Ramiro I de Aragón conquista el Real Zaragoza

El nacionalismo de marca blanca invade el Real Zaragoza del ‘patriota’ Juan Forcén con el triunvirato Lalo Arantegui, David Navarro y Néstor Pérez

En su desvarío hacia Primera RFEF, o quizás en la toma de conciencia de que vendrán tiempos muy duros y cronificados en una categoría no profesional, el Real Zaragoza se ha echado en brazos del repentino patriota Juan Forcén, quien ha asumido, con el permiso de sus superiores, la misión de restaurar el club con un nacionalismo de marca blanca. La misión del empresario que en su día asfaltó la llegada de la propiedad que ha pulverizado la institución a todos los niveles, carece de la emoción e ilusión con que se pretende disfrazar su propósito desde la prensa, tan mudable por interés o simple amiguismo, entrañable en este caso pero poco fiable en objetividad. No es más que un intento de blanqueo de su figura y una forma muy elemental de querer suavizar la crítica hacia los inversores, pero está calando en algunos corazones sensibles por castigados la proclama de que nada mejor que lo de la tierra. Si fuera un proyecto aragonés con mayúsculas, es decir que además de presentar la partida de nacimiento contenga una elevada capacidad profesional, sería un bello y elogiable objetivo. Nada más satisfactorio que recoger los frutos de la huerta propia con las manos de experimentados agricultores. Pero ese sentimiento de pertenencia, arraigo y conocimiento del terreno que se quiere inocular desprende un oportunismo abusivo y desleal. El zaragocismo, cuyos derechos de autor pertenecen en exclusiva y de por vida a la afición, la única para la que el club es parte nuclear de su vida y no un modo de vida o de ganar relevancia, vuelve a utilizarse con frivolidad.

El triunvirato compuesto por Lalo Arantegui, David Navarro y Néstor Pérez cumple, en teoría, con algunos de los requisitos de ese reclamo por el regionalismo como fórmula para cultivar un Real Zaragoza que tendrá que aferrarse al producto casero a la fuerza. Son zaragozanos y conocedores del tejido futbolístico aragonés. El director deportivo es quien cuenta con una mayor amplitud de conocimientos de las entrañas de este deporte y de este club por su carrera como jugador y su anterior etapa en la dirección deportiva, capítulo con luces y sombras y una apuesta obligada por la cantera en la especial tesitura de una institución endeudada hasta las cejas que debía sobrevivir con la venta de los principales valores de la Ciudad Deportiva. Muy intervencionista en el trabajo de los entrenadores y sin tan buen ojo clínico en sus fichajes, Arantegui viene por segunda vez de la mano de Luis Carlos Cuartero, en esta ocasión por petición de asesoramiento de Juan Forcén al exdirector general que ejerce de representante. Habrá que comprobar su autonomía y su libertad de movimientos, por ahora condicionada a la presencia de Fernando López y Mariano Aguilar, dos satélites del Atlético de Madrid aún en la órbita de la entidad. Navarro y Pérez se han ganado cierta reputación en las divisiones regionales, pero nunca habían traspasado la puerta del Real Zaragoza hasta que el primero fue impuesto como segundo de Víctor Fernández y llegó a dirigir un partido contra el Racing de Ferrol antes de que fuera despedido para que aterrizara Miguel Ángel Ramírez. Después fue nombrado en una operación exprés coordinador del Área de Fútbol y ahora, por la negativa de JIM a tomar las riendas, en interino para dirigir al primer equipo hasta final de temporada. A su lado tendrá a Pérez de ayudante. Ambos poseen y comparten el gen futbolístico, al igual que Fran Gracia, de gran reputación por su labor en el Teruel, que se ocupará de la secretaría técnica.

El Real Zaragoza está mudando de piel pero no de cuerpo, con el fondo de inversión dictando las directrices. Su consentimiento sobre el giro hacia el aragonesismo es una concesión de cambio controlado porque se asume que la economía va a recibir un severo castigo con el descenso y que el escenario va a exigir una readaptación en todos los sentidos. La plantilla habrá que construirla desde dentro, con una restricciones considerables en el gasto, y habrá que disponer de gente que pueda filtrar los nuevos mercados. En ese contexto tienen cabida todas estas novedades, y otras que llegarán, en la estructura deportiva. Ahora bien, el pilotaje de Forcén y Cuartero –y otras sombras por descubrir– no parece el más seguro. La fiabilidad de este extraña pareja unida por la amistad a varias bandas con Yarza y Azcón carece de solidez intelectual y social. El consejero, aunque se haya erigido espiritualmente en Ramiro I de Aragón, sigue siendo la punta de lanza de Jorge Mas, un rey de mucha más magnitud al que debe y entrega obediencia. Ese escudo de armas que ha forjado con profesionales con un prestigio acotado al localismo y a una campaña de promoción mediática algo burda deja muchas dudas y preguntas en el aire. No es que Arantegui, Navarro y Pérez no estén preparados, sino que posiblemente la paella que espera en Primera RFEF pedía otros arroces. Aragoneses o no. Cualificados sobre todo.

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