El Real Zaragoza, con Andrada de salvador, justifica con la Cultural sus candidaturas al descenso en un partido que ofende al fútbol de cualquier categoría (0-0)
Dos equipos con el agua al cuello bucearon por un supuesto partido de fútbol que no le fue nunca. Ambos luchan por la permanencia, por no caer a Primera Federación, pero su juego se correspondió a otra categoría mucho más baja. El Real Zaragoza se dio la mano con la Cultural para ofrecer un terrible espectáculo que confirma a ambos como serios y destacados aspirantes al descenso. Andrada resultó providencial al detener un penalti a Rubén Sobrino y un balón peinado con el flequillo envenenado por Chacón, y Edgar Badía reptó para atajar un disparo de Rober y voló para despejar un testarazo mortífero de Cuenca. Los porteros fueron los únicos que salieron ilesos de la insultante función que se representó en el Reino de León. Necesitaban la victoria que los ha repudiado desde hace mucho tiempo y se quedaron con un empate, un punto insuficiente como premio a una tarde en la que merecieron menos. El encuentro debería ocupar una posición de privilegio en el salón principal del museo de los horrores, una experiencia única, indescriptible por la brutalidad del crimen a este deporte.
Era una final para este Real Zaragoza en harapos por fichajes insustanciales, lesiones, expulsiones y exento castrado de gol. El TAD, que ni siquiera contestó a la cautelar por El Yamiq, redujo aún más el triste armario de este equipo. Rubén Sellés ya no sabe con qué color de fichas juega al parchís al borde del acantilado de los perdedores. Recurrió a dos futbolistas de los que había renegado, Akouokou y Dani Gómez, metió con calzador a Insua, quien terminó recayendo de sus molestias, y recuperó a Gomes para un eje defensivo defectuoso desde la noche de los tiempos. Era una final con mayúsculas, pero el entrenador no envía ese mensaje aunque sea en la intimidad o a la mayoría de los protagonistas les importa un comino lo que suceda. O ambas cosas. corren petrificados en una clara manifestación de inferioridad, con un yunque en los pies y en el cerebro. Ante la Cultural, que reprodujo idénticas deformidades, sólo hizo del balón un instrumento reconocible en el primer cuarto de hora de la segunda parte, coincidiendo sobre todo con la entrada de Cuenca, quien parece un coloso del compromiso con el sueldo y el escudo frente a la indolencia e impericia del resto de sus compañeros. Francho también es un tipo al que hay que agradecerle la profesionalidad, pero poco más porque tuvo un par de ocasiones que resolvió recurriendo al puntapié. No es la primera vez.
Todo pudo ser mucho peor si cabe. Francho se lanzó abajo para evitar un centro y el esférico pegó en su codo. El penalti lo lanzó Rubén Sobrino, que de marcarlo hubiera sentenciado el partido. Andrada le negó el tanto, porque Andrada no pierde los nervios ni de pasajero en un avión en picado con los motores ardiendo. Esa intervención del argentino impidió la derrota porque el Real Zaragoza jamás se hubiese recuperado de esa puñalada. Imposible. Gomes estuvo atacado; Aguirregabiria, de bola de árbol de Navidad; Insua, al 15% hasta que le sacudió a uno y volvió a lesionarse… Atrás sólo algunos arranques de Larios elevaron la espuma y el ritmo cobarde. Mensah y Akouokou formaron una sociedad ruinosa, con el pase de seguridad como único recurso y una colección de pérdidas secundadas de forma coral por un equipo que no quiere ver el balón ni en pintura. Sólo Rober lo quiso y se atrevió para romper líneas por su cuenta, pero se empachó y además en sus carreras dejó atrás o a los costados a muñecos inmóviles, boquiabiertos, como por ejemplo Cumic, extremo muy gris.
El técnico valenciano hizo cuatro cambios en la pizarra. Uno de ellos fue apostar por Dani Gómez en ataque cuando las previsiones es que lo haría por Soberón. El punta jugó a derribar defensas con entradas a destiempo, desganado, alejado de la realidad, en otro mundo. Su comportamiento fue insultante. No debería volver jamás a una convocatoria. Un desertor en toda regla de las obligaciones laborales cuando por lo menos, lo mínimo exigible, es trabajar. La Cultural, que no hizo otra cosa que empujar el vagón por las vías de lo básico, tuvo un par de oportunidades como respuesta a las que desbarató Edgar Badía, una de ellas regalada por la suficiencia de Akouokou. El Real Zaragoza no supo ni pudo responder a esa estrategia plana porque la suya es igual de rudimentaria. Se desenvolvió como un conjunto de Segunda Federación, ni siquiera de Primera, que es su destino irremediable.
Cultural, 0: Edgar Badía; V. García, Rodri Suárez, M. Barzic, Satrustegui; Iván M.P. (Homam, min 84’), S. Maestre (Selu Diallo, min 69’), Bicho (Ojeda, min 85’), Tresaco (Ribeiro, min 59’); Luis Chacón, R. Sobrino (Collado, min 59’)
Real Zaragoza, 0: Andrada; Aguirregabiria, Gomes, Insua (Saidu, min 81’), Larios (Tasende, min 77’); Paul, Mawuli (Lucas Terrer, min 59’); Rober, Francho, Cumic (Cuenca, min 59’); Dani Gómez (Soberón, min 59’)
Árbitro: González Esteban. Amonestó a Rober (min 27’), Maestre (min 43’), Larios (min 77’), Insua (min 80’).
0 – Real Zaragoza: Andrada; Aguirregabiria, Gomes, Insua (Saidu, M. 81) , Larios (Tasende, M. 77); Paul, Mawuli (Terrer, M. 59); Rober, Francho, Cumic (Soberón, M. 59) y Dani Gómez (Cuenca, M. 59).
Ábitro: Jon Ander González (comité vasco). Amonestó a Maestre (M. 43) por la Cultural; Larios (M. 77) y Insua (M. 79) por el Real Zaragoza.

