El Real Zaragoza jugará contra el líder sabiendo los resultados de estos partidos del sábado: Ceuta-Cádiz, Granada-Huesca, Valladolid-Burgos y Málaga-Leganés, todos sus rivales directos
El Real Zaragoza comenzará su partido contra el Racing el próximo domingo (18.30), con información de primera mano de lo que haya ocurrido en otros campos a los que estará muy atento sin que cambie la que ya maneja de su propia cosecha: ganar al líder como único resultado negociable. Todos los rivales a los que aún ve con cierta proximidad aun habiendo un abismo con alguno de ellos juegan el sábado. Se trata de una jornada que para bien, mal o regular va a obligarle a una excepcional gestión psicológica de la situación que se presente, en primer lugar obligarse a derrotar a los cántabros sin atender ni especular con otro marcador distinto. En el escenario más amable posible, si ese grupo que le precede pierde en sus compromisos, o en el más nocivo, que se dé una carambola en el que la mayoría puntúe, la atención, la concentración y las energías deben concentrarse en exclusiva en el Ibercaja Estadio, que además de un papel de último refugio deportivo ha de interpretar el de una caja de resonancia de la grada como ayuda para luchar contra una situación de tonalidad terminal.
El trabajo mental está siendo el epicentro del nuevo cuerpo técnico desde que supo que la poca calidad y talento de la plantilla, unido a una ráfaga de lesiones constantes, había que nutrirla desde lo emocional. Así se ganó al Cádiz y al Almería y se cayó en Riazor. En estos tres partidos ha habido pinceladas tácticas interesantes, pero nada que no se hubiese aplicado en el pasado. Lo que se ha acentuado de verdad es el nivel competitivo, la intermitente seguridad de que lo imposible es posible. Ante el reto de vencer en seis de los once encuentros restantes con una importante desventaja en la clasificación, un margen de error nulo y un calendario severo, avivar la responsabilidad y la implicación del zaragocismo es una potente vitamina que ha surtido efecto tras lanzarse ese mensaje, pero el reclamo sentimental es, por lo general, un arma de la que disponen en su arsenal todos los clubes implicados en la parte alta o baja de la tabla. El lema de que tal equipo no se rinde cuelga de todos esos vestuarios –seguro que en el de la Cultural y el Mirandés–, por lo que además de tocar la fibra hay que saber hacerlo con el balón con los pies, y aquí el Real Zaragoza va muy justo.
Los tres puntos frente al Racing son imprescindibles. Mucho más, claro, está si Valladolid, Leganés y Cádiz sacan algo positivo contra Burgos, Málaga y Ceuta respectivamente. También si muerden el polvo. En un contexto tan extremo, lo trascendental es depender de uno mismo, y el Real Zaragoza se encuentra todavía en esa tesitura por muy frágil que sea. Eso sí, el Jueves Santo, en Butarque, es más que probable que el cielo y el infierno se separen definitivamente para el conjunto de David Navarro porque ese duelo con el Leganés podría otorgarle otro ticket para creer en la salvación en caso de victoria o consumir los bonos de la permanencia si se va de vacío. En cualquier caso, el Real Zaragoza afronta en primer lugar un fin de semana más en el diván, con lo que hagan los demás 24 horas antes sin que afecte a su corazón y su cabeza. Esto ya no es sólo un reto deportivo más o menos colosal, sino un ejercicio de fe sin más dios que creer que en uno mismo. «No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives» (Franz Kafka).

