Cada día que pasa estoy convencido que la situación del Real Zaragoza está provocada por el cambio climático. Hay que asumir el sacrificio de las vacas por sus gases venenosos, que los niños están sufriendo una reducción de tamaño y que los mejores alimentos sean los gusanos y los insectos porque no tienen grasa y son ricos en proteínas. Además, si nos hemos acostumbrado a comer berberechos, percebes y langostinos, también lo haremos con un pincho de cucarachas a la plancha, crujientes y deliciosas. Por otra parte un saltamontes frito no sufre el estrés de un bogavante, que el Gobierno Británico ha prohibido cocer vivo en Inglaterra, por el sufrimiento del crustáceo decápodo marino. Ignoro por qué Fernando López no ha acudido al Foro de Davos para plantear esta situación concreta del equipo aragonés. Es posible que haya pensado que en un jet particular, como los quinientos que han aterrizado en el aeropuerto más cercano a la cumbre, ocasionaría una mayor huella de carbono.
Mientras tanto hay que seguir este camino donde el barro, las piedras, los posibles ataques de depredadores, la cercanía de precipicios y abismos se plantean desde hace ya varios años en un equipo sin fuerza ni motivación pese al intenso apoyo de su afición. La Nueva Romareda podría utilizarse desde 2028, además de para jugar al fútbol o acoger alguna final de Copa, para la actuación de cantantes y grupos o incluso alquilarla para el degüello de corderos en la Fiesta del Sacrificio musulmana, que cuenta con una población en Zaragoza de más de cincuenta mil personas.
En lo deportivo no creo que interese a la afición acudir al estadio en Primera RFEF y, si el modular sigue en pie con la mitad del aforo como me han dicho, lo ideal sería continuar allí y que la Nueva Romareda fuese sede de museos, franquicias y otros negocios de todo tipo para mejorar los servicios en el distrito. El «silencio de los propietarios» seguro que tiene algo oculto como la vida de Hanníbal Lecter aunque estoy convencido que nada tan siniestro y solamente se trate de rentabilidad inversora.
Yendo a lo concreto y lo más próximo, el encuentro frente al Castellón, pienso sin dejarme llevar por la emoción que va a ser muy difícil ganarlo por su estado de forma y apuesta por el ascenso directo. Si un equipo filial supo anular la táctica de Rubén Sellés el pasado sábado en el modular resulta obvio que, con mejores jugadores y el mismo sistema, tengan más sencillo conseguir la victoria. Yo nunca he apostado y voy a seguir en esa misma tesitura porque el fútbol está sujeto a intrigas que nunca llegaremos a conocer. Me alegraré si se consiguen los tres puntos, asumiré como bueno el empate y me apenaré por la derrota que llevaría consigo un mayor distanciamiento de los clubes que buscan salir de la zona que condena al descenso.

