Aunque ya hace años que tengo rebasada mi capacidad de sorpresa no es menos cierto que la actuación del Real Zaragoza me deja desorientado estas últimas semanas. Las vuelta a las derrotas dejan al club en una situación peor que antes del cese de Gabi Fernández pese al cambio emocional conseguido por Rubén Sellés.
De lo que sí estoy convencido es de la equivocación que supone pensar solamente en competir. Es valorable pero insuficiente. Lo único importante es ganar como sea y no solamente con el esfuerzo ofrecido de algunos jugadores, que terminará cuando se produzca el descenso matemático o incluso antes; porque los jugadores cedidos pensarán ya en el regreso a sus equipos y otros se habrán postulado para su salida y pactado ya su futuro con el club donde jueguen la próxima temporada. Es decir, una desbandada en toda regla.
Tampoco entiendo a Txema Indias a la espera de deshacerse de los futbolistas más caros para tener un par de fichas más. Ahora se nos dice que hay una libre y que se está tratando con Gomes para que forme parte del filial aunque juegue en el primer equipo. Y además sin que haya tenido la oportunidad de jugar como central y no haber echado mano de Saidu cuyo puesto está por delante de la defensa. Dos jugadores desaprovechados y que podrían estar en el filial mejorando su físico y asumiendo responsabilidades ante la caída al vacío del Deportivo Aragón.
El director deportivo sigue escondido y sin hacer ningún movimiento, como si el mensaje que traslada el entrenador, que no le hace falta nadie para reforzar la plantilla, haya sido el pactado con el club pese a lo que expresó Fernando López hace unas semanas.
Rubén Sellés será otro paraguas que se abra cuando lo necesite la directiva para guarecerse de la lluvia torrencial zaragocista, que volverá a ser intensa si los resultados no cambian. En marzo se podrá asumir el descenso en esas circunstancias aunque matemáticamente no sea real. Y entonces sabremos si los inversores desde el principio tenían asumido terminar fuera del fútbol profesional y el negocio iba exclusivamente orientado a los conciertos que se programen en el estadio modular y más tarde en la Nueva Romareda. O en aprovechar las posibilidades de edificar en los terrenos cercanos al modular o en los establecimientos comerciales del nuevo estadio, no tengo información al respecto.
En cualquier caso, lo que usted y yo pensemos, como los abonados y pequeños accionistas del Real Zaragoza, no valdrá para nada. Como tampoco el ánimo y la entrega de los aficionados que intentaron evitar el derrumbamiento de una entidad histórica, como hicieron los héroes de la Inmortal Ciudad en el primer sitio napoleónico: juntar todos los cuerpos para impedir que se cayesen las puertas de Zaragoza hasta que fueron enterrados por las piedras de su estructura y formar una fosa común.
