Políticos de Tercera frente a un ruinoso Real Zaragoza de Primera RFEF

Natalia Chueca, promotora con su partido a hacer del club una base americana, ha animado a la propiedad del Real Zaragoza, copartícipe con Ayuntamiento y DGA de la sociedad Nueva Romareda que gestiona la construcción del estadio , a que «sean capaces de darle la vuelta, porque Zaragoza no se merece un equipo en Tercera División». La alcaldesa no parece demasiado preocupada, o lo disimula a golpe de su gentil sonrisa y atril, por una situación que en buena lógica podría traducirse en una serie de consecuencias catastróficas que seguramente no afectarían al levantamiento del estadio, pero desatarían una tormenta perfecta en una institución que sufriría, entre otros daños, una considerable reducción de sus trabajadores. El descenso del club a Primera RFEF (Tercera para la regidora) está consumado virtualmente para todo buen conocedor del fútbol, pero no se la despeinado ni un latido, conservando intacta la flema de quien está absolutamente segura de que el flamante campo que se está edificando para acoger como minisede el Mundial 2030, su mayor preocupación, iluminará la ciudad en las fechas previstas. Con el equipo en el fútbol profesional o fuera de él. Que le den una vuelta, les ha exhortado… Como si fuera una tortilla de patata sin sal.

Lo que no se merece el Real Zaragoza son políticos de Tercera. Sin duda la Nueva Romareda está atada y bien atada con el respaldo de Jorge Azcón, mejor dicho con el dinero de los aragoneses sean devotos de este deporte o del lanzamiento de barra. Ahora bien, ¿cómo? El Real Zaragoza ha tenido serios problemas para cumplir con sus plazos hasta tal punto que hubo que rediseñar el calendario de pagos. El descenso hará que los cimientos económicos del club se tambaleen en un escenario desolador en cuanto a ingresos. Se sufrirá una considerable rebaja por los derechos televisivos, además de otras reducciones en cuanto a patrocinios, comercialización y taquillas con un impacto de unos 10 millones de euros que dejarían de entrar en la tesorería. Estos golpes se amortiguarían en parte por una ayuda de aproximadamente 1,3 millones de euros, dependiendo del reparto final del fondo de compensación y conforme al reglamento de LaLiga, y por la suspensión de los pagos a los acreedores mientras el equipo permanezca en esa categoría, con un límite de hasta cinco temporadas consecutivas o alternas.

¿Seguiría la multipropiedad cumpliendo como una de las tres patas financieras de la Nueva Romareda en ese estado de economía de guerra quedándole todavía 24 millones pendientes (5 millones este año, 12 en 2027 y 7 en 2028)? Muy difícil sin ampliación de capital o casi imposible sin inversor externo. Sin embargo, la sintonía entre las partes pese a la tensión que se respira a nivel político por ese nuevo e inferior marco deportivo, seguramente abrirá una ventana negociadora para evitar que las instituciones ejecutaran medidas drásticas que redujeran o anularan el peso del club en la sociedad mixta, que tiene adjudicada por contrato la explotación del campo durante 75 años.  En ningún caso se contempla la paralización de las obras, aunque sí podría darse la circunstancia de que Consistorio y Gobierno tuvieran que apechugar con todos los compromisos adquiridos si el Real Zaragoza decidiera que el negocio podría resultarle ruinoso y pusiera en venta el equipo, para lo que tendría que hallar un comprador que se responsabilizara de todo lo invertido desde 2022, una cantidad cercana a los 50 millones, más los 39,7 millones de euros de deuda pendientes. Este panorama resulta altamente improbable con el descenso y una posible cronificación en Primera RFEF.

El principal ajuste tras el descenso implicaría las reducciones de masa salarial de plantilla, de la estructura no esencial, además de externalizar servicios y no renovar contratos temporales. Así, se vería obligado a prescindir entre el 15 % y el 30 % del personal total que afectaría a todas las áreas del club incluida la cantera. La aplicación de un ERE se antoja inevitable y el coste anual por el alquiler del Ibercaja Estadio, 250 000 euros al año + IVA (1,1 millón cuando se se regrese a la Nueva Romareda), supondría otra losa importante frente a un escenario de máxima austeridad. Directa o indirectamente, la alianza de Azcón y Chueca con un grupo que en principio aseguró que se haría cargo de la totalidad del gasto de la construcción deportiva y que luego se descabalgó, ha sido nefasta por la avaricia política al formar una coalición con el fondo de inversión sin auscultar en profundidad sus verdaderas y únicos propósitos. Entre ellos no estaba, como se ha comprobado, una apuesta ambiciosa por el equipo, al que ambos han conducido a Tercera… Perdón, Primera RFEF.

 

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