el Real Zaragoza pese a que había firmado por dos.
La espera del vitoriano será cubierta por David Navarro, con Néstor Pérez de asistente. El tándem aragonés tiene 14 jornadas para evitar lo inevitable. Lo consigan o no, una vez conocido el destino deportivo abandonarán el banquillo y se reintegrarán en la organización del club, que está sufriendo una reestructuración completa con la captación de profesionales con experiencia en el fútbol aragonés y con el gran reto de activar la abandonada Ciudad Deportiva en todos los sentidos, a nivel humano y de infraestructuras. Será entonces la hora de Natxo González, con quien Arantegui conserva una especial relación y querencia por lo cerca que estuvieron de conducir al Real Zaragoza a la élite, reto frustrado en la primera eliminatoria del playoff contra el Numancia y aquel gol de Diamanka. El viaje no resultó dulce. La Fundación 2032 perdió la confianza en el entrenador por un arranque de ejercicio decepcionante en resultados y se planteó su despido. El Real Zaragoza se plantó en el parón navideño de 2017 a 10 puntos de los mejores (el Granada era sexto con 34) y a tres del descenso, con el técnico teniendo constancia de que sus días estaban contados como hizo saber a su familia, que en diciembre comenzó a preparar una maleta de viaje que no facturaría sin embargo hasta el 30 de junio para irse al Deportivo. La respuesta resultó brutal. Esta hazaña se explica desde la cantidad de victorias, 15, que el equipo logró en 21 jornadas. Borja Iglesias, que en el ecuador del torneo llevaba 9 goles, firmaría 22 con Cristian Álvarez en su máximo esplendor para reunir nada menos que 47 puntos y alcanzar la tercera plaza.
Natxo González, quien después de su paso por La Romareda, puertas que se le abrieron por su excelente trabajo con un Reus con el que logró dos ascensos y una notable temporada en Segunda, inició una carrera errática por Dépor, Tondela, Bolívar, Málaga, Logroñés y Amorebieta. A sus 59 años encaja en el perfil de técnico curtido en una categoría limítrofe con la profesionalidad que conoce como la palma de la mano. En estos momentos ocupa las preferencias de Lalo Arantegui, quien, salvo giro brusco de los acontecimientos, ha apalabrado su vuelta con el entrenador una vez que este dé por cerrado su compromiso con el Sant Andreu. González siempre ha destacado la cercanía que sintió con Lalo y la constante presencia del director deportivo en el trabajo diario y el modelo de juego que establecieron, el famoso rombo, un diseño con el que se buscaba la mayor verticalidad posible y el ajuste a un estilo reconocible entre la afición del Real Zaragoza. También la defensa que el aragonés hizo de él y su trabajo en el momento más delicado, en las Navidades de 2017, cuando se reunieron con el Consejo, en gran parte decidido a ejecutar una destitución que no se produjo y que tuvo como epílogo una explosiva reacción en la segunda vuelta.

