El entrenador, después un mercado fulero con El Yamiq como única pieza de cierto valor y de perder de golpe cuatro futbolistas de peso, tiene sobre sus hombros todo la carga de un milagro
Aunque Jawad El Yamiq haya entrado en un alfombra mágica por la ventana de la última noche del mercado de invierno para lo que ahora mismo significa fantasear con la salvación, Rubén Sellés es el único en el Real Zaragoza que tiene la lámpara maravillosa para conseguirla. Dentro, y por mucho que frote con mayor o menor acierto como ya ha hecho desde que se hizo cargo del puesto, no hay ningún genio en su interior. Después de este mes en el que Txema Indias y Mariano Aguilar han vuelto a confirmar que el fútbol, en muchas ocasiones, permite que cualquiera coma de sus manos, la plantilla no ha mejorado con respecto a la que había antes de utilizar este periodo para elevar su nivel. Sólo el central marroquí, a punto de cumplir 34 años es una auténtica pieza de valor. El resto vienen de rebotes varios y no demasiado afortunados, casos de Rober González, Cumic, Larios y Agada, o en busca de una proyección superior como sucede con el joven Mawuli Mensa, centrocampista del filial del Betis. Todos están obligados a ser muy influyentes en lo que resta de temporada, algo que no han alcanzado nunca en sus respectivas carreras.
El técnico valenciano regresa al kilómetro cero, aunque con una cruz de 14 partidos, con toda la carga del milagro sobre sus hombros. En cuatro meses en el Real Zaragoza ha hecho un máster sin parangón en su corta biografía profesional. Lo ha intentado todo para reflotar un vestuario hundido en la clasificación y que sigue fondeado en el abismo. Su máxima, después de elegir a quien pudiera cumplirla, ha sido competir, y lo logró tras debutar con tres derrotas consecutivas, pero la precariedad es tal que el equipo recayó víctima de su falta de talento y de su endeblez física. El batallón de rescate tampoco va sobrado de calidad ni músculo. Se ha fichado a peso y a la carrera después de desperdiciar un tiempo de oro, sin duda por contar con una información que se hizo oficial al día siguiente de cerrar el mercador: Kodro, Bare y Moya tiene de baja como mínimo para un mes y la rodilla de Guti anuncia una ausencia mayor. Cuatro futbolistas de peso, por irregular y ligero que haya sido, se pierden tres de los partidos clave para seguir en pie y acompañan en la enfermería a Radovanovic, Soberón y Pomares, con Paulino ya de baja federativa.
Y de nuevo emerge Sellés con su traje de buzo bajo aguas donde la visibilidad es nula. El Éibar visitará el Ibercaja Estadio este sábado, campo donde el foráneo juega siempre con firmeza de local, y el entrenador debe tener un sonajero en su cabeza para hacer llegar su mensaje a los recién fichados y no digamos para confeccionar la alineación sin más centrocampista titular que Francho y con Bakis y Agada de delanteros salvo que saque del congelador a Dani Gómez. Su papeleta es de una dificultad colosal. El Yamiq y Larios estarán en ese once con un puzzle por resolver en todas las líneas. A esa situación límite en la arquitectura del equipo se suma la necesidad imperiosa de ganar a los armeros en una recta final que obliga a vencer la mitad de los 18 partidos que restan. La cita con el Albacete, que podría haber sido el inicio de una bonita historia, acabó en pesadilla. Después de enfrentarse a los guipuzcoanos, el Real Zaragoza se desplazará a Léon y Andorra, dos destinos que se han de resolver con triunfos. Sellés acudió con su espada de madera para asumir una misión de alto riesgo y se ha quedado con una lámpara llena de humo para hacer magia en solitario.

