El Real Zaragoza se guarece en el brutalismo

El equipo aragonés evita la goleada en la primera mitad y su entrenador levanta un muro de material humano en la segunda para no perder, lo que logra sin despejar la incógnita de éxito o fracaso

Habrá quien valore el punto sumado frente al Castellón como si se hubieran rescatado las 200 toneladas de oro y plata del galeón español San José hundido en Cartagena de Indias en 1708. Concluido el partido y el desarrollo del mismo, resulta complicado saber si el empate es bueno, malo o supone un punto y seguido que puede acabar con el Real Zaragoza en el fondo del mar con una piedra atada al cuello o llegando a la orilla con los pulmones ahogados en salitre pero vivo. Ser capaz de no encajar un gol, sobre todo en la primera parte, desde luego hay que calificarlo como un éxito o un regalo. Amurallar la formación para resistir en la segunda parte fue un buen trabajo de ingeniería, aunque esa negación absoluta a buscar la victoria se aproxime más al reconocimiento del fracaso de este equipo pequeño que se agiganta y conforma con anestesiar a sus rivales. El conjunto de Rubén Sellés sigue otra jornada más en descenso, a tres puntos que pueden ser cuatro si la Cultural suma en Ceuta. Un paso adelante, un paso atrás… Lo único cierto es que, al margen del nivel del adversario, necesita victorias, y en esta cita no la vio ni en pintura, renunciando de principio a fin y con dos estrategias antagónicas a buscarla. El futuro dictará sentencia, pero el presente es de una tristeza deprimente pese a que se soporte con el consumo de ansiolíticos como los de esta tarde dominical.

El técnico del Real Zaragoza no encontró un término medio. Se abrió en canal durante los primeros 45 minutos en los que sus chicos fueron zarandeados de extremo a extremo, con Cipenga haciéndole todo tipo de nudos marineros a Gomes, Cala hiriendo de muerte con sus conducciones en transición, y Mabil impactando con el poste y piernas y cuerpos que se interponían y sacrificaban frente a sus disparos. Lluvia de corners y posesión, ocasiones de todos los colores, un balón al palo y un tanto anulado a Brignani por supuesta falta anterior sobre Tasende, con Andrada recolectando uvas en el salto. El temporal de los visitantes, dueños y señores de una pelota que los locales padecieron como una maldición, amenazaba con una destrucción total. El Real Zaragoza hubiera firmado la rendición a los veinte minutos, pero el Castellón fue misericorde y hasta cierto punto soberbio con su superioridad y la certeza de que en un cualquier momento llegaría el gol, lo que condujo al final de esa escabechina sin que se concretara en el marcador la abrumadora supremacía de un equipo sobre otro. Sellés tomó buena nota y reunió ladrillos para remediar en lo posible el haber expuesto a su equipo a la intemperie de sus limitaciones y de la velocidad de ejecución de un contrincante exquisito a campo abierto.

Puso el entrenador tres centrales con Tachi junto a Insua y Saidu, infartados por el pánico al que habían sido sometidos, retiró al maltratado Gomes y entregó el carril derecho a Francho y el izquierdo, que había sido de Tasende, a Sebastián. A Valery también lo retiró para que Cuenca aportara el martillo que su menguado compañero no sabe utilizar. Cinco defensas que fueron manada porque la orden era hacerse bola indigesta. Y la cumplieron a la perfección. El Castellón se atragantó por completo y ya no se acercó más a Andrada por suerte para el Real Zaragoza porque el portero argentino es una lotería. Y así la cosa, el conjunto aragonés se puso a eso que llaman competir pero que encajaría perfectamente con el verbo destruir. Demoler vías de acceso, derruir caminos hacia su área, aniquilar cualquier intención ofensiva para que Kodro y luego Dani Gómez quedaran excluidos de participación. Era lo que procedía y no hubo albañil que no cumpliera con su jornada laboral más un buen puñado de horas extras en el levantamiento de esa edificación brutalista. Pablo Hernández metió gente por dentro ante la imposibilidad ya de correr y sorprender por fuera, lo que colaboró a aumentar el atasco provocado por los locales. En la trinchera, el Real Zaragoza, con uno menos por expulsión de Cuenca, respondió de forma impecable ante las balas ya de fogueo. Pero no ganó la batalla de una guerra que le exige victorias, muchas, y no sólo irse a casa con la sensación del deber cumplido de no perder bajo la sombra de la hormigonera.

Real Zaragoza 0: Andrada; Ale Gomes (Tachi, minuto 46), Insua, Saidu, Tasende (Juan Sebastián, minuto 46); Francho, Guti (Aguirregabiria, minuto 93), Keidi Bare, Valery (Cuenca, minuto 46); Moya y Kodro (Dani Gómez, minuto 73).

CD Castellón 0: Matthys; Mellot, Sienra, Brignani, Lucas (Suero, minuto 74); Mabil (Raúl Sánchez, minuto 60), Barri (Álvaro, minuto 84), Gerenabarrena, Cipenga (De Nipoti, minuto 74); Jakobsen (Camara, minuto 74)y Cala.

Árbitro: Mallo Fernández (castellano-leonés) amonestó a Tasende, Juan Sebastián, Keidi Bare por parte del Real Zaragoza y a Cala, Brignani, Álvaro y Cámara por parte del CD Castellón y expulsó con roja directa a Marcos Cuenca.

Incidencias: Partido correspondiente a la vigesimo tercera jornada de la Liga Hypermotion disputado en el Ibercaja Estadio con la presencia de 14.215 aficionados y que comenzó guardando un minuto de silencio en memoria de los fallecidos por los accidente ferroviarios, y también en memoria del extrenador del Real Zaragoza y el CD Castellón Lucien Muller

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