Los brutales 45 minutos de Saidu en Riazor

El mediocentro apareció para reducir la elevada influencia de Mario Soriano en la primera mitad y con su exuberante participación borró al jugador del Dépor y solidificó al Real Zaragoza

No siempre los números ayudan a comprender la participación y la influencia de un jugador en un partido de fútbol. Hay que bucear más profundo, en matices que en muchas ocasiones no admiten métricas y que se gestan en la calculadora de la imaginación del individuo. Sin embargo, el pasado sábado en Riazor, los 45 minutos de Yussif Saidu en sustitución de Kenan Kodro cambiaron por completo desde unos datos impresionantes el panorama del encuentro aunque no la historia, prologada a favor de los gallegos por el gol del italiano Samuele Mulattieri. David Navarro, consciente de la superioridad de Daniel Villares en contención y Mario Soriano en creación en la primera mitad, introdujo al ghanés para formar sociedad con Mawuli Mensah. Puro gen africano, con Francho Serrano desplazado a la derecha para minimizar su precaria situación física actual por causa de una lesión que administra desde la titularidad y la confianza del técnico. Saidu entró el encuentro y salió de él como una apasionadora. No sólo borró a Soriano sino que solidificó a un Real Zaragoza que física y tácticamente se elevó bastante por encima de su rival.

El impacto del centrocampista, que este domingo podría volver a la posición de central por las bajas de Radovanovic y Gomes y si El Yamiq no completa su recuperación, fue espectacular al hallarse en su zona de confort, el corazón del campo. La seguridad y el control del juego que aplicó se traducen en la siguientes mediciones: 35/36 pases (97%); 100% en campo propio; 95% en campo rival; solo 1 toque fallado de 50. En el control y el desequilibrio, también sobresalió con 5/5 regates/; 112 metros de distancia progresiva con el balón; 3 pérdidas y ni una vez regateado, mientras que su robustez física y competitiva, aunque no logró ninguna intercepción, se reflejan en 8/9 duelos ganados en el suelo y 7 recuperaciones. En ataque aportó 2 tiros a puerta de 2 intentos y un pase clave. Ejerció, en todo su esplendor, de lo que es, un conductor y equilibrador, un box-to-box sin dotes de organizador que en La Coruña brilló por su fiabilidad en salida, la descarga de energía, su capacidad para romper la presión y una llegada puntual. Seguridad en el pase, riesgo en el regate, impacto en duelos y lanzamientos e inteligencia para conservar la pelota.

La comparativa con Mario Soriano, una de las grandes joyas de Antonio Hidalgo y de la categoría que disputó los 90 minutos, favorece en todos los sentidos al zaragocista pese que entró en el descanso y subraya aún más la extensión de su reinado. La sombra de Saidu cubrió al jugador de Alcalá de Henares e iluminó a sus compañeros, en especial a un Mensah que se sintió mucho más liberado para motorizar sus acciones de estabilidad y en su salsa defensiva. Más intensidad, impacto por acción y eficiencia que Soriano, quien sumó más volumen, pero sin marcar tanta diferencia real en el juego como hizo el ghanés. Su rendimiento alcanzó cotas sobresalientes y su regreso a la titularidad ante el Racing se antoja segura atrás o en el lugar donde mejor se expresa y menos ha actuado. Sus registros en la cita del pasado fin de semana hablan de un futbolista superior, pero Saidu aún está por pulir. Y mucho. Su gran virtud, un despliegue físico brutal y la total confianza en sí mismo, es en ocasiones su pecado. Necesita todavía dar tersura a sus decisiones y su impulsiva inmadurez puntual, fruto de unas arrolladoras condiciones que solicitan la mesura que dan el tiempo y el aprendizaje. De Riazor se salió como un animal salvaje e insaciable. Posiblemente de este Real Zaragoza tan jeremías sea el mejor.

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