Qué bueno es el padre Txema que nos lleva de excursión

El director deportivo hace una valoración del mercado en su habitual tono eclesiástico, pero aunque lo intenta no logra rebajar su conducción suicida y el doble accidente que ha provocado

Txema Indias tiene que ser tan buena persona como pésimo director deportivo, sobre todo por lo que corresponde a su trabajo en el Real Zaragoza, al que ha dejado tirado en una cuneta herido de muerte por su pésima conducción en los dos mercados, un pilotaje suicida pese a que ha manejado el mejor vehículo financiero de estas 13 temporadas en Segunda. Cada vez que el ejecutivo, como en esta ocasión, sale de sus largos ejercicios espirituales y de su celda y sube al púlpito, transmite una profunda paz a los feligreses aunque caigan bombas nucleares a su alrededor. En su comparecencia de hoy para presentar a sus seis fichajes invernales, un acto exprés y atiborrado de insustancialidad fuera de tiempo, ha intentado que el zaragocismo comulgue con su discurso de lo que lo importante es el club, la salvación y el perdón de nuestros pecados que en realidad son suyos y de sus apóstoles, entre los que figura más de un Judas consejero. Sólo le ha faltado la sotana mientras rociaba de incienso la sala de prensa. Penúltimo, a cinco puntos de los puestos de permanencia y a 28 de seguir en Segunda, Indias ha dejado su figura y su responsabilidad a un lado por el bien de la comunidad, para que nadie se distraiga de lo importante. Dios, pese a todo, no le tiene en su gloria.

El director deportivo ha completado la plantilla con la misma pachorra y limitaciones de recursos en las negociaciones que hizo en verano. Lo ha explicado todo con una naturalidad y una colección de razones de cosecha propia que, por un instante, ha hecho parecer que el descenso es una bendición. No, no parece un mal tipo en lo humano. Tan correcto en las respuestas, con una entonación sin altibajos, conciliador… Como misionero no tendría precio. Una de sus máximas, como ha repetido cuando se pone frente al micrófono, es que el jugador que contrata sea tan buen futbolista como persona, que le da mucho valor a ese equilibrio. Si estuviese de coordinador de deportes en un seminario sería fantástico su propósito, pero en este mundo más terrenal de la élite, lo que prima es la mala hostia. Al fin ha sido fiel a sus principios y ha formado dos plantillas de catequistas con mala salud para competir, rebotados la mayoría de parroquias de las que han salido sin aprobar el examen de monaguillo. Con toda su caritativa voluntad, lo que ha conseguido es que el Real Zaragoza esté a las puertas del infierno. La media docena de adquisiciones no mejora la docena que gestionó en el preámbulo de la temporada. Sólo El Yamiq ofrece garantías, y menos mal que no se expresa muy bien en español, porque cuando se le preguntó por cómo fue operación, el marroquí nombró al exdirector deportivo Lalo Arantegui y 15 días en los que estuvo esperando… Vamos que Indias rectificó a última hora al ofrecimiento rechazado frente a la posibilidad de quedarse sin un central. Un acto de contrición en toda regla.

Comentó por qué Gomes tiene ficha del filial y no del primer equipo. Aquí habló en hebreo porque las causas no quedaron muy claras. Si acaso que la familia ha tenido algo que ver. Se fustigó con Karrikaburu, el delantero soñado pero imposible de hacer realidad, y bautizó a los incrédulos de que los contratos a corto plazo, como es el caso, ni evidencian un proyecto ni suelen ser sinónimo de implicación. «Es más idílico tener más jugadores en propiedad, pero no va de la mano con el compromiso». También justificó la demora en el mercado en beneficio de tener a quien se quería tener. En esta cuestión, le espera el confesionario y posiblemente la penitencia de asistir a su incompetente y remisa manera de proceder. Qué bueno es el padre Txema que nos lleva de excursión por segunda vez después de despeñarnos. Este es el fútbol gobernado por dirigentes y propietarios impíos que en lugar de retirarte el carnet te añaden puntos para que sigas poniendo en peligro al rebaño. El Real Zaragoza va camino de la perdición con un santo varón que porta una pistola bajo el peor de los hábitos.

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