El Real Zaragoza, el peor local de Segunda, afronta las visitas consecutivas de Real Sociedad B y Castellón para reconciliarse con su campo como herramienta imprescindible de la salvación
El campo modular, construido para permitir que el Real Zaragoza jugará sus partidos mientras se construye la Nueva Romareda, está resultando una broma muy pesada en cuanto a rendimiento y resultados de un equipo que no termina de sintonizar con su hogar provisional. Sólo ha ganado dos encuentros de diez, frente a Huesca (1-0) y Leganés (3-2), y ha empatado con Valladolid (1-1) y Albacete (0-0) para sumar 8 puntos, la cantidad más baja de en la primera vuelta de sus últimas trece temporadas en esta categoría pese a que en las 2021-2022 y 2018-2019 venció también en un par de ocasiones en el viejo y ya derruido templo aunque con 12 puntos en su cuenta en ambos casos. Aún penúltimo como consecuencia de su terrible respuesta ante su afición, ha conseguido reflotar sus esperanzas de permanencia gracias a su decorosa productividad a domicilio, rematada con su espectacular y reciente triunfo en El Sardinero contra el líder Racing. Sin embargo, con ocho goles a favor y 18 en contra en el Ibercaja Estadio, es insostenible el equilibrio necesario para abandonar el sufrimiento como compañero de viaje en lo que resta de campeonato
El calendario asimétrico le ofrece una oportunidad de oro para rectificar lo antes posible con dos citas caseras seguidas. Primero vendrá la Real Sociedad B, este sábado, un rival directo, y la próxima semana acudirá el Castellón. El Real Zaragoza no está cómodo en un escenario que por su estructura trasmite poco calor, pero también es cierto que el fútbol de estrategias variables que ha establecido Rubén Sellés le permite expresarse como más confianza en las salidas. Fuera es un conjunto que no rechaza el careo, pero que por lo general imprime a su juego un fuerte matiz de atenciones defensivas para aprovechar robos y transiciones. En su residencia toma más la iniciativa y lleva los choques a campo contrario, pero le cuesta traducir su protagonismo en consecuencias positivas con el balón en su poder, con ataques estáticos frente a adversarios armados atrás o de superior calidad que acentúan sus escasos recursos para superar la última línea por talento individual y colectivo.
El filial donostiarra asoma en teoría como una opción inmejorable para prolongar como mínimo el estado de convicción después de la victoria en Santander. Los vascos tienen tres puntos más y ocupan la última posición que libera del descenso, lo que confirma que está en la guía de ruta esperada después de subir la campaña pasada y lucha por la permanencia como gran objetivo. No es, sin embargo, un equipo fácil con jugadores con mucho desparpajo y sin grandes responsabilidades, lo que explica muy bien sus contradicciones: con 28 goles, es el sexto mejor realizador y, con 30 en contra, el quinto más vulnerable en defensa. Va dar la cara y se la pueden partir, pero, según dictan sus marcadores, sin muchas distancias en los partidos. El Castellón es otra cosa y el plan deberá ser otro. En puesto de playoff, hace de su estudiada anarquía un estilo personal e intransferible que sólo contempla la victoria y la portería rival como destino. Velocidad, ambición, juego combinativo de punta a punta… El Real Zaragoza parte con lo que no ha sido una ventaja en la primera vuelta, jugar en casa, para hacer de una vez el Ibercaja Estadio un lugar serio y seguro.

