Un cambio radical para intentar frenar el golpe

La experiencia de cincuenta años trabajando en un mundo tan complicado como el del periodismo en todas sus facetas, con cambios tecnológicos cada década y regresando a la censura, me autoriza a decir con seguridad que «Cuando las cosas se hacen bien, a veces salen bien, pero cuando se hacen mal, siempre salen mal». La improvisación, la falta de compromiso, pensar que sabremos vuelta y vuelta presentar un secreto ibérico jugoso y al punto en la mesa, nos hacen equivocarnos.

Quienes piensen que Zaragoza es una ciudad donde los ricos madrileños pueden pastar sin pedir permiso, están equivocados. De la misma forma que el serpenteante independentismo de los catalanes nos ha hecho mucho daño pero no han podido con nosotros. Han pretendido quedarse hasta con nuestra historia, cuando el Reyno y la Corona han sido siempre aragonesas. Y lo saben. Eso sí, somos una ciudad provinciana porque han sido los caciques desde que regresaron los Borbones quienes se han tendido en el suelo para servir de alfombra y tener de esta manera los privilegios de la gente de alta alcurnia y el control de los ciudadanos. En cuanto al Real Zaragoza, fue la política de los socialistas la que encumbró a Agapito Iglesias a principios del siglo XXI y la de los populares, ahora. Y junto a ellos, de izquierdas y de derechas, amigos y empresarios para asegurar los diferentes proyectos para la construcción de la Nueva Romareda, que va viento en popa a toda vela.

Aliarse con el Atlético de Madrid cuando la empresa estadounidense Apollo Global Management adquirió una participación en torno al 55%, valorando el club en 2.500 millones de euros incluyendo la deuda, ha perjudicado la integridad del Real Zaragoza. Ha tenido que ser la propia afición blanquilla la que demostrase lo que podía ocurrir si bajaban el listón hasta dejar morir la entidad. Y como los adalides de la ciudad no son tontos, han propuesto un cambio radical para intentar frenar el golpe. De tal manera que han descartado la influencia de los accionistas rojiblancos para convertir el club en un proyecto aragonés para que el zaragocismo se involucre en él, incluso si no es posible evitar el fracaso y la mayor vergüenza de la historia de la entidad en casi un siglo de vida.

Lalo Arantegui ha regresado con mucha mayor experiencia, más tranquilidad y teniendo la absoluta convicción que va a tener tiempo para desarrollar el proyecto y que es el máximo responsable de la cantera, de los jugadores que tengan que venir y, por supuesto, del entrenador. Mando en plaza para organizar lo que sería comenzar en Primera RFEF con la tranquilidad suficiente para que, por fin, un proyecto se construya con humildad pero con cimientos profundos.

Fernando López está entre la espada y la pared, agobiado porque ahora todas las miradas están puestas en él y que seguramente será sustituido pase lo que pase en junio. Cariñoso con Lalo Arantegui pero distante con las preguntas al final de la rueda de prensa. Me da la sensación de que se encontraba incómodo y respondía con brevedad para que no se utilizasen sus respuestas como un arma arrojadiza. Se considera útil y valorado por la propiedad y aseguró sin que los músculos de su rostro se movieran un ápice, que no dejaría morir al Real Zaragoza.

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